Rosina Sánchez. Quesera. Fue una de las pioneras en el desarrollo del gamonéu del valle, hoy con denominación de origen y uno de los quesos con más proyección. En la pandemia, llevó 500 cuñas de gamonéu para los sanitarios del HUCA y dejó de hacer quesu para coser mascarillas para sus vecinos. Sabe a buena gente.

“Yo soy de aquí, de Benia. Mis padres estuvieron en Alemania, fueron p’allá en 1962 y vinieron p’acá en 1975. Yo no quise ir a Alemania ni a velo. Me crié con mi güela. Mi madre vino a darme a luz aquí y marchó p’allá cuando yo tenía 17 días porque, de aquella, se quedaba sin trabaju. Como tardé en nacer pues, claru, de aquella no había lo que hay ahora de los cuatro meses de baja”.

“Mis padres vivían muy cerca de Colonia. Venían una vez al añu, hasta que tuvi 11 años o así. Mi madre trabajaba primero en una fábrica, de gruista. Estuvo como siete años, hasta que vinieron los americanos y las echaron abaju de las grúas. Llegaron con los mandos a distancia pa manejalas desde abajo, las grúas. Y mi padre trabajaba en la construcción”.

“Cuando vinieron yo tenía casi once años y cogieron una cafetería en alquiler y ahí empezamos a trabajar. Cuando salí de la escuela, a los 15 o 16 años, empecé a trabajar con ellos también. Luego compraron el bar La Plaza y ahí dimos muchísimas comidas”.

“Bien joven me casé con Toño, un hiju de Cirilo Sánchez, que era pastor de Ariu. Y ya te digo, por ahí empezó la cosa. Toño había sido tola vida pastor. De cabra, de oveya, de hacer quesu en Ariu. Él tenía mucha reciella, cabras. Tenían una pequeña cabaña en Soñín, donde hacían, como si dijeras, una pequeña escala. Subían p’allá el 1 de junio y bajaban cuando los echaba la nieve, en noviembre o así. Y luego volvían a hacer escala en Soñín y volvían a pasar ahí otra temporadina hasta que volvía la nieve otra vez encima de ellos y p’abaju”.

Rosina Sánchez Julián Rus

“Cuando nos casamos Toño dijo: vamos a poner unas vacas de leche. Vendías la leche a la Central Lechera y tenías un sueldu. Era así. A lo mejor eran 90.000 pesetas, que, de aquella, que eran muy buenas, eh. Esa cantidad nun se-y olvida a él”.

“Nosotros tuvimos dos críos y de aquella, cuando teníamos unas vaquinas de leche, una vez diz Toño: va, manos a probar a cuajar la leche de una vaca a ver qué pasa. Yo ganadera, cero; yo nunca había hecho quesu. Pero empezamos a cuajar y Toño decía: los vamos a meter en una cueva que hay aquí y a ver qué pasa. Y según ellos estaba buenísimu. Yo no sé, porque no me gusta el quesu. No puedo ni probalo”.

“No. No como quesu desde que, de pequeña, me dio un poco mi güela. Era quesu de aquello que hacían gente de antes, que lu amasaben con orujo o con anisetu de esto. Un quesu, un mayáu que-y llamaban, fuertísimu. No, no como quesu, pero ahora ya sé si está bien si está mal con velo. Lo notas enseguida y en la cuajada al amasar, no tienes por qué estar comiéndolo. Aparte, yo la cuajada la pruebo. Pero yo solu con velu, incluso con velu por fuera, ya sé si está bien o está mal”.

“Pues eso, que empezamos así. Y salía gamonéu, ¿qué iba a salir? Hacíamos lo que toda la vida hacíen ellos. Hicimos gamonéu del valle intuitivamente, el quesu como lo que hacía la madre de Toño antes de subir p’Ariu; que lo hacía en casa, en la cocina. Cuando quitaban los corderinos, a lo mejor en mayo, antes de subir pal puertu en juniu, igual estaba una semana o diez días haciendo el quesu en casa, ¿entiendes? Y así lo hacía Toño, de esa manera. Y nos decían todos: eso es una tontería lo que vais a hacer porque el quesu, pa que valga, tien que ser de donde acaba el jelechu. P’arriba de donde ya no hay jelechu, en el puertu. Si no, no funcionen. Pero, oye, el otru día fuimos a Ariu y había jelechu en Ariu, y digo yo: ay mi madre, aquí algo pasó, o cambió el tiempu o cambiaron las normas”.

“Pues entonces empezamos a hacer quesu y una vez que lo teníamos hecho, ¿dónde lo vendías aquí? Era dificilísimu. Mira, murió un hombre de Sirviella; se llamaba Antón el de Sirviella, de un infartu. Aquel hombre teníen preparáu pa ir a la Feria del Vino y el Quesu de Avilés. Y nos llama la hija, que si queremos ir nosotros con esos quesos allá, que tenemos el puestu del padre. Oye, pues vamos. Así que vamos p’allá y vendimos ciento y picu mil… ¿cómo era aquello? Pesetas. Pues pa haberlo vendío en tres días parecíame imposible. Y dice Toño: pues vamos a seguir haciendo quesu, eh. ¿Tú estás seguru? Sí, vamos a seguir haciendo, que sacamos más que vendiendo la leche. Y dijo él: pues vamos a hacer una quesería. Y empezamos en el 84. Fuimos los primeros a la vez que los de La Robellada”.

“El boom fue cuando empezó la denominación de origen protegida (DOP), en 2003. Con el tiempo se fue reconociendo la calidad del quesu del valle. Con lo del puertu solu no vamos a ningún sitiu tampocu, porque solo son cuatro queseros… Pero que haya gente en el puertu es un referente que tenemos ahí”.

“Todavía hay muchu mercáu pal quesu gamonéu, pero hay que seguir haciéndolo con cabeza, no a lo loco. No lanzase a hacer miles y miles de litros de leche porque vaya a salir de la quesería con etiqueta de gamonéu. Hay que vender quesu buenu. Y no ti sale tou buenu, eh. Porque es leche cruda y es muy difícil de hacer, eh. La gente piensa que é como los puñetazos, que se hacen así. El quesu tira pa onde-y da la gana. Unos salen así, unos andando, otros azules y otros blancos. Es como es tan aleatoriu”.

“Nosotros, además, llevamos muchos palos en esta vida. Primero, la quiebra de la comercializadora con la que estábamos, que nos dejó una deuda muy grande. Casi nos empoza. Menos mal que a los quince días nos llamó otra distribuidora, con la que estamos ahora. Luego, en 2009, se me murió un hijo a mí de un trasplante de corazón, que tenía 27 años. Pero seguimos p’alante. Yo no sé por qué, pero yo soy muy luchadora y tengo ganas de hacer cosas y de seguir. Ahora hicimos una ampliación de la quesería y en la parte vieja empezamos en Semana Santa a hacer visitar guiadas. Hizo Toño dentro hasta una réplica de una cabaña de las del puertu pa enseñarle a la gente cómo se haz el quesu. Yo estoy contenta con lo que hice y con lo que voy haciendo. Con los palos que me dio la vida esto es un aliciente que tengo”.