Elena y Ana Soberón son queseras. Con 28 y 25 años respectivamente son las productoras más jóvenes de queso cabrales, además de haber recuperado el queso de Arangas. Representan la nueva imagen del campo asturiano y, pese a la juventud, un modelo a seguir

Elena Soberón, 28 años, y su hermana Ana, 25, son las productoras de cabrales más jóvenes. Y además han recuperado el quesu de Arangas, que hacían con sus abuelos en el Cuera y que ahora suben ellas con sus mochilas hasta la cueva a 1.200 metros. Tienen ya una larga lista de reconocimientos por su producto. Por fuera, son queseras guapas y a la última; en las redes parecen influencers. Por dentro, tenacidad, las cosas muy claras, muy inteligentemente comunicadas y mucho trabajo. Habla Elena Soberón.

"Siempre me sentí muy afortunada de haber nacido en una tierra como ésta, como Asturias, como Cabrales. Siempre me sentí muy afortunada de cómo nos criamos mi hermana y yo, con el ganáu, con el queso de Arangas, en el puertu".

"Siempre tuve ese recuerdu, subir con mis abuelos a la cabaña del puertu con las ovejas, con las cabras, con las vacas. Mi hermana y yo subíamos cuando terminaba el colegiu, a últimos de junio, y bajábamos el fin de semana de la Salud, que solía coincidir con que era el fin de semana antes de empezar en el cole".

"Estaban los mis güelos, nosotras dos y dos o tres pastores más. Nosotros compartimos monte con los porruanos. Había pastores que subían y bajaban que nos traían chupachus, chicles, fruta. Recuerdo que estuve muchísimo tiempo berrando por la Gameboy aquella ¿te acuerdas? Me la compraron, y hala pal puertu con la Gameboy. Teníamos hasta piscina, una hinchable que nos puso mi güela. Cuando nosotras nos levantábamos ya nos tenía mi güela leche de las ovejas con colacao y el zumo de naranja y un huevu fritu con pan, a veces tiernu y a veces duru, pero bueno. Después de desayunar íbamos a la cuerre, que estaba mi güelu terminando de mecer a las ovejas y luego soltábamos las ovejas. Él se iba a controlar las vacas de monte, y mi güela, Ana y yo íbamos pa otru lau pa controlar las otras vacas. Y cuando había manzanilla, cogíamos manzanilla. Y otras veces té. Luego nos juntábamos todos, comíamos juntos y luego por la tarde pues por ahí enredando. Lo recuerdo muy guay, la verdad".

Ana Soberón y su hermana Elena. JULIÁN RUS

"Yo si pudiera me iba ahora allí, la verdad. No hay ni cobertura ni nada, pero estás en la gloria. Por esi recuerdu de infancia intenté buscar una forma de vida que pudiera unir la tradición y con algo que me compensara económicamente también pero, sobre todo, me compensará a nivel de calidad de vida. Entonces fue cuando decidí montar la quesería".

"Para mí no hay mayor calidad de vida que levantarte por la mañana y tomar el café con vistas a los Picos de Europa o a la sierra del Cuera. Poder estar aquí tranquila con un ritmo completamente diferente al que te puede proporcionar una ciudad y disfrutar todo lo que te da la tierra. ¿Sabes lo que te quiero decir? Porque, mira, si yo un día me quiero ir de compras o me quiero ir al cine o me quiero de sidras a Gascona, cojo el coche y me voy. Pero esas cosas no me hacen falta todos los días, ¿entiendes? ¿A mí falta qué me hace? Ir a la cabaña , dar un paseu por el monte, poder salir a pasear con el perru, poder ir a poder tomar un café con mi güela".

"Estudié peluquería pero, a ver. El tema de la quesería lleva una burocracia tremenda. Desde que empiezas a mover el primer papel hasta que metí la primera vaca igual pasaron casi 3 años, entre una cosa y otra. Tampoco era cuestión de quedarme tres años abriendo la boca aquí, mientras tanto".

"Yo siempre tuve bastantes claras las cosas. Es que soy muy necia, no sé si por suerte o por desgracia. En lo de la quesería, también influye que mi padre es ganadero. Mi madre trabaja en el Ayuntamientu de Cabrales. Siempre tuve la suerte de que mis padres me dieron bastante libertad y me apoyaron. Lo que sí me dijo mi padre es que tenía que poner vacas de leche. A mí nunca se me hubiera pasado por la imaginación, más que nada porque es muy esclavo. Pero me dijo: ‘si quieres montar una quesería me parece muy bien, pero tienes que poner las vacas de leche. Lo primero, para controlar la materia prima y, lo segundo, para no tener que depender de nadie más que de ti’. Ahora mismo tengo 31 vacas".

"Siempre me decían: ‘es que eso da muchu trabaju’. Claro que da trabaju. Es esclavu el ganao de leche. Que todos los días, llueva, nieve o haga sol, estés mala o no estés mala, te duela la cabeza o no te duela la cabeza, tengas que a mecer por la mañana y por la noche. Y a veces, ven que tienes vacas y que te pintas las uñas. ¿Hay que ser el típicu paleto con el entrecejo y camisa de cuadros? Claro que puedes pintarte las uñas o irte una semana de vacaciones, hacer lo que hacen los demás. Es muy importante tener claro quién eres y dónde quieras llegar tú. Lo que diga la gente a mí sinceramente siempre me la trajo al pairo".

"Siempre dicen que todo el mundo puede hacer cualquier cosa y es verdad. Y yo pienso que en este mundo es muy importante el haberlo mamao de chico. Porque si te ponen en un papel las condiciones laborales de este empleo, dices: ni de coña. Esto no es un empleo, es una forma de vida. No firmas, pero una vez que te crías en ello, que tienes ese instinto, que lo mamas de chico, sabes que la capacidad de sacrificio tiene que ser muy grande. Me acuerdo un añu, uno de los últimos años que aparidamos las cabras, poco antes de que muriera mi güelu. Estuvimos un añu, de octubre a marzo, criando las cabritas. Teníamos 23 cabritas que eran guapísimas, pero de llamar la atención, guapísimas. Cuando llegó marzo las soltamos al monte y en una noche nos faltaron 16. Eso es un palo de la hostia, entonces, al añu siguiente, ¿qué haces? Pues las vuelves a criar … Si tiré con todo lo que tiré, que al principio las pasé muy putas, fue gracias a estar acostumbrada a pasarlas putas y, aún así, que me siga agarrando el sentimiento. El sentimiento hacia el ganau, hacia la forma de vida en la que me crié"..

(En el perfl de WhatsApp de Elena Soberón figura esta frase: "La fuerza no es sino dolor amarrado con disciplina")

"Mira, cuando lo pasamos tan mal llegó un momento que no sabes hacia dónde tirar y la única vía que te queda es apretar los dientes y seguir trabajando, trabajando, trabajando. La única manera es apretar dientes y tirar p’alante. La vida da muchas vueltas y nunca puedes decir de este agua no beberé pero ojalá que la cosa siga funcionando y me puedan caer aquí los dientes, como quien dice. Ojalá".