El Covid-19, una enfermedad respiratoria, inyectó mucho aire en Villaviciosa. Hizo nacer lo que llevaba años gestándose, desde que los dos brazos de la Autovía del Cantábrico, el de Oviedo y el de Gijón, se uniesen en las proximidades de la Villa para pasar por el túnel bajo la ría de Villaviciosa. El concejo, el undécimo más extenso de Asturias, comenzó a brillar como un lugar perfectamente conectado con la gran ciudad central de Asturias. Villaviciosa se dibujó con claridad como un nuevo espacio para vivir en un entorno urbano pero, a la vez, conectado con la naturaleza, donde se uno se podía airear. El virus nos abrió los ojos y nos enseñó qué feo y cerrado era el sitio donde vivíamos casi sin mirar para él. Así que, rumbo a Villaviciosa, que está a mano. Quienes tenían allí segunda residencia, la trasformaron en la primera y otros compraron o alquilaron vivienda. En sólo dos meses se vendió el 23% de la oferta de vivienda que había en el litoral. Así, durante la pandemia, el saldo migratorio se multiplicó por tres y el concejo ganó de golpe casi 400 habitantes. Superó por primera vez en este siglo los 15.000 habitantes. Ahora, las previsiones más optimistas contenidas en el plan urbanístico, en tramitación, apuntan a que Villaviciosa llegará a los 17.000 habitantes al final de esta década.

La costa entre Quintes y Tazones, donde está el 18,46% de la población, es uno de los focos de crecimiento: viviendas unifamiliares al calor de Gijón. El otro, la propia Villa, también ha crecido. En el 2000 concentraba un tercio de la población del concejo. Ahora vive allí la mitad del censo. El municipio ha crecido captando residentes de otros concejos y, especialmente, de su propia comarca. No obstante, también se han duplicado en estas dos décadas del siglo XXI los residentes llegados de otras comunidades españolas.

Villaviciosa está ahora en el sitio perfecto en el momento adecuado. Tiene una Villa hermosa con todos los servicios, un comercio y una hostelería de calidad (en este sector creció un 45% el empleo). Hay, además, masa crítica para sostener una buena oferta cultural a lo largo de todo el año, alentada tanto desde el ayuntamiento como desde otras instituciones, como la FundaciónCardín o el Ateneo Obrero. Si acaso, el concejo tiene dos carencias no desdeñables. Villaviciosa no tiene un polígono industrial, ni perspectivas de tenerlo, donde alentar una economía alternativa a la terciarización que genera el aumento del turismo. Además, el previsible incremento de la población dirige la mirada a las carencias de saneamiento, que generan contaminación en la ría y problemas de inundaciones en la Villa. Hay en marcha proyectos por valor de unos 30 millones de euros, pero ahora se hace evidente que se perdieron muchos años de aquellos fondos europeos estructurales para completar el costoso saneamiento de un entorno que, además, contiene uno de los espacios acuáticos más representativos y hermosos de la región.