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Cristina Fernández, la hija de emigrantes asturianos que encuentra joyas hasta en los tubos de escape

Nacida en Venzuela, volvió a la tierra de sus padres y en la actualidad tiene en Porrúa (Llanes) un proyecto de joyería artesana que trabaja con metales preciosos reciclados de la industria y reelabora piezas antiguas de los clientes

Volver a empezar en Porrúa: la historia de la diseñadora de joyas Cristina Férnandez

Irma Collín/ Amor Domínguez

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Porrúa (Llanes)

Puede que estos pendientes de plata, que reproducen la cara de una aldeana con pañoleta y de un paisano con montera picona, hayan tenido otra vida muy diferente en el tubo de escape de un coche. A lo mejor el colgante de la pandereta formaba parte de una nevera y el de la Virgen de Covadonga estaba dentro de un ordenador o un teléfono móvil

Muchos de los metales preciosos que moldea y trabaja Cristina Fernández, joyera artesana, vienen reciclados de desechos de la industria que aquí, en el taller de la planta baja de su casa en Porrúa, encuentran una forma insospechada de renacimiento embellecido. Ella decidió que su proyecto de joyería artesanal iba a tener una dimensión de circularidad reutilizada, que prefería dar nuevas vidas a las joyas antiguas que le traen sus clientes y ofrecer un uso nuevo al metal noble que se esconde en muchos objetos cotidianos. La idea es que sus diseños cuenten pequeñas historias y quizá el material de partida pueda formar parte del relato...

La plata de estos pendientes, por ejemplo, le ha llegado "pura" en bolitas diminutas que empresas especializadas extraen por decantación química de una enorme variedad de instrumentos ordinarios que llevan en proporciones variables oro, plata, paladio, platino… En sus manos el material se alea, se funde, se moldea y se esmalta en las direcciones que marca una creatividad muy inspirada en la naturaleza, a veces en las tradiciones asturianas y siempre en la abigarrada mezcla de ingredientes del viaje de "ida y vuelta" a Asturias que ha marcado profundamente la trayectoria vital de Cristina.

Cristina Fernández muestra una de  sus creaciones en  su taller de Porrúa.

Algunas piezas de la serie «Asturias» de «Lalita Estudio». / Irma Collín

Porque ella nació en Venezuela, pero de padres asturianos que la criaron mirando hacia este lado del océano y bailando el Pericote y el Corri-corri en el Centro Asturiano de Caracas. Ahora es una asturiana que habla "raro", dice, que "come fabada y arepas" y hace piezas de joyería que tratan de destilar la asturianía a través de sus símbolos menos evidentes.

Cristina es la hija de la emigración de un naviego y una tapiega que se establecieron en Caracas hasta que los problemas y la eterna crisis de su país de acogida los empujó de vuelta a España al final de la primera década de este siglo. Cristina regresó con ellos hace dieciocho años, primero a Madrid, donde ya vivía su hermana, y hace cinco, después de la pandemia, completó el retorno instalándose en Asturias. "Quizá lo natural habría sido dirigirse al occidente, la tierra de mi familia, pero yo creo que cuando emigras intentas buscar a los que son parecidos a ti", reflexiona, y Porrúa tiene una larga historia de vínculos, de trayectos de doble dirección y de intercambios con Venezuela. Siguiendo esa llamada inaudible, ella llegó a la población llanisca de la mano de una amiga y compatriota venezolana que "nos abrió las puertas" de este lugar del oriente donde viven bastantes emigrantes de ida y vuelta que están tan integrados como ella.

Diplomada en Turismo, en Venezuela la joyería era un hobby que Cristina cultivaba para sí misma mientras trabajaba "en el mundo corporativo" y que fue creciendo también en España, justo hasta que llegó ese punto en el que amigos, conocidos y compañeros empezaron a pedirle las joyas que llevaba puestas y acabó ganando "más con las joyas que como secretaria". La decisión de lanzarse de cabeza a la artesanía y la de venir a Asturias fueron casi simultáneas, recuerda, y las tomó en persecución de sus sueños, sí, pero también como una salida que le permitía trabajar en casa mientras sus hijos eran pequeños.

Dicho y hecho, una ayuda del plan Leader gestionada por el Grupo de Desarrollo Rural del Oriente de Asturias le dio para la maquinaria y la creatividad hizo el resto. Cristina fundó "Lalita Estudio" –con el nombre en homenaje a su madre, Adelaida, Lala– y ahora trabaja en sus colecciones y en las que le piden sus clientes, que "normalmente ya saben lo que quieren" cuando le traen las joyas de la familia, un anillo o el clásico pendiente desparejado, para que los funda y se los transforme en algo nuevo y diferente. "Como decía un profesor que tuve en la escuela de joyería", sentencia, "hay más oro en los joyeros de las abuelas que debajo de la tierra". Cuando no está moldeando a demanda el oro de los joyeros, Cristina Fernández se afana en la creación de piezas que cuenten historias. Como las de las coloridas siluetas con pañoleta y montera picona, que forman parte de la serie "Asturias", resultado de su colaboración con la pintora y diseñadora porruana Nieves González, "Nieve Sita". Las piezas ilustran su apuesta por la tradición revisitada mediante una representación actualizada de unas aldeanas y porruanos con traje típico, o en los collares de los que cuelgan una reinterpretación de la fiesta tradicional a través de tres elementos, "la pandereta, la hortensia y el pan de la puya’l ramu…"

Los símbolos menos obvios

Hay en una parte de su obra una búsqueda de la simbología menos obvia de la tradición asturiana. Para su colección más reciente, "Memoria minera", diseñada en colaboración con el Museo de la Minería y la Industria de El Entrego, el MUMI, huyó deliberadamente de las vagonetas o los castilletes y optó por homenajear a las carboneras, las mujeres que trabajaban clasificando y transportando carbón, incrustando en unos pendientes de oro un trenzado negro inspirado en el de los cestos que llevaban sobre la cabeza. También han tenido éxito los "pajaritos", su versión de los canarios que salvaban vidas, que se bajaban a la mina como método de detección del grisú, para que dieran la alerta de que algo malo podía pasar cuando dejaban de cantar…

La identidad está en la diferencia

"Hacer piezas diferentes consigue que la gente te identifique", apunta Cristina Fernández sobre la fuerza del "boca a oreja" que ha incrementado notoriamente la difusión de sus piezas. Las vende online, en algunos puntos físicos escogidos, como las tiendas del Museo de la Minería de El Entrego o el Etnográfico del Oriente, en Porrúa, y en el Mercado Artesano y Ecológico que varias veces al mes toma las calles de Gijón y Oviedo… "Hago y hago y a veces no tengo", dice la joyera verbalizando una de las servidumbres de la artesanía, donde no hay cadena de montaje y todo se hace a mano: fundir, cortar, soldar, esmaltar, y vuelta a empezar.

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