En 1992 abrió al variante de Arriondas y hubo cierto temor entre comerciantes y hosteleros. La villa parraguesa dejaba de ser lugar de paso obligatorio, y parada preceptiva, de todos los que buscaban los enclaves turísticos del Oriente. Adiós a todos aquellos autobuses que tanto dinero dejaban. Pero no fue, ni mucho menos, la debacle. Quizá al contrario. Arriondas no se murió, ni entró en esa zona de sombra que sí invadió otras áreas de la vieja nacional N-634. En esa década empezó a brotar un sector de turismo activo que ha convertido a Arriondas en la capital del descenso del Sella en canoa. Además, la llegada del hospital comarcal aportó un potente suelo económico. Hoy, la administración pública, la sanitaria y también la educativa, aporta un tercio de los empleos del concejo. Parres sólo ha perdido un 4% de la población que tenía al comenzar el siglo actual, tiene 5.292 habitantes y, aunque muy focalizada en el turismo de canoa, la economía local cuenta también con una pujante fábrica de quesos que, sumada al hospital, aporta estabilidad y perspectivas de futuro.