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Los problemas de recambio generacional en los centros asturianos, según el presidente del mayor que hay en España

«Creo que Asturias debería tener mayor protagonismo nacional y ahí los centros asturianos, que son embajadas socioculturales, se revalorizarían y deberían servir también como plataformas económicas, tenemos que ser punto de encuentro para empresarios y emprendedores», afirma Valentín Martínez-Otero, el presidente de la casa regional de Asturias en Madrid, donde viven casi 41.000 asturianos

Martínez-Otero, doctor en psicología y profesor de la Complutense, investiga en sobre las conductas violentas de los jóvenes y considera que las tecnologías digitales "están potenciando el consumo de modelos violentos" entre niños y adolescentes

Valentín Martínez-Otero

Valentín Martínez-Otero

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Valentín Martínez-Otero es presidente del Centro Asturiano de Madrid. Tiene 61 años. Nació en Oviedo y cuando tenía 12, se fue con su familia a Madrid. Su padre, Rutilio Martínez-Otero, hasta entonces profesor de Literatura en la Universidad de Oviedo, se trasladó a la Complutense de Madrid. En la capital fue vicepresidente del Centro Asturiano con Cosme Sordo como presidente y fue su hijo Valentín quien luego tomó las riendas de la casa regional más importante de todas las asturianas que hay en España. No en vano, Madrid ha sido y sigue siendo el principal destino de los asturianos cuando salen del Principado. En la capital hay cerca de 41.000 asturianos censados. Además de este vínculo con la comunidad asturiana, Martínez-Otero es doctor en Psicología y Filosofía. Además de su labor como profesor en la Complutense, es director del grupo de investigación "Psicosociobiología de la Violencia: Educación y Prevención". Responde a LA NUEVA ESPAÑA por vídeo llamada desde Brasil a donde acude en su periodo vacacional desde 2008, en una estancia universitaria en la universidad e Rio Grande do Norte. Además de participar en diversos cursos, está realizando un estudio sobre comportamientos agresivos en los jóvenes brasileños y posibles orientaciones educativas preventivas.

–Luego hablaremos sobre la violencia y los jóvenes. Pero, si le parece, empiezo a preguntarle sobre su vinculación con la comunidad asturiana en Madrid. ¿Cómo ha visto evolucionar el Centro Asturiano en estos años?

–Mucho. Estamos en una sociedad mucho más tecnificada, donde todo cambia muy rápidamente y a veces no somos capaces de adaptarnos a esos cambios tecnológicos. Por ejemplo, en el trabajo. En la universidad, cuando uno ya se familiariza con una determinada plataforma para comunicarse con los alumnos fuera de las clases presenciales o publicar las notas, esa plataforma cambia. El cambio se nota en muchos aspectos y en nuestras casas regionales ese cambio se ha traducido en un cierto desapego. Hay más proximidad a Asturias gracias al transporte y a las nuevas tecnologías y ya no se echa tanto de menos la tierrina, así que las necesidades de inscribirse en una institución como la nuestra son mucho menores. LA NUEVA ESPAÑA ha creado con "Asturias Exterior" unas red digital y será muy beneficiosa para todos. Me alegro muchísimo de que se haya materializado esta posibilidad de interconexión entre todos los asturianos del exterior. Pero creo que también nos hace falta más enganche presencial.

–La tecnología acerca y reduce la nostalgia, también la necesidad de agruparse "en tierra extraña". ¿Y cómo pueden contrarrestar eso las casas regionales?

–En ese desafío nos hallamos. Es un debate permanente y sale en todos los foros. Tratamos de que nuestras casas resulten atractivas, de dar espacios para que los jóvenes puedan desarrollar sus propias actividades con autonomía. En ese reto nos hallamos. No tenemos la clave definitiva, ni muchísimo menos. Le puedo decir que en el Centro Asturiano de Madrid tratamos de animar y estimular la participación juvenil a través de las actividades de nuestras agrupaciones artísticas, del baile, de las gaitas, que gustan mucho, contra lo que pudiera parecer. Pero siempre es insuficiente la participación porque demográficamente, igual que ocurre en otras zonas de España, tenemos una población muy mayor y no hay recambios suficientes.

–¿Cuántos socios tienen ahora el Centro Asturiano en Madrid?

–En números redondos, unas mil familias. Contándolos a todos, unas tres mil personas. El Centro es grande, tenemos un patrimonio significativo. Eso es un arma de doble filo. Tiene un potencial enorme, pero genera muchos gastos. Estoy pensando en la finca que tenemos a 25 km de Madrid. La situación del Centro está saneada, pero prácticamente solo nos permite mantener, no invertir, que sería lo deseable para renovar instalaciones y resultar una institución más atractiva. Pero ahí estamos. Confiamos en que vamos a avanzar significativamente.

–¿Los jóvenes asturianos en Madrid, que hay muchos, no tienen ya esa vinculación que tenían ustedes con el Centro?

–Es otra forma de vivir. La vinculación al Centro no la sienten de la misma manera, sin duda alguna. Como decíamos, no se percibe esa añoranza de décadas atrás. La señaldá queda muy mitigada por las posibilidades de ir a Asturias en un tiempo muy breve. Las formas de relación son otras. A través de las redes sociales, quedan entre ellos y no necesitan una inscripción que, además, supone el pago de una cuota, que aunque no sea muy elevada es una manera también de comprometerse. Haría falta más arraigo en ese sentido, más compromiso. Compromiso con nuestras casas regionales, que hacen una labor impresionante. Hemos de decirlo con toda la modestia, pero es cierto. Las actividades del centro son muchísimas Una vez que empieza el curso, no hay más que mirar el programa, se hacen muchísimas y con mucha ilusión. Pero, claro, el envejecimiento de gran parte de nuestros socios es un lastre.

–En el 2025 hay congreso de asturianía. ¿Cómo hay que reformular el papel de los centros asturianos en el mundo?

–Sería fundamental potenciar el papel de Asturias en el conjunto de España. A veces desde la distancia, da la impresión de que Asturias está un poco dormida, un poco relegada en el concierto nacional. Creo que Asturias debería tener un mayor protagonismo. Y a partir de ahí los centros asturianos, que son embajadas emocionales y socioculturales, también se revalorizarían. Este congreso es una ocasión para escucharnos de forma clara, consciente y reflexionada con los distintos acentos, con las distintas aportaciones que se pueden hacer de los diferentes países. Será una manera de fortalecer nuestra unión. Es importante que estemos interconectados.

–¿Habría que potenciar que esas embajadas también fueran empresariales?

–Indiscutiblemente. Tenemos que ser plataformas en la dimensión sociocultural pero también económica. Nosotros tenemos que servir de puntos de encuentro para empresarios, para emprendedores. Necesitamos que se crea en nosotros que se utilicen y que se utilicen nuestros espacios, que están disponibles. y además de una forma muy asequible.

–Hablemos, si le parece, de su actividad profesional en el ámbito de la psicología, la educación y el estudio de la violencia juvenil. ¿Se están haciendo más violentos?

–Nosotros insistimos mucho en que la inclinación a la violencia no tiene un carácter biológico sino que en gran medida es un aprendizaje. Por tanto, debemos orientar nuestras conductas de una manera pacífica, dialogante y convivencial. Y aunque la violencia es una constante lo largo de la historia, también varía cómo se produce. Y ahora se está produciendo a través de la tecnología. Estoy pensando, por ejemplo, en los entornos escolares y en el ciberacoso que se está produciendo. Está haciendo muchísimo daño y está muy extendido. Por falta de preparación básica del alumnado pero también del profesorado, porque nos sentimos muchas veces desbordados.

–¿Los móviles funcionan como armas en la escuela?

–Así es. Luego también hay un gran consumo de modelos violentos por parte de adolescentes y preadolestantes. Me refiero a la pornografía, que tiene un impacto tan negativo en muchos menores. Negativo porque genera eso que en psicología llamamos la desensibilización sistemática. Y el efecto de imitación y contagio que se produce: se tiende a reproducir determinados comportamientos, a veces sin verdadero conocimiento de lo que se está haciendo, sobre todo cuando son muy pequeños.

–¿En la escuela, la tecnología digital es un tsunami que nos está arrollando y modificando el comportamiento humano más básico de los alumnos: pérdida de atención, modelos violentos…?

–Totalmente. Se produjo una aceptación masiva y acrítica de esas tecnologías por parte de los sistemas escolares. Y ahora se está viendo los efectos. Y se está planteando la imitación del uso en la escuela. Y lo veo muy bien. El uso de esas tecnologías tiene que responder a una finalidad pedagógica, no puede ser que se utilicen porque sí. Los efectos perjudiciales pueden ser mucho más cuantiosos que los beneficios, como está ocurriendo efectivamente. Con respecto a la atención, se está dando esa pérdida a la que usted alude. Me lo decía un maestro de Primaria, que lo veía año a año en sus alumnos. Él lo atribuía a las tecnologías.

–¿Y percibe usted en su enseñanza en la universidad?

–También en la universidad lo encontramos. Los alumnos son más intolerantes al discurso durante unos minutos, luego desconectan. A veces hace unas preguntas, no capciosas sino simplemente para que haya retroalimentación y te piden que les repita la pregunta, porque estaban absolutamente desconectados. Y es por eso, por el efecto insidioso de la tecnología.

–En alguno de los artículos que usted publica con cierta frecuencia en LA NUEVA ESPAÑA se mostraba muy preocupado por la polarización social y política y señalaba las redes sociales.

–Fruto de las nuevas tecnologías y de los discursos de algunos partidos. Esto hace que los puentes entre posicionamientos ideológicos muchas veces se alejen, que no existan esas conexiones esenciales que necesitamos en la convivencia democrática.

–Tras el periodo histórico de mayor bonanza económica en Europa, donde la educación para la paz fue una constante, ¿vamos hacia una nueva era violenta?

–Es una de las paradojas. Estamos asistiendo también a una relativización o desprecio de los valores que entendemos fundamentales, que están recogidos en nuestras constituciones, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y probablemente tenga que ver con el uso inadecuado de la tecnología y también con la provisionalidad con que se percibe casi todo, eso que llamaba Bauman la sociedad líquida. Parece que quedamos sin referencias, sin asideros. Y si a eso se le agrega ciertos modelos políticos donde todo vale para alcanzar las metas …

En Francia se evitó el ascenso de la ultraderecha al poder, pero hay gente que piensa que, tarde o temprano, llegarán. Es como si el espíritu de los tiempos fuera por ahí.

–No sé lo que puede acontecer. Pero lo importante para nuestras sociedades y, por lo que estamos viendo también en España, es fundamental reforzar el papel de las instituciones, blindar la separación de poderes. Es absolutamente necesario. Estamos viendo estas injerencias y esto es peligrosísimo para todos. En la medida en que defendamos el Estado social de derecho estaremos trabajando y sembrando por el bien de todos. Hay que evitar que se cuelen ideas que atenten contra esa convivencia, vengan de donde vengan.

–Le hago la última pregunta. ¿Cómo ha visto la evolución de Brasil desde que usted empezó en 2008 a hacer sus estancias estivales?

–El problema es la gran desigualdad, como en toda Iberoamérica. Hay una juventud con un potencial enorme, con unas ganas de vivir enormes, pero con unas deficiencias estructurales extremas. Es la región más desigual de toda Iberoamérica. De pronto estás en una torre con todo tipo de seguridad y al lado están las favelas. Es una situación de contrastes que genera también un caldo de cultivo para la violencia. Además, al penetrar la droga, hace que para sectores significativos de Brasil y de América Latina, la vida humana valga muy poco y haya que tener una precaución enorme.

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