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De cómo una pareja de neorrurales venció a la crisis y logró seguir aquí

“Venir a vivir a un pueblo no es fácil, no tienes apenas oferta laboral”

Asturianos en Amieva: María José García y Román Martínez

Julián Rus

Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

María Jesús García- Rojo y Román Martínez, empresarios de turismo rural. En 2006 rompieron con su vida en Madrid y se vinieron a Asturias. Abrieron un alojamiento turístico, la Casona de Sames. Todo fue viento en popa hasta que llegó la Gran Recesión y nos metió a todos el miedo en el cuerpo. Luego, cuando levantaban cabeza, vino la pandemia. Pese a todo, ahí siguen, en Amieva. A flote.

La escena se desarrolla un día en los que ya asoma la primavera, va atardeciendo tarde y a Sames sube un aire del sur que, al cruzar el desfiladero de los Beyos, parece que aúlla. Esto es la terraza de La Casona de Sames, el alojamiento de turismo rural que abrieron en 2006 María Jesús García-Rojo Senra y Román Martínez Yunta, de 54 años, cuando decidieron dar carpetazo a su vida en Madrid. Román está recién duchado, acaba de llegar de su trabajo en la quesería de La Collada, en Cirieñu. Dentro, en la casona, está María Jesús. No se la oye, pero está riñendo por el móvil con los de la compañía telefónica, porque no hay manera de tener potencia suficiente de internet a un precio razonable. Es el dolor diario de muchos en la zona rural asturiana.

Román: Mi familia emigró a Madrid, eran de pueblo. Yo volví al pueblo. Mi padre entró con mis tíos en CASA, la empresa de los aviones. Yo me examiné pa entrar. Era como aquí la Ensidesa de entonces. Pero nada.

(Aparece María José.)

Román: ¿Qué? ¿Casi te falta llorar, no? Esto de internet, no hay manera.

María: Es que las gestiones son tan lentas...

Román: ... Pues como no entré en la fábrica, me metí de pintor de brocha gorda. Empezaría con 16 años. Veintitantos años, hasta que llegué aquí.

María: Yo soy madrileña. De tres generaciones, de la pocas. Vivían en el barrio de Salamanca.

Román: ... Pero en la zona pobre.

María Jesús: ... En la calle Padilla. Luego cogieron un piso en Leganés y pa Leganés, y mira qué cambio. Yo me crie en Leganés. Antes de venir a Asturias trabajaba en galerías de arte contemporáneo.

Román: Sí, buenas fiestas se pegaban, jajaja.

María José García y Román Martínez en Sames

María José García y Román Martínez en Sames / Julián Rus

María Jesús: Noooo, que era interesante, no era por las fiestas... Pero llevaba mucho tiempo, tenía mucha dedicación social. Y si tu pareja no es del sector, terminas siendo una pareja de amantes que se ven esporádicamente. Así que dejé el trabajo. Luego estuve en un drugstore que había cerca de casa y luego ya nos vinimos para aquí. La verdad es que Asturias nos tenía enamorados desde la adolescencia.

Román: Decidimos venirnos a Asturias tomando unas cañas.

María Jesús: Estábamos aquí, hablando con los dueños del alojamiento en el que nos quedábamos entonces. Oye, pues yo me venía. Eso debía de ser julio, y al julio siguiente estábamos aquí.

Román: Locos como nosotros hay pocos, eh. Plantearte un cambio de vida así... La gente tiene miedo a hacer estas cosas, y ahora más.

María Jesús: La gente tiene su estabilidad, su trabajo, su familia; nosotros teníamos una ventaja: no teníamos hijos. Entonces es una aventura de dos adultos, no estás embarcando a unos críos. Conocemos a algunos que se plantearon vivir aquí y se arrepintieron y se fueron. No es fácil, no hay tanta oferta laboral. Salvo que seas informático o así y vengas a trabajar desde casa. Pero igual no te da el internet.

Román: Aquí, si quitas la ganadería, lo que hay son trabajos temporales. Aquí la temporalidad manda, la gente trabaja en Cangas en restauración, en hoteles...

María Jesús: Bueno, que fuimos mirando. Y encontramos esta casa de indianos. Al llegar, todos nos acogieron muy bien.

Román: Nosotros nos acoplamos a ellos y ellos a nosotros. Es verdad que hay gente que viene, se mete en las casas y no sale. Nosotros hemos sido de relacionarnos con la gente. Todo fue muy bien hasta que llegó la crisis.

“Antes de la crisis hacíamos planes; ahora te dices: a ver qué pasa”

María Jesús: Ah, sí, no parábamos de currar. Pero el 2009 fue un batacazo impresionante.

Román: Fue brutal.

María Jesús: Y cada año cada vez peor, cada vez peor... Hasta que estabilizó, como en el 2016. Hubo un momento dramático.

Román: Con la crisis ya no daba la casa para la hipoteca y tal. Hasta que vino un amiguete y nos dijo: “Oye, que se ha ido la chica que había en la quesería”. Yo empecé a trabajar en La Collada en 2011.

María Jesús: Estuvimos a punto de dejarlo en 2016. Antes de la crisis no teníamos miedo porque somos trabajadores los dos. Pero fue un cambio terrible decir: ahora qué hacemos. Recuerdo, con aquellos recortes, esa sensación: estos van a machacarnos hasta esclavizarnos.

Román: Acabaron con nosotros. Desde aquella, nadie ha levantado cabeza. El que diga que sí miente.

María Jesús: No, no volvimos a estar igual.

Román: Antes tenías más planes, hacías otras historias. Ahora te dices, hostia, a ver qué pasa. Porque no salimos de una y nos metemos en otra.

María Jesús: El 2016 estuvimos a punto. O esto tira palante o me busco otro trabajo y cierro. Y, bueno, salimos adelante.

Román: Llegó Booking (plataforma digital de reservas).

María Jesús: Sí, fue gracias a meternos en Booking.

Román: Se abrió otro mundo, macho.

María Jesús: Total, que continuamos y en 2019, ay, que por fin parece que ya salimos. Mecachis en la mar, qué poco duró. Vino la pandemia.

Román: Pero, bueno, los veranos de la pandemia han estado muy bien.

María: A mí es que me dicen que iba a trabajar el verano que trabajé y no me lo creo. Y luego, con la reapertura, venga a estudiar el BOE.

Román: Sí. Venga normativas. Que si hay que poner eso pa las manos... y la distancia, y no sé qué...

María Jesús: Y luego estaba la responsabilidad. Pensar que esto podía ser un foco, que yo podía transmitir un virus que pudiera matar a alguien. Bueno, la de mierdas que nos hicieron comprar que luego no sirvieron para nada. ¡Bueno, bueno!.

Román: Compramos para desinfectar el textil con ozono. Y ella traía una mascarilla de pintura que le compré yo con filtros buenos.

María Jesús: Parecía que iba a la guerra nuclear. Y yo iba con la bayeta del desinfectante todo el día detrás de todo el mundo. Qué síndrome. Diciéndoles: “No te sientes, no te sientes”, y yo ahí limpiando la mesa para que se pudieran sentar... Ay, qué cosas.

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