Gabriel Sánchez Poyal, "Gazir", campeón del mundo de freestyle, rap improvisado. Tiene 20 años y está en la cumbre del mundo de las peleas de gallos, multitudinarias competiciones de rap improvisado que arrasan entre los veinteañeros. Es hijo de dos profesores de Lengua y estudiante de Física en la Universidad de Oviedo.

Este chaval que viene por ahí con parsimonia, por la carretera que lleva a los miradores costeros de Muros, con su madre y un perro que se llama "Joey" por el personaje de la serie "Friends" y por el rapero Joey Badass, resulta más bien tímido y proclive al silencio que a la cháchara. En cambio, en el escenario, ese muchacho de 20 años que se llama Gabriel Sánchez Poyal es un volcán de rimas contundentes, un gigante del freestyle –el rap improvisado–, idolatrado por cientos de miles de veinteañeros de todo el mundo que siguen estos choques de raperos llamados "batallas de gallos" en encuentros multitudinarios. Gabriel es Gazir, el campeón del mundo de 2021 de la FMS (Freestyle Master Series), entre otros muchos títulos. Gazir, la bestia del freestyle, que en marzo pasado actuó ante 100.000 personas en el festival Lolapalooza de Argentina. En el mundo digital, donde uno vale lo que cotiza en seguidores, Gazir tenía ayer 502.000 en Instagram y 144.000 en Twitter. Habla Gabriel, no Gazir:

"Nací en Oviedo, en el hospital, pero desde que recuerdo nos fuimos a un pueblo de Salas, a una aldea bastante perdida que se llama Santullano. Ahí estuve hasta que terminé el colegio en Salas. Luego mi madre se vino a trabajar al Instituto de Cudillero. Nos mudamos a Muros cuando yo tenía 12 años. Mis padres son los dos profesores de Literatura y Lengua, siguen dando clase. Mi madre está en Cudillero y mi padre en Pravia. Tengo una hermana mayor, de 24 años, que estudió Biotecnología. Yo estudio Física. Los dos somos de ciencias, se ve que ya había suficientes letras en casa".

"Mis padres no me daban la brasa con la lectura, pero es verdad que leía más en la aldea donde estaba. Tampoco tenía móvil ni ordenador ni nada. Me gustaría volver a hacerlo como antes, pero ahora tengo tantas cosas en la cabeza que no puedo sacar todo el tiempo que me gustaría. Pero seguro que volveré. De aquella época, los libros que más recuerdo fueron ‘El viejo y el mar’ y ‘Las aventuras de Tom Sawyer’. Fue mi favorito; la historia de un chaval aventurero como yo, que me creía bastante aventurero. Iba a dar paseos por el bosque con la perra que tenía entonces, ‘Yerba’, y tú te vas imaginando que estabas en el Amazonas y que estás en una incursión para salvar al mundo, ¿sabes?".

"En verano estoy en casa de mis padres en Muros y, aunque tengo muchos viajes, en invierno suelo estar en Oviedo, donde estudio Física. Estoy en tercero. Lo que más me atrae es la teoría de la relatividad y la cuántica. Lo típico de que, cuando te lo explican, te explota el cerebro. Por ejemplo, lo que ocurre en la película ‘Interestelar’. Entender esos fenómenos, cómo puede llegar a pasar eso en una realidad que no vemos. Luego, claro, la carrera es mucho más amplia".

"Primero y segundo de Física sí los terminé bien. En tercero, que ya tenía muchos más viajes a Latinoamérica, que me llevan mucho más tiempo, lo que hice fue coger la mitad del curso y una matrícula a distancia, por así decirlo, que no tenía evaluación continua. Así sí que podía sacar la mitad de tercero. Quiero terminar la carrera sin prisa, que tampoco me urge. Sí es verdad que laboralmente me gusta mucho a lo que me dedico, al freestyle, a las batallas de gallos. Mi objetivo sería poder trabajar de esto toda mi vida".

"Empecé viendo batallas en Youtube con 15 años y me llamaba mucho la atención como espectador, pero no me quería quedar quieto y empecé a probar. Siempre me ha gustado esforzarme por mejorar, practicar. Lo del freestyle fue un proceso muy rápido. Hace nada, dos o tres años, estaba rapeando en los parques de Asturias con muy pocas personas. Ahora, estar ante tantísima gente me llena de orgullo. De un día para otro pasé a ser muy conocido, pero siempre he estado con mis amigos de toda la vida, con mi familia. Esto me ha hecho madurar mucho más rápido. Aprender de tantas experiencias, de viajar tanto y de estar desde joven en un mundo de adultos, por así decirlo. Pero no me preocupa que se me vaya la pinza. Hay casos que pasa, pero creo que, si no me ha pasado ya, no me pasará. Y si me llega a pasar, tengo a mi gente, que me lo dirá. Mis amigos son los del Instituto de Cudillero, vivieron el proceso conmigo. Me conocían desde antes de ser conocido, iban a batallas mías de los parques por Asturias. Eran ellos los primeros que me animaban a intentarlo".

"Con mis padres me llevo como cualquier chaval o adolescente normal, siempre hay algún pique, pero, vamos, nada del otro mundo. Nos llevamos superbién; nos queremos, obviamente. Ellos también han entendido que yo apostase por esto a tope. Como he seguido con la carrera de Física, tampoco se han preocupado. Y siempre me han apoyado, desde el primer momento. Tampoco era tan fácil apoyarme en esto que no me daba recursos laborales. Me apoyaron desde que era ‘la película del chaval’ y hasta ahora, que es una realidad. Me han ayudado mucho. Cuando empecé, le decía a mi madre que era como duelos de poetas. Esto sigue teniendo mucho estigma. Hay gente que cree que al terminar las batallas de gallos nos pegamos. Pero una vez conoces este mundillo descubres que tiene mucho arte detrás".

"Esto es como cualquier deporte, tiene su entrenamiento para tener frescura mental. El mejor entrenamiento, el que más me gusta, es con otra persona que rapee y hacer batallas de distintas formas. Es el mejor estímulo que puedes tener, otra persona. Pero siempre te puedes poner tú en internet y recibir distintos estímulos para improvisar sobre palabras, imágenes, objetos. O escuchar distintas instrumentales y, simplemente, fluirlas. Solo necesitas tu imaginación y lo que vayas viendo".

"Soy bastante tranquilo, pero tengo mis momentos de adrenalina en el escenario. Esos en los que te vuelves loco con la adrenalina y empiezas a gritar con toda la gente y tal. Pero yo, de por sí, soy bastante tranquilo. En el momento en que estás en el escenario no eres realmente consciente de la cantidad de gente que hay. Ves una masa, cada persona como un puntito a lo lejos, y estás ahí centrado en lo tuyo. Porque si te paras a pensar que estás improvisando delante de 100.000 personas, y que si fallas te van a ver 100.000 personas, ahí sí que te vas a poner nervioso de verdad y tenso. Estás como en un trance en el que no eres consciente. Una vez sales del escenario piensas en lo que acaba de pasar y te das cuenta de todo. Está Gabriel y el personaje que es Gazir, que es como que no tiene vergüenza de subirse a un escenario delante de tanta gente. Gabriel sí que es más tímido, pero poco a poco lo va dejando de ser por la influencia de Gazir".