24 de octubre de 2012
24.10.2012
La Nueva España
Memorias
Mariano Marín, tercera generación de arquitectos gijoneses

«En arquitectura el 40 por ciento es frivolidad, carece del rigor de la ingeniería»

«Sigo el criterio de no poner nada superfluo, algo en lo que me guío por una reflexión de Igor Stravinski en su "Poética musical": la economía de medios expresivos como actitud»

24.10.2012 | 02:00
«En arquitectura el 40 por ciento es frivolidad, carece del rigor de la ingeniería»

Mariano Marín Rodríguez-Rivas, tercera generación de arquitectos gijoneses

Tres arquitectos Mariano Marín han configurado durante un siglo el Gijón que hoy todavía muestra edificios de gran elegancia y belleza y que recorren prácticamente todos los estilos constructivos, desde el Modernismo al Movimiento Moderno, pasando por el Art Decó, el Regionalismo o el Racionalismo. El tercero en la estirpe de estos arquitectos, Mariano Marín Rodríguez Rivas, nacido en Gijón el 21 de febrero de 1926, dicta ahora sus «Memorias» para LA NUEVA ESPAÑA en esta primera parte, que irá seguida de otras dos, mañana, lunes, y el martes.

Obras como el teatro Jovellanos (hoy muy modificado), el «martillo de Capua» (último bastión arquitectónico junto al mar de la ciudad finisecular del XIX), o algunos de los edificios más bellos de la calle Corrida (donde hay inmuebles proyectados por los tres en décadas sucesivas), son ejemplos de un quehacer reconocido por el resto de la profesión y que, a juicio de Rodríguez-Rivas, tiene el rasgo común de haber huido de lo frívolo pese a que «en arquitectura, el cuarenta por ciento es frivolidad, ya que carece del rigor de la ingeniería». Mariano Marín define, además, su estilo según «un criterio propio, que es el de no poner nada superfluo, algo en lo que me guío por una reflexión de Igor Stravinski en su obra "Poética musical": la economía de medios expresivos como actitud».

Rodríguez-Rivas pasa su infancia entre Gijón y Madrid. En la capital vive su familia materna, que desciende de su tatarabuelo belga, Florentino de Craene, miniaturista de cámara en la corte de Isabel II. A continuación de ese primer eslabón artístico, o artesanal, vienen otros, también por parte de la familia paterna, ya que su bisabuelo es Rudesindo Marín, escenógrafo de teatro y ópera que comienza su labor en Zaragoza y llega a trabajar en Barcelona y en el teatro Real de Madrid.

El abuelo arquitecto de Rodríguez-Rivas será Mariano Marín Magallón (1868-1924), que se establece en Gijón como profesor de la Escuela de Artes y Oficios y cuyo primer trabajo arquitectónico data de 1894 (precisamente el citado «martillo de Capua»). El siguiente en la estirpe será su padre, Mariano Marín de la Viña (1896-1962), «al que todavía le alcanza el uso de los oficios en la arquitectura, hoy totalmente sustituidos por la tecnología».

Rodríguez-Rivas pasa la Guerra Civil en Gijón, «refugiado durante unos meses en una casona de Somió del aparejador municipal Álvarez-Sala, amigo de mi padre». Acabada la contienda, cursa el Bachillerato en el Instituto Jovellanos, «del que conservo un recuerdo imborrable, y particularmente de dos profesores: Elvira Lafuente, en Matemáticas, gracias a la cual tuve una buena base al estudiar Exactas, y el director, Antonio Cobos, en Literatura, de cuyas clases salía con verdadera ansia de leer los libros de los que nos había hablado».

Posteriormente estudia en la Escuela de Arquitectura de Madrid, tiempo durante el que mantiene una estrecha relación con su tío Mariano Rodríguez de Rivas, periodista, cronista de Madrid y director de museos como el Romántico de Madrid o la Casa del Greco de Toledo. Será precisamente en el Museo Romántico donde Mariano Marín promueva audiciones musicales en alta fidelidad gracias a material discográfico obtenido en EE UU. «Escuchábamos lo más moderno en música clásica y lo más antiguo, y por eso lo llamábamos música impopular». Con el mismo nombre tendrá un programa en Radio Nacional de España.

Mariano Marín obtiene a continuación una beca para estudiar en el Instituto Tecnológico de Massachussets (1958-1959). Después regresa a Gijón y toma las riendas del estudio de su padre, ya muy enfermo. Ingresa en el Cuerpo de Arquitectos de Hacienda y en 1967 obtiene el primer premio por la delegación del Ministerio de Obras Públicas en Bilbao. Es decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias de 1976 a 1978, y de 1983 a 1985. Entre su obra gijonesa destaca el Club de Tenis (muy modificado) o la gasolinera Mayfer, en la avenida de Portugal, ya derribada. Trabaja también en vivienda de promoción pública y tiene obra en localidades como Cudillero, El Entrego, Grado, Nava, Oviedo, Luarca, Tapia de Casariego y Ribadesella.

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