José María Holassian, socio fundador de la empresa tecnológica Presence XR Solutions. Este ingeniero argentino casado con una luarquesa ha echado a andar con otros socios vinculados con la Universidad de Oviedo una empresa de base tecnológica que ha desarrollado una nueva tecnología de observación a distancia en realidad virtual que revolucionará los servicios de mantenimiento de los parques eólicos, tanto terrestres como marinos

El ingeniero argentino residente en Valdés José María Holassian Mucci, los profesores de la Universidad de Oviedo Pablo Arboleya y Jorge García, entre otros socios, han echado a andar una empresa de base tecnológica nacida del ecosistema universitario que trata de implantar una nueva tecnología de realidad virtual –con una cámara de desarrollo propio– para los servicios de mantenimiento y vigilancia de las nuevas infraestructuras de energías renovables, como parques eólicos (tantos terrestres como marinos) y grandes huertos solares. Aunque hacen mucho teletrabajo, su sede física es el centro de empresas de Valdés, de la Cámara de Comercio de Oviedo. Dicho a la manera de Star Trek ellos han desarrollado un «teletransportador» de ojos. Holassian explica esta aventura empresarial:

«Yo estaba estudiando electrónica en la Universidad de Buenos Aires y en un viaje de estudios conocí a mi actual mujer, que es de Luarca. Nos conocimos en Punta Cana, después de aquello mantuvimos la conversación y yo acabé viniéndome a Asturias en 2009. Soy adoptado de Luarca y con orgullo. Ya tengo dentro eso de que ‘Asturias España y el resto, tierra conquistada’. Vine aquí por amor. Ahora tengo dos hijos, así que te puedes imaginar si tomé una buena decisión. Me salió bien. Pasé de una megalópolis de 12 millones de habitantes a una villa de 5.000 habitantes y estoy encantado. Ahora mismo me asomo por la ventana, veo las montañas y es otra cosa, espectacular. En Buenos Aires vivía cerca el Centro Asturiano y ya estaba el eslogan este del Asturias paraíso natural. Pero cuando pasás por ahí, poco caso le hacés. Hay muchos asturianos en Buenos Aires, pero yo no tenía relación con ellos. Yo soy italo-francés-armenio, una mezcolanza. Asturias, Valdés, España en general, me dio a mis hijos, y por eso estoy eternamente agradecido. Aquí me integré perfectamente. Por algo le decimos la Madre Patria. Lo único, el cambio en algunas formas de hablar. Por ejemplo, cuando vas a un McDonald's y pides ‘una cajita feliz’, se ríen. Aquí se pide un Happy Meal».

«Yo estaba haciendo ingeniería electrónica y pude hacer el cambio a la Universidad de Oviedo. Me recibieron muy bien. Hice un máster donde conocí a mi socio en la empresa, Pablo Arboleya, que era coordinador del máster. Pablo Arboleya había empezado con cosas de realidad virtual y siempre estábamos hablando del potencial que podía tener esto».

«Nuestra idea consiste en combinar la realidad virtual con una cámara para poder tener presencia en otro lugar a distancia. Tener presencia como si estuvieras allí, no visto en una pantalla plana. Estás presente en la distancia. Nosotros desarrollamos una cámara estereoscópica, donde cada lente va a un ojo, te pones unas gafas de realidad virtual y lo ves como si estuvieras allí. Yo digo que es como teletransportar tus ojos a la cámara, como si hubiéramos inventado el teletransportador de ojos. El plan inicial era utilizar cámaras comerciales, pero no las encontramos y tuvimos que hacerlas. No encontrábamos una cámara que fuera económica, que pudiera transmitir en tiempo real y con muy alta resolución, como la nuestra».

«A partir de ahí es donde empezamos a ver el potencial que podía tener. Nos interesamos mucho en el sector eólico porque vemos que las turbinas están desatendidas. Se las revisa, tienen su sistema de mantenimiento y tal pero, claro, son cosas que están ahí, digamos, a la deriva. ¿Entonces qué pasa? Si tenemos ojos que se puedan ‘teletransportar’ a las torres eólicas, donde se colocarán cámaras, podemos encontrar una forma rápida de ver cómo está esto por dentro y por fuera. Y ahí es donde fuimos construyendo nuestra propuesta de valor. El objetivo final es poder hacer mantenimientos preventivos de forma que puedas optimizar el coste del mantenimiento. Pero, además, ya que tenemos la cámara, le ponemos potencia suficiente para poder hacer análisis de imágenes por inteligencia artificial. Eso permitirá hacer detección de aves o de acumulación de hielo en las palas. Mantenimiento predictivo cuando no estés mirando. Pero siempre es importante la supervisión del ojo humano».

«Nuestra tecnología ahorra el coste de traslado del técnico y el tiempo perdido en el traslado, permite hacer mantenimientos en condiciones meteorológicas adversas. Te pones las gafas y, pumba, estás ahí. Esa es la ventaja. Y, además, la seguridad. Pues si yo puedo evitarme que suba muchas veces un técnico a una turbina ya estoy reduciendo el riesgo. Y, sobre todo, imagínate cuando esas turbinas estén en el mar».

«Ya hemos pasado las pruebas de laboratorio, digamos. Estuvimos en un proyecto de innovación abierta con EDP Renovables donde hicimos el modelo de plataforma de realidad virtual. Pudimos hacer grabaciones dentro de las turbinas para mostrar cómo sería operar con nuestra plataforma y ahora estamos buscando cerrar proyectos pilotos. Con estos proyectos queremos validar nuestra tecnología en un entorno de producción».

«También en colaboración con otra start-up asturiana llamada ROOM2030, que es una empresa de construcción modular –un consorcio donde está integrado ArcelorMittal o Roca, por ejemplo, con el arquitecto Sergio Baragaño– vamos a hacer juntos un metaverso para que los clientes puedan diseñar su propia habitación, algo parecido a los configuradores de coches, cambiando el suelo o el mobiliario. Ahora estamos tratando de cerrar un proyecto con Idonial para que nuestra cámara tenga también una parte robotizada, para poder desplazarse remotamente, ya sea mediante un robot o montado sobre un riel con capacidad de movimiento en los 3 ejes».

«El que nuestra empresa sea una empresa digital me permite vivir en Valdés. Ahora que estamos pensando en este problema de la España vaciada hay que pensar en este tipo de cosas. Ahora está todo descentralizado y, al final, el teletrabajo vino para quedarse. Además, trabajar en casa no es lo mismo. Yo salgo, miro a la montaña, hasta escucho a los gallos cantar. No es lo mismo que escuchar una bocina, una sirena, unos g ritos en la ciudad. Y es muy importante también para la conciliación familiar. Cuando trabajaba fuera me iba a las 7 de la mañana y volvía por la noche. Ahora, poder desayunar con tus hijos, hacer una pausa para poder ir a recogerlos al colegio eso es impagable».