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El "boom" de las nacionalizaciones de argentinos: la historia de la escritora Magalí Etchebarne y su abuela de Olloniego

La autora de "La vida por delante", premio Ribera del Duero de narrativa breve, es uno de los 100.000 argentinos que se convertirán legalmente en españoles gracias a la "ley de nietos"

Magalí Echebarne

Magalí Echebarne

Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

La escritora y editora argentina Magalí Etchebarne ganó la octava edición del premio Ribera del Duero de narrativa breve con “La vida por delante”. En la gira promocional de este conjunto de relatos distinguido en uno de los certámenes literarios más prestigiosos de España, Etchebarne visitó Oviedo. Presentó su libro, editado por Páginas de Espuma, en la librería Matadero de la capital. Pero la visita tenía también otro motivo: lograr la partida de nacimiento de su abuela, Marina Madera, una ovetense de Olloniego nacida en 1904 y que emigró a la Argentina sólo con 7 años. Etcheberne es una de las decenas de miles de descendientes de españoles que, acogiéndose a ley de Memoria Histórica, conocida como “ley de nietos”, quiere solicitar la nacionalidad española y recuperar así, oficialmente, sus raíces. Se estima que en 2025, cuando finalice la prórroga de las solicitudes, habrá unos 100.000 argentinos más nacionalizados españoles. Hasta la fecha, ya se han aprobado 15.000 solicitudes de ese país donde ya existe una colonia de 34.500 asturianos con nacionalidad española. Es la mayor comunidad de asturianos fuera del Principado.

-¿Marina era su abuela paterna o materna?

-Era la madre de mi padre, se llamaba Marina Madera. Yo me llamó Marina Magalí, heredé su nombre. Mi abuela viajó a Argentina de muy chiquita. De más grande, conoció a mi abuelo Etchebarne, que ya era argentino pero era hijo de vasco-francés. Mi madre es argentina, pero sus padres son italianos. Así que yo soy una mezcla importante.

-¿Qué tal la visita a la tierra de donde partió su abuela?

-Hay algo de esta ciudad, Oviedo... Le decía mi hermana: ‘Mirá, no lo puedo explicar, pero hay algo familiar aquí’. Vengo de otras ciudades, estuve en Bilbao, en Burgos, en Salamanca, Madrid, conozco Barcelona... Pero esta ciudad me parece muy distinta, muy distinta. La veo densa, como seria, muy sobria. Pero a la vez hay como una nobleza, una ternura en la gente... Y así era mi familia, así era mi padre. Hay algo como que me está resultando familiar. Veo el carácter de mi padre en la ciudad. No lo puedo explicar.

-¿Su padre a qué se dedicaba?

 -Era fotógrafo aficionado, pero tuvo muchísimos trabajos malos toda la vida. Mi abuelo, su padre, era ebanista, trabajaba en la madera. Había sido ebanista del ferrocarril. En Argentina le dijeron ‘El Ruso”, porque era comunista. Entonces, en un momento dado, le echaron del ferrocarril, le dijeron que se fuera... Él era anti-peronista. Mi familia estaba muy ligada al ferrocarril. La familia de mi madre, mi abuelo el italiano, era maquinista del ferrocarril. Yo crecí en un barrio ferroviario en las afueras de Buenos Aires, en el conurbano, que se llama Remedios de Escalada. Allí están los talleres del ferrocarril.

-Entonces su abuela, de apellido Madera, se casó con un ebanista. El destino.

-Es increíble eso, ¿viste? Pero yo digo que todas las mujeres de la familia nos dedicamos a algo de la cabeza. Porque mi abuela Marina Madera trabajó en una fábrica de sombreros. Mi abuela, del otro lado, en una fábrica de peines. Mi hermana es psicóloga y yo escribo. Todas hacemos algo que tiene que ver con la cabeza

-Le hago una última pregunta sobre su familia: ¿qué recuerda de tu abuela Marina?

-Es que no la conocí… Mi abuela nació en 1904 y mi padre era del 36. O sea, mi padre ya era grande cuando me tuvo a mí. Sí conocí a los abuelos maternos. Mi hermana, que es mayor que yo, sí conoció a la abuela Marina. Siempre me decía que era muy buena, muy noble. A veces pienso en toda esa gente que se fue a América en un barco… Una niña, mi abuela tenía siete años cuando llegó a Argentina. Y hoy nos estresamos sin el Google Maps. Del hotel acá casi colapso porque no me funcionaba y son cinco cuadras.

-¿Nunca escribió nada sobre la peripecia vital de su abuela?

 -No. Ahora estoy escribiendo algo que no son cuentos. En principio es algo un poco más extenso y es sobre un episodio de la vida de mi padre. Siempre digo que la vida es como un ingrediente más que me sirve para exagerar e inventar. Me gusta mentir. No es que me interese la literatura testimonial, pero sí estoy haciendo algo sobre un episodio de la vida de mi padre y creo, irremediablemente, que voy a tener que hablar de estos abuelos…

-Hablemos de su libro premiado, “La vida por delante”, un conjunto de cuatro relatos. Originalmente se iba a titular “La madre, la muerte, el trabajo y el amor”

- Sí, cuando tenía avanzada bastante la escritura me di cuenta de que eran los temas que aparecían a veces en primer plano en cada relato pero que, de alguna de una manera, todos recorrían subterráneamente todos ellos. Me gustaba esa enumeración. Después no prosperó y lo modificamos y el libro lleva el título de uno de los relatos.

- “La vida por delante” habla de...

 -“La vida por dejante”, esa frase, esconde un poquito de ironía. Es una frase un poco amarga en el sentido de que es algo que un personaje le dice a otra cuando está postrada y ha tenido un accidente. Suele ser una frase que utilizamos mucho para alentar, sobre todo a la gente joven. Les decimos: tienes toda la vida por delante, no sufras por esto. En mi juventud siempre me pareció que no quería decir nada. Era una frase completamente vacía. Una frase que, en general, te deja solo con lo que estás padeciendo, porque la idea de ese futuro por venir a veces puede no ilusionarnos.

-¿Sus personajes son personas atascadas en el momento en el que usted los presenta en sus cuentos?

-Más que atascados, me parece que son personajes que están atravesando momentos dolorosos, a quienes no les resulta tan fácil salir de ahí. Lo que pienso cuando escribo es poner a jugar el dolor: ¿qué se podía hacer con el dolor?, ¿qué pasa con un personaje que está sufriendo? Muchos de estos personajes están sufriendo, están demorados en el dolor. Quizás salgan adelante, pero eso no queda tan claro.

- Habla del dolor. ¿Y el humor, para qué le sirve a usted?

 -Me funcionó muchas veces como una forma de tomar distancia con el texto. A pesar de que el libro se titula “La vida por delante”, el tema de la muerte recorre todos los cuentos y el humor aparece a veces de forma premeditada y a veces, inconsciente. A veces los personajes tenían una conversación que no tenía la seriedad que yo había imaginado y quizás era más cómica. Lo que es gracioso para mí en la escritura quizá no lo sea para otro. Pasa en la vida, uno hace un chiste y nadie se ríe, pero luego dice algo naturalmente y el otro se ríe.

-Entiendo que en la vida usted aprecia el poder del humor.

 -Yo no sé si soy graciosa, no lo creo, pero siempre digo que me rodeo de personas graciosas. Me gustan porque la gente con sentido de humor te salva. Y en general son personas muy inteligentes que también tienen mucha lucidez para ver el dolor. Entonces siempre me rodeo de ellos. Tengo amigas muy graciosas, mi novio es muy gracioso… Y yo siempre copio.

 -Le hago dos últimas preguntas sobre la situación política en la Argentina de Milei. ¿Cómo están los argentinos?

- Bueno, en principio guardando la plata. Ahora desesperados. Es deconcertante. Pero, de cualquier modo, económicamente venimos mal hace mucho tiempo, esto no es algo que inaugura Milei. No es una crisis que apareció de un día para el otro. Pero sus medidas están atentando cada vez más contra los pobres, contra la clase media, no está tocando el bolsillo a los que más tienen. Para nada.

 -¿Lo votaron por desesperación?

 -Mucha gente lo votó por desesperación. Creo que la desesperación fue tal que la gente entregó en bandeja sus derechos y eso nos debería alarmar a todos.

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