06 de febrero de 2013
06.02.2013
 

Redes sociales, epidemia escolar Las plataformas

Padres, docentes y expertos alertan de la necesidad de educar a los jóvenes en un «uso correcto» de las tecnologías para prevenir el acoso y evitar una generación de «niños solos»

06.02.2013 | 01:00

"Los padres no saben lo que están poniendo en manos de sus hijos, y los niños pasan el recreo enganchados al móvil" "El problema es de dependencia: se relacionan con sus amigos por móvil aunque estén delante" "No podemos demonizar las nuevas tecnologías, pero sí preparar a los padres y a los alumnos sobre cómo utilizarlas"
Encarna García
Asociación Contra el Acoso
Francisco Alonso
Directivo de enseñanza
Elena González
FAMPA «Miguel Virgós»


«Se rumorea que...». Así empiezan buena parte de los mensajes que se comparten a través de la aplicación para móviles Gossip -en inglés «chisme», o «rumor»-, que desde hace varias semanas trae de cabeza a padres y docentes de instituto de medio país, principalmente en Cataluña. Lo que pretendía ser una forma casi confidencial para compartir información sin identificar al mensajero se ha convertido en parte en una nueva vía de insulto -e incluso amenaza- entre adolescentes. Una vuelta de tuerca más en el complicado panorama del acoso escolar a través de las nuevas tecnologías. Redes sociales como Tuenti o Facebook, principalmente, son hoy dos vías básicas de comunicación entre los jóvenes. No siempre con buen fin.

Sin llegar a los extremos del acoso -según la Consejería de Educación, Asturias no registra datos alarmantes relacionados con la convivencia en las aulas-, a padres y docentes les preocupa, de forma directa y global, el uso que sus hijos y alumnos hacen de las redes sociales. Principalmente porque los teléfonos móviles «son una auténtica epidemia en las aulas», afirma Javier Fombona, profesor titular del departamento de Educación de la Universidad de Oviedo y experto en nuevas tecnologías aplicadas al ámbito educativo. «La palabra epidemia puede ser peyorativa», explica, «pero los teléfonos y las tabletas pueden ser también una herramienta tecnológica de primer nivel en las clases». Del uso que se llegue a dar a esta «avalancha tecnológica», vaticina Fombona, dependerá el siguiente paso en la modernización de la metodología educativa en España.

Mientras ese momento llega, y con la práctica totalidad del alumnado «armado» con un teléfono móvil de última generación -en muchos casos eso incluye conexión directa a internet-, los colegios e institutos de la región han optado por tratar de acotar, lo máximo posible, el uso de estos dispositivos. Francisco Alonso, portavoz de la Asociación de Directivos de Enseñanzas Medias del Principado (Adespas), explica que «por lo general» los reglamentos de régimen interno «contemplan que los teléfonos móviles no se pueden utilizar». «Si se coge a un alumno en clase con él, se le requisa hasta la hora de salida», sentencia. Si, además de su uso, «se detectan casos de acoso», añade, «se considera como falta grave». La sanción, 30 días de expulsión del centro. El problema, reconoce Alonso, «es educativo, por la dependencia que los chavales tienen de los aparatos», lamenta.

Tanto el portavoz de los directores asturianos de instituto como Elena González, presidenta de la Federación de Asociaciones de Madres y Padres (Fampa) «Miguel Virgós», la mayor de Asturias, opinan que los jóvenes «no necesitan» este tipo de dispositivos, de última generación. Eso sí, ni los docentes ni los representantes de los padres pueden impedir que las familias compren a sus hijos esta clase de teléfonos móviles, auténticos «objetos de deseo» desde edades cada vez más tempranas. En los últimos años incluso se han convertido en el «regalo estrella» en las primeras comuniones. El «todos mis compañeros lo tienen», reconoce González, es una fórmula a la que muchos no son capaces de resistirse.

Pero, ¿es malo que un adolescente tenga y utilice uno de estos dispositivos? A priori no, pero depende de cuál sea el uso que se le dé. «No podemos demonizar a las nuevas tecnologías», aclara la presidenta de la Federación, «pero sí preparar a las familias, a los centros y, sobre todo, a los alumnos sobre cómo utilizarlas». Sin embargo, «muchas familias no están listas, ni tienen los conocimientos suficientes sobre el poder de la herramienta que entregan a sus hijos», añade González. «No saben en qué están metidos ni cómo funciona, pero les tienen que ayudar: igual que les enseñamos normas fundamentales de convivencia, como cruzar en un semáforo, tendríamos que estar acompañándoles en la educación tecnológica», sentencia. En este caso, los jóvenes van por delante.

La aplicación Gossip es la última incorporación al universo de las redes sociales adolescentes en el que reinan Tuenti y Facebook. Diseñada por la empresa Crows&Dogs -de la que, junto a Ignacio Espada y Oriol Blanc, forma parte el ovetense Jorge González-, se ha convertido en una potente herramienta en manos de adolescentes que, lejos de utilizarla para lo que fue diseñada, compartir chismes sin malicia, recurren a ella para criticar y amedrentar a sus compañeros. De momento en Asturias su uso es muy limitado. En el menú, las «salas» dedicadas a Oviedo y a Gijón, han atraído, respectivamente, sólo a 20 y 29 usuarios. Dos personas han abierto, recientemente, una entrada específica del Instituto de Enseñanza Secundaria Doctor Fleming de Oviedo con un único mensaje: «Nueva en esto!». La sala de conversación titulada «Bachiller» tiene, igualmente, una única entrada: «Se rumorea que segundo de bachiller es una mierda», escribe una chica, bajo el seudónimo «whereisthelove6». De momento, la situación dista mucho de la que se vive en Cataluña, donde la aplicación Gossip expulsa a 200 usuarios cada día por el aumento de insultos a alumnos y profesores. Tanto la empresa que diseñó Gossip como las autoridades educativas han anunciado medidas para tratar de atajar posibles casos de acoso a través de internet, el «ciberbullying».

Las «reglas de uso» de las nuevas tecnologías -las «normas de convivencia» a las que se refería González con el ejemplo del semáforo- deberían servir para alejar a los jóvenes de la aparente sensación de impunidad que reina en las redes sociales. «No son conscientes ni de la huella que dejan ni de las consecuencias de sus actos; no se trata de castigar, sino educar», opina. Algunos adolescentes, reconoce la presidenta de la Federación de padres, sí conocen las posibilidades de estas herramientas. «Es verdad, hay niños que son conscientes, pero también lo son las empresas, que buscan clientes cada vez más jóvenes», matiza. «Es a la sociedad en general a la que nos ha pillado sin preparar. Los padres deben saber qué son las redes sociales, cómo tienen que afrontarlo y qué riesgos corren sus hijos», afirma, «pero todo eso tiene que estar complementado en los colegios, es una labor de todos a la que la escuela no puede ser ajena».

Del lado de los profesores, la «epidemia» de los móviles en las escuelas e institutos se vive en primera persona. Muchas veces son ellos, además de los alumnos, el objeto de las burlas e insultos en las redes sociales. En el último informe del Defensor del Profesor elaborado por el sindicato de la educación ANPE, relativo al curso 2011-12, en la estadística aparecen por primera vez docentes que reconocen sufrir este tipo de prácticas. «Se está dando a nivel de centros públicos, privados y concertados, quizá en mayor medida en los dos últimos, porque el poder adquisitivo de las familias es mayor», afirma Verónica Cobián, de ANPE. Sobre en quién debe recaer la responsabilidad, su respuesta es clara: «Sobre las familias, que son las que les dan la posibilidad de acceder a esos terminales».

La relación de niños y adolescentes con las nuevas tecnologías es ya lo suficientemente larga como para dar pie a investigaciones y estadísticas. En la última de ellas, «Menores y redes sociales», firmada por Xavier Bringué y Charo Sádaba, y que puede encontrarse en la web del Ministerio de Educación, los investigadores afirman que la tecnología convierte en algo «fácil y, a veces, despersonalizado» la proliferación de «conductas inapropiadas», con un «claro daño sobre un tercero al que se convierte en blanco». Víctimas y verdugos, generalmente entre los 13 y los 15 años, han llegado a las redes y han aprendido su uso por su cuenta, sin las explicaciones ni el control de sus padres o profesores y, según el estudio, «no percibían riesgo alguno en el uso de la red», a través del ordenador o vía móvil.

¿Cómo de un uso lúdico se llega al ciberacoso en las escuelas? Una posible respuesta la da Encarna García, presidenta de la Asociación Contra el Acoso Escolar. «Los niños llevan a la escuela las conductas violentas, como gritos, que viven en casa, y si antes pegaban a sus compañeros, ahora pasan a las redes sociales», explica García. Está, dice, absolutamente convencida de que «los padres no saben lo que están poniendo en manos de sus hijos, un arma destructiva», en edades en que la línea que separa las buenas de las malas conductas es difusa, máxime contando con el aparente anonimato que las redes permiten. Las víctimas, explica, suelen ser «alumnos que destacan del resto: niñas aficionadas a la lectura que no se dejan llevar por sus compañeras más dominantes, niños a los que, simplemente, no les gusta el fútbol».

En Asturias los casos de los que la Policía y la Guardia Civil tienen conocimiento no llegan a los extremos de otras comunidades autónomas, pero están ahí. En 2010 tres hermanos fueron detenidos por extorsionar a menores de edad para que se dejasen hacer fotos subidas de tono. Más recientemente, un niño de 10 años logró entrar en la cuenta de correo de una compañera para, en su nombre, hablar con otros niños. Varias de las denuncias se refieren a perfiles falsos en las redes Tuenti o Facebook, en las que se cuelgan fotomontajes -con la cara de un compañero o compañera de instituto sobre el cuerpo de otra persona- para luego distribuirlos entre los compañeros de clase, con la consiguiente mofa.

Estos casos son el ejemplo de hasta dónde, sin control educativo o paterno, puede llegar un adolescente en un uso inadecuado de las redes sociales. En la escala de grises que va del blanco al negro, padres y educadores se preocupan hoy por los niños y adolescentes «que pasan la hora del recreo atados al teléfono móvil», afirma Encarna García, «y que al llegar a casa lo cambian por el ordenador». De cómo se afronte este problema, de la educación que den «la sociedad, las familias y las escuelas», apunta Elena González, dependerá «que los ciudadanos del futuro reciban la formación personal que necesitan». Jóvenes que hoy, como apunta Francisco Alonso, «se relacionan con sus amigos a través del teléfono móvil y las redes sociales, aunque se tengan delante». Una generación, apostilla Encarna García, «de niños solos».

Las plataformas

Tuenti
Es la red social más utilizada entre el público adolescente, más o menos hasta los 15 años. Española y con más de 14 millones de usuarios, tiene servicio de chat y videochat, y se utiliza fundamentalmente para compartir fotografías y escribir en los «muros» de las páginas personales de cada usuario.

Facebook
La red social por excelencia -con permiso de Twitter- tiene más de 1.000 millones de usuarios y está traducida a 70 idiomas. Creada por Mark Zuckerberg, estudiante de la Universidad de Harvard, en España suele ser el siguiente paso en la «evolución social», superado Tuenti.

Twitter
Con un público más adulto, esta red de «microblogging» tiene más de 200 millones de usuarios y genera 65 millones de «tuits», mensajes, al día. La red creada por Jack Dorsey permite enviar mensajes de texto de longitud limitada, con un máximo de 140 caracteres, además de fotografías o enlaces a páginas web.

Gossip
Esta aplicación para teléfonos móviles es la última incorporación al universo de las redes sociales. Pensada para compartir «chismes» sin que el emisor corra peligro de ser descubierto, en ambientes adolescentes y colegios está siendo utilizada para enviar insultos y amenazas amparándose en el anonimato que permite.

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