Luis Feito, director de la Banda de Gaitas «La Reina del Truébano». Navia es un oasis industrial, deportivo y musical. Y en este último apartado brilla la banda de gaitas, con Luis Feito al frente, que desde sus 20 años –y hoy tiene 50–, lleva luchando por mantener la tradición de la gaita asturiana en el Occidente. Encabeza, además, una banda muy viajera, que ha llegado hasta China. Y muy viral, pues su colaboración solidaria con la Escuela Barvynok de Ucrania, en la que los ucranianos interpretaban el «Asturias patria querida», se hizo muy popular.

«No empecé tocando la gaita. Empecé bailando en un grupo que se llamaba ‘Valdesva’. Soy de familia vaqueira. Mis padres eran de las brañas de La Cadorna y el Faedal, encima de Muñás, en el concejo de Valdés, y ellos contábanme cuando iban por ahí bailando por las casas. Mi padre tocaba el chispúm, el bombo este que tenía la chapa. Tíos míos tocaban la gaita y siempre lo mamé de pequeño. Siempre me fijé en las tradiciones, siempre me gustó. Para mis padres, que yo tocara la gaita era la de dios. Ye raro que alguien quiera que seas gaitero, pero mis padres, como lo mamaron de pequeños, queríen».

«Acuérdome la primera vez que vi tocar a Fariñas (José García Tejón), era un gaitero que bajaba a las calles de Trevías a tocar. Él era de Cangas del Narcea y, la verdá, ye que taba borrachu siempre. Pero el hombre hacía sonar la gaita como si llorase y siempre me quedaba prendáu de él. Acuérdome una vez que taba yo solo mirando cómo tocaba Fariñas y díjome: ‘¿Sabes por qué ta la gaita triste, neno?’. ‘No, ¿por qué?’. ‘Porque ya nadie la quier tocar’. Y eso quedóme grabao en la mente. Yo debía tener siete u ocho años. Quedóme grabao, grabao».

«Empecé a tocar la gaita con un chaval que se llama Cifuentes, de Pola Siero, que venía por aquí. Ya empecé tarde, con doce, trece o catorce años. Nun había nadie que enseñara y no teníamos gaita en casa. Todos los ahorraos que tenía gastelos en la primer gaita y propúseme, sobre todo, dignificar al gaiteru».

«Porque pa que veas un poquitín el nivel de lo que estamos hablando, de cómo en Asturias ponemos a los gaiteros, tengo una anécdota muy guapa sobre eso de ser gaitero. Haz tiempo que fui a Trevías y una paisana que me conocía de neno me paró: ‘¿Qué es de tu vida?’. ‘Pues soy gaitero’. Y quedó mirando pa mí y dijo: ‘Tas mejor en eso que na droga’».

«La verdad es que aquellos gaiteros de entonces no es que bebieran, abrevaban. Y salvo los de Cangas, que tenían educación musical, que taban a años luz de los demás, los demás, con todos mis respetos, metían ruido».

«Después de la mili intenté buscame la vida con esto, para dar clases de gaita. Tendría como veinte o veintiún años. Los primeros dos o tres años fueron nefastos, nun ganaba ni pa la gasolina. Luego fui poquitín a poquitín y conseguí haceme un hueco aquí en el occidente de Asturias. Iba con los programas aquellos de Asturias Cultural, pagaban bien el kilómetro y yo empecé a ir a Grandas, a Los Oscos, a casa dios. Así, poco a poco, asenteme por toda esta zona y fui formando las escuelas que tenemos hoy en día. En la escuela municipal en Navia tengo 70 y pico alumnos. En Castropol tengo unos 25, que no está nada mal».

«Mientras tocan la gaita no están con el móvil; eso sí que es una pandemia»

«No recuerdo la primera vez que toqué la gaita. Supongo que lo primero que hice fue intentar hincharla y que no se me parase. Pero sí recuerdo la primera vez que toqué en algo importante. Fue en el entierro de Severo Ochoa, en Luarca. Nunca se tocara la gaita en ningún entierro público, grande o mediático. Yo nun taba acostumbráu a esto. Tenía 21 o 22 años. Púseme tan nervioso que no tuve tiempo a decidir lo que iba tocar y toqué la Marcha del Carmen porque como la muyer se llamaba Carmen pues ahí fue la marcha del Carmen. Aunque ye una pieza de Cangas del Narcea».

«A finales de los noventa, cuando empezó Hevia salir pola tele, aquello fue un boom, pero ahora lo de las bandas de gaitas pegó un bajonazo y eso que nosotros ahora estamos bien. El otro día actuamos en un foro sobre ruralidad que organizó el Ministerio de Cultura y junté 40 personas. En un sitio como Navia, cuarenta músicos tocando bien. Eso ye casi un milagro. Pero a nivel de Asturias, las bandas están ahora mismo de capa caída. Nosotros tamos aguantando aquí en Occidente, no sé por qué. Pero bandas que tengan mucha gente hay muy pocas ahora mismo».

«No sé lo que pasó. A lo mejor pasó un poco de moda. La gaita no sal por la tele, no es mediática. Si hubiera cristianos ronaldos que tocasen la gaita, no había problema. Nosotros tendríamos que hacer ligas, campeonatos, como hacen en Galicia. Una liga de bandas de gaitas sería muy interesante, igual que cuando los nenos van jugar al fútbol. Eso los estimularía. Cuando compites hay que saber, lo primero, que vas a perder y, lo segundo, que tienes que aprender cuando pierdas y así podrás mejorar».

«Yo siempre digo que tamos haciendo milagros porque en el momento que el neno o la nena, o el adulto, está tocando la gaita o el tambor nun tan con el móvil. Cuando están en clase o cuando estamos tocando con la banda, que tengo prohibido que tengan el móvil, yo digo aprovecha-y a saca-yos fotos ahora que tan sin móvil porque, si no, tan con la cabeza ahí p’abajo, metidos en el móvil. No sé cómo decirlo. Tamos hipnotizaos. Eso sí que ye una pandemia. Aunque el móvil también tenga coses pa bien. Tú mandas al grupo de guasap un mensaje y ya lo sabe tol mundo. Antes igual tenías que hacer treinta llamadas. Mecagonsumadre, cualquier cambio era muy complicado».

«Yo siempre toi pensando a todas horas en cómo motivar a la gente. Hacemos más viajes que nadie. En cada viaje me la juego porque si pasa algo a un neno, a mí me cae el pelo. Estoy en tensión completamente. Para mí viajar es como cavar una zanja. Pero eso les da un por qué. Fuimos a China, fuimos a Dubai dos veces, a Nueva York al Día de San Patricio, a Dublín… En China estuvimos quince días, que se dice enseguida. Una gira bestial. No sabes la cantidad de fotos que nos hacían. Sentímonos como se sentirán los famosos. Venga gente y gente con cámaras de fotos».

«Cuando te aplauden, se ve que es con gana y date un subidón, sabes que merez la pena lo que hacemos. Aunque no ganemos mucho dinero, o nada, merez la pena lo que hacemos, va a quedar huella de lo que estamos haciendo por las gaitas en el Occidente».