José Rodríguez Pérez, hostelero de Soto de Luiña y antiguo hospitalero del Camino de Santiago. Es el hostelero de referencia en Soto de Luiña y uno de los grandes defensores de los valores y la riqueza que reporta el Camino de Santiago a la costa occidental asturiana. A tal punto que todos los años pinta la señalización de la ruta jacobea a su paso por Cudillero y se encarga de demandar a la Administración que la senda esté limpia y en condiciones.

"Nací en Luarca y a los 14 años viene a trabajar a una panadería de un familiar que tenía aquí en Soto de Luiña. Estuve hasta los 22 años de panadero, después fui a la mar hasta los 28 y después en el sector de la hostelería, donde llevo 33 años. Ahora tengo 62 años. Aquí me quedé, aquí me casé, aquí me engancharan, aquí creé mi familia. Tengo el Hotel Valle Las Luiñas, que ya lleva 23 años abierto. Empecé con el café bar Ecu, que está situado en la misma plaza de Soto de Luiña".

"En 1999 me quedé solo de hospitalero en el albergue. Antiguamente intentábamos llevarlo entre varios vecinos del pueblo. Tenía muchas necesidades el albergue… Es un edificio muy peculiar, las antiguas escuelas, y carecía de todo, chico. Carecía de energía eléctrica, tenía 3.700 vatios, saltaban automáticos cada dos por tres. Los aseos eran antiguos, de estos para guajes".

"Ahí estuve luchando hasta que en el 2013 se decide cobrar algo para intentar recuperar parte del edificio. Se empezaron a cobrar 5 de donativo y ahí fue donde fuimos modificando todo el tema. Hice baños, literas nuevas, cambiamos toda la instalación eléctrica, el saneamiento. Hasta el 2017, que dije: yo lo dejo. El último año que pasé a Patrimonio el registro de peregrinos fueron 5.968. En el año que lo cogí, pasaron unos 260 peregrinos. Claro que se multiplicó. Esto fue en auge. Y vienen cada vez más".

"El Camino tien que gustarte. En el momento el que te engancha, ye como aquel que tiene un chupa-chups todos los días. Yo veo un peregrino y voy para pa con él. Los peregrinos no piden nada. En muchos sitios ahora ponen horarios de cierre. Yo siempre le di libertad al peregrino. Siempre fui abierto con ellos. Siempre lo dije a todos los hospederos: no pongáis un horario, dejar abierto porque un peregrino igual te llega a las 12 de la mañana que a las 11 de la noche. Y no puedes tener una persona tirada con una mochila allí. Ponte un día que llueve. Hay que ser un poquiñín humano, dar paso a esa gente, que quite esa cosa mojada. Ser humano es muy fácil".

"Coño, pues no sé, pasáronme muchas anécdotas. Yo conviví con mucha gente en el Camino, con gente ciega, discapacitados. En esto del Camino, que no son todos, hay parte que es de meditación, espiritual, mucha gente vien de promesa. Esto del Camino es un mundo. Tengo hasta llorado con algunos de pena. Muchas mujeres vienen haciendo el Camino solas, en plan espiritual. Y paisanos. Me cago en la, no te puedes imaginar la gente que conocí. Mira, conocí a gente muy rica en el albergue, no se te olvide. Americanos, una señora que vino con los hijos. Le pregunté por qué y me dijo: ‘Es que yo les quiero enseñar lo que es la vida en realidad, están demasiado acomodados, quiero hacéis ver lo que es dormir entre gente, que no vean que es una cosa fácil, que aparece todo ahí de golpe encima de la mesa’. Hay gente que quiere vivir eso, sentir esa convivencia entre la gente, esa cosa. Es que la gente está tan perdida hoy en día… Porque ya ves que cada día estamos todo el mundo enganchados al bicho del móvil y parece que no se miran unos a otros".

José Rodríguez Pérez Julián Rus

"Sí, home, sí, tuve de todo. Hasta un francés que una vez me dejó aquí un burro, el maricón de él. Y tuvi que cuidailu en un prao. Llamaron hasta de la embajada, que por favor y-os cuidara al burro, que lo retuviera una temporada porque él había tenido que ingresar por un tema de salud. Yo negábame a quedame con el burro, imagínate que-y pasa algo al burro. ¿Qué hago? Híce-y firmar un documento y todo de que no me reclamaría nada… Pues, oye, al mes y medio vien a buscalo y tenías que ver cómo relinchaba el burro cuando lo vió".

"En el albergue ves mucho sentimiento. Recuerdo una chica que lloraba. Llegó tarde y, como ya estaban todas literas ocupadas, le puse ahí un colchón para que durmiera. Siempre tenía colchones por si acaso. Oye, ¿puedes creer que los más agradecidos eran quienes ponía un colchón en el suelo? Daban el valor del colchón al sentirse acogidos. Yo les decía: ‘Hale, te acoplas ahí debajo del porche, pones unos cartones y listo. Además, en estas fechas, julio y agosto, no hace frío y no habrá problema ninguno’. Pues esta moza venía de allá andando con una simple mochilina. Hablaba algo de español, muy mal, y dijo que no tenía dinero. Le dije que no pasa nada y ella lloraba, chaval. Se sintió acogida, ¿no comprendes? Como no tenía dinero, le preparamos algo para que cenase. Lo primero que hay que ser es humano. En el trayecto del Camino lo que más se valora es la humanidad. Le hice un bocadillo en el bar y unos clientes que me escucharon dijeron que ellos ponían los 5 euros del albergue. Y yo les dije: ‘No, ese dinero se lo vamos a dar para que mañana tenga para el siguiente albergue’ ¿Entiendes la jugada? Nun paraba de llorar la nena, un sentimiento tenía… Al día siguiente cogí unas latas de conserva y una barra pan para que arrancara… Pues así, anécdotas de esas».

 «Luego tuve a una del Este que andaba mal. Vaya cristiana que era. Del Este completamente, era de Lituania. Otra que venía pelada. Y además venía mala. Era octubre o noviembre, traía una tos loca. Era jovencina y guapina, eh. La puse en un cuartín del albergue que era más pequeño, le puse un calefactor de estos de corriente y allí iba a darle el desayuno y la comida. Y la muyer decíame: ‘Oye, ya ta bien con esa’. Tuvo una semana y pico allí en el albergue. Y oye ¿puedes creer? Son demasiado cristianos estos del Este. Hay algunos que vienen hasta con cura. Pero quiero decirte, esta chavala bajaba en misa todos los días y cruzaba la iglesia arrodillada. Estaba casada con Dios al cien por ciento. Donde estaba durmiendo en el albergue tenía allí un santo de esos, un rosario, la cruz de Jesús, la Virgen…. Y ya verás la jugada. Resulta que ella iba a la iglesia y salía andando con el cura como si tuviera a Dios al lado. Y yo me decía: me cago en, parez que tiene más agradecimiento al cura que a las cenas que yo le doy, jajajaja. Pues nada, pasó una semana y mejoró y marchó. ¿Y sabes dónde la volví a ver? Pues donde Las Chabolas, en Oviñana. Taba allí fuera de la verja del cementerio rezando. Pa mí que estaba demasiado casada con Dios".

"En plan espiritual venían algunos, aunque eran cosas puntuales, vestidos de monje y sin dinero. Yo les decía: claro que puedes dormir, pero oye, antes métete en la ducha. No veías los pies que traían. Los pies de un primitivo de estos de la Edad de Piedra, sucios, agrietados, la Virgen, de venir andando, claro, con la capucha de monje y tira que libras".

"Mucha gente busca esa soledad, esa paz que hay en el camino, eh. Yo tengo visto a gente que vienen al albergue juntos y son amigos pero echan a andar luego cada uno por su cuenta, con esa soledad en el Camino, solos, pensando, viviéndolo. Hombre, ye otra cosa. Analizar tu vida, oye. Muchas veces valoras lo que dejas atrás, una familia, haces añoranzas. Es cuando te das cuenta tú de que la familia es un valor muy grande. Aunque yo también conocí muchos que cuando volvía a casa sentían añoranza del camino y arrancaban otra vez".

"Esto del Camino te tien que gustar. Aunque dejé el albergue, estoy todo el día enganchao. Lo que sigo haciendo es pintar las flechas el Camino desde muros de Nalón hasta Cadavedo, al paso por el concejo de Cudillero. De aquí a Muros hay 16 kilómetros y de aquí a Cadavedo por la costa hay 19 kilómetros. Hágolo por cariño. Compro la pintura y hágolo todo yo, no pido a nadie nada. Voy recorriendo el Camino para reforzar las indicaciones de los mojones, que hay graciosos a veces que llevan las conchas y yo refuerzo la señalización con una flecha, para que sepa el peregrino por dónde tiene que ir. Yo voy andando y pintando y, luego, que me vengan a buscar. A ver si vas a creer que yo soy Dios".

"De esta zona de aquí del Camino soy el tocacojones, estoy todo el día encima del Ayuntamiento para que esté limpio entre Muros y Soto de Luiña. No hace falta más que limpiar, solo hay que segar. Lo que valora esta gente es ver naturaleza. En distintas guía del Camino este tramo de la costa es el más valorado. Yo estoy encima todos los años. El otro día, cuando fui remarcando las señales, llegué hasta Cadavedo. Me encontré que desde Ballota a Cadavedo, era mediados de junio y lo tenían sin limpiar. Llamé a los hoteles. Les dije: ‘Vamos a ver, ¿vosotros queréis el peregrino?’ Es una fuente de ingresos fortísimos fuera de la temporada estival. Porque el peregrino deja mucho dinero en el Camino, ¿oiste? Chico, es una fuente de riqueza de la hostia. Sobre todo el extranjero, que ye el que tiene más poder adquisitivo, especialmente alemanes. Sí, sí claro que llamé a los hosteleros para decirle que cómo podían dejar que estuviera ese tramo sin limpiar, que nun sé si llegará a cuatro kilómetros".