“Los extraños”, la última novela del escritor riosellano Jon Bilbao, está ambientada en Ribadesella. Aparecen ovnis. Pero también un enjambre de ufólogos que acuden a escrutar los cielos en busca de objetos volantes no identificados. Dice el autor que la invasión de buscadores de extraterrestres se parece un poco a la que sufre la villa el día del Descenso del Sella. En verano, la avalancha de los selleros se superpone a la de los veraneantes enraizados desde hace años y a la de los turistas que se dejan caer por allí unos pocos días. Ribadesella, como lo son ya los grandes polos turísticos del Oriente, es un espacio de economía estacional, invadido por “extra-riosellanos”.

La especialización turística de este concejo de 5.686 habitantes avanza de forma imparable. Aunque en los últimos veinte años se ha reducido en términos absolutos el empleo en el municipio, este se ha concentrado y crecido en el sector de los servicios (71%), especialmente en la hostelería y hotelería. Que Ribadesella se haya convertido en un destino tan apetecido no ha contribuido a frenar la caída de población, como sí ha ocurrido en el vecino municipio de Llanes, donde el número de habitantes ha crecido ligeramente incluso. Hasta el año 2011, y desde comienzos de la presente centuria, Ribadesella había mantenido el tipo. En cambio, a partir de esa fecha crítica, vuelve a perder población. Aun así, con un retroceso del 8% con respecto al comienzo del siglo, Ribadesella es un territorio privilegiado en comparación con la situación demográfica que se está registrando en el Oriente interior. La costa marcha a otra velocidad.

La Autovía del Cantábrico, en su labor compactadora de la arrugada geografía asturiana, ha puesto Ribadesella a tiro de piedra del centro. Tanto que en la playa de Vega, antes casi de uso local, ya hay serios problemas de aparcamiento y acceso. Algo parecido ocurre con otro de los atractivos del concejo, la Cuevona, que da entrada al pueblo de Cueves de l'agua. Son solo dos ejemplos de una saturación turística veraniega que a algunos empieza a preocupar.

Ribadesella está a punto de aprobar un nuevo plan urbanístico, después de una década del anterior y del florecimiento del ladrillo en los 2000. Hay quien apunta que también habría que pensar en un plan de rehabilitación integral de la villa, con unos cuarenta edificios ruinosos o en mal estado.