El asturiano que alimenta a todo el Caribe: la historia de José de Santiago, nieto de un emigrante de Luarca
El empresario que patrocina la participación de Puerto Rico en el desfile del Día de América en Asturias, encabeza la mayorista líder en distribución de alimentación del área caribeña y preside la Casa de España en Puerto Rico
«A través de mi padre aprendí a querer a Asturias, a quererla mucho. El ser asturiano es algo muy fuerte. Es una forma de ser: el asturiano es abierto, es laborioso, es tenaz. Por eso se marchó tanta gente de aquí para aventurarse sabe Dios dónde. Y fíjese en todo lo que hicieron los asturianos en América. La obra de los asturianos es enorme».

José Eduardo de Santiago / Irma Collín
José Eduardo de Santiago (San Juan de Puerto Rico, 1954) preside la compañía puertorriqueña José Santiago Inc., que lleva el nombre de su abuelo –el fundador– y que se ha convertido en la principado distribuidora mayorista de alimentación en todo el Caribe. De Santiago patrocina la presencia de Puerto Rico en el desfile del Día de América en Asturias, que se celebra mañana en Oviedo. Además de otras distinciones, es Caballero de la Orden de Malta y ha recibido, en España, la Cruz de Oficial del Mérito Civil y la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica. Desde 1997 preside la Casa de España en Puerto Rico. Esta es la historia empresarial de su familia, contada por él mismo, y su visión de la vida, los negocios y de la asturianía.
Iba para Cuba y se bajó en Puerto Rico. «Mi abuelo, José Santiago Fernández, nació en Luarca en 1872. Estuvo varios años trabajando en Madrid con un tío que tenía un comercio de ultramarinos. Le llevaba las cuentas. En 1895 decide irse a Cuba. Pero el barco recaló en Puerto Rico, en San Juan. Dijo que no seguía y se bajó allí. No conocía a nadie en San Juan. Primero tuvo otros negocios hasta que, finalmente, en el 1902, funda la empresa que yo aún presido».
Comenzó en un colmado. «Mi abuelo empezó con una empresita de venta de alimentos al detalle; un colmado, como lo llamaban antes. La empresa pasó a ser el mejor detallista de alimentos en San Juan. A los pocos años empezó a importar productos de España y los vendía al por mayor. Tuvo el primer frigorífico en Puerto Rico en los años 30, cuando la refrigeración era incipiente en aquella época. Muere en 1950 y ya dejó un capital sustancial. Había hecho muchas inversiones inmobiliarias y financieras».
El buen hijo. «Mi abuelo tenía dos hijos y una hija. Mi tía vivía en Madrid y mi tío no quiso seguir con la empresa, así que mi padre Juan Ángel, que nació en 1916 y falleció en 2003, pasó a ser el único propietario. Continuó con la empresa y la desarrolló mucho. Mi padre fue un gran hijo y la gente vieja dice que el buen hijo es buen marido y será buen padre. Se ocupó y cuidó de sus padres con gran esmero. Eso cuesta mucho porque lo que más vale que es el tiempo. El dinero lo puede tener mucha gente, pero dedicar tiempo a los que uno quiere es lo que vale. Y él dedicó mucho tiempo a sus padres. Yo trato de parecerme a él en todo lo que puedo, me cuesta mucho porque fue una persona excepcional. Estudió Medicina, luego Económicas. Fue un hombre muy inteligente, muy trabajador y muy de su familia».
El crecimiento. «Entré en la empresa en 1977. Hice la licenciatura en Económicas en la Universidad de Puerto Rico, luego un máster en dirección de empresas y ya me incorporé de lleno a la compañía. A partir entonces fueron entrando mis hermanos. Somos cuatro y yo soy el mayor. La empresa creció mucho, la trasladamos en dos ocasiones. Fue objeto de una sucesión de ampliaciones grandes y pasó a ser la mayor de toda la región del Caribe en distribución de alimentos, principalmente a grandes superficies, hostelería… También distribuimos productos relacionados, como desechables y productos de higiene pública».
Echar raíces, estabilidad. «Nuestra cultura empresarial es muy de echar raíces y de desarrollar, de continuidad y estabilidad, de operar dentro de una política muy conservadora en el aspecto financiero. Contrariamente a los gobiernos, las empresas somos consistentes. Los gobiernos pueden cambiar cada cuatro años, a veces con más frecuencia. Viene el nuevo jefe de gobierno y quiere hacer las cosas de otra manera, generalmente de forma radicalmente diferenciada de su predecesor. En el caso de las empresas, aparte de que se planifica la sucesión, hay una consistencia, una continuidad en la política de gestión y en los planes a largo plazo. Eso es lo que nosotros hicimos: en 122 años que tiene nuestra empresa, yo soy el tercer presidente de ella».
«En Puerto Rico, como en otros países de Hispanoamérica, muchísimos asturianos emigrantes echaron raíces. Hubo otros españoles, generalmente de otras regiones, que en cuanto había cierto bienestar económico regresaban a su ciudad o región de origen o dejaban allí gestores. El asturiano permaneció y creó bienestar para muchos. No solo para sí, para muchos. En nuestra empresa han trabajado generaciones de las mismas familias».
Cuidar la libertad. «Como referencia, el sur de Florida es un mercado muy parecido en cuanto a patrones de consumo y de vida al de la población de Puerto Rico. La economía puertorriqueña se desarrolla mucho a partir de los años 50, cuando pasa de tener una base agraria a una industrial, de manufacturas. Sin duda, es un país donde hay un gran consumo, hay bienestar económico, un país donde ha habido estabilidad política y seriedad es las instituciones del Estado que funcionan de igual forma para todos. Eso es imprescindible para que haya desarrollo económico. Ha habido un desarrollo económico consistente, ha sido una buena sede para hacer negocios, sin duda».
«A mi abuelo lo vino a ver Dios el día se quedó en Puerto Rico y no se llegó a Cuba. Hubiera sido una historia muy distinta, probablemente. Una historia que otros muchos la vivieron, para desgracia de tantos. Estamos acostumbrados a vivir en libertad, con el gran valor que tiene eso. Algo que nunca debemos menospreciar es que la libertad cuesta lograrla, pero cuesta muy poco perderla. Y eso igual se está olvidando. No vamos a hablar de España porque entonces nos vamos por peteneras y la liamos. Pero aquí están pasando cosas que me preocupan. Me preocupa la polarización que ha renacido en España. Esa es la razón de una buena parte de los males que vivimos en España. Tendríamos que haber subsanado las diferencias, haber seguido la trayectoria que se llevaba de reconciliación. Pero a veces a algunos políticos les conviene la polarización y la alcanzan».

José de Santiago, durante la entrevista / irma collín
Educado «en asturiano». «Mi padre fue el primero en nacer en Puerto Rico, pero mi padre nos crió ‘en asturiano’. Nos enseñó a ser asturianos. Nos traía cada verano un mes a Asturias. A Luarca, generalmente. O a Oviedo. También pasábamos un mes en Mallorca. Y otro mes viajando por el mundo. Mi padre quiso enseñarnos el mundo, y lo hizo. Con 12 o 14 años yo ya conocía casi el mundo entero. Íbamos mis padres y los cuatro hermanos, con dos niñeras. A veces a la más pequeña la dejaban con una tía en Mallorca, que aún era muy pequeñita para esos saraos en esos sitios. Mi padre quería que lo viéramos todo. Desde la Unión Soviética a Irán. Quería que viéramos cómo se funciona en otros sitios. Todos los años, un destino diferente».
El sentimiento fuerte. «A través de mi padre aprendí a querer a Asturias, a quererla mucho. El ser asturiano es algo muy fuerte. Y el sentirlo es muy fuerte. Esto es muy importante. Es una forma de ser: el asturiano es abierto, es laborioso, es tenaz. Por eso se marchó tanta gente de aquí para aventurarse sabe Dios dónde. Y fíjese en todo lo que hicieron los asturianos en América. Echaron raíces, fundaron empresas, fundaron familias, fundaron centros sociales, centros hospitalarios. La obra de los asturianos es enorme».
La casa de España. «Desde hace 25 años presido la Casa de España en Puerto Rico. Nos dedicamos a difundir España. Es una entidad cultural y de confraternización. Tenemos un programa cultural muy intenso. Nuestra sede es un palacio precioso al lado del Capitolio de Puerto Rico y es un escaparate de España excepcional. Lo mantenemos en muy buenas condiciones con gran esmero y dedicación. Puerto Rico se sigue sintiendo muy español. Hablamos español, vamos a misa en español, nuestra vida es en español».
«Le cuento una anécdota simpática muy significativa. En febrero de 2022 recibimos la visita de Felipe VI, por el quinto centenario de la ciudad de San Juan. Los servicios de seguridad pretendían meter a Don Felipe en coche del punto A al punto B al punto C. Y todo dentro de una ciudad pequeña, amurallada, antigua, muy grata de caminar. Pues había un teniente muy simpático que llevaba la seguridad de palacio y era asturiano. Y yo le dije: ‘Oye, paisano, mira, yo te voy a ser sincero, si don Felipe camina por San Juan la gente le va aclamar’. Sea por lo que yo dije o por alguna razón, el Rey caminó entre el ayuntamiento y la iglesia de San José, la antigua capilla del convento dominico, y así fue: la gente le aclamaba. Tenemos un rey ejemplar y una familia real inmejorable».
El amor y la velocidad. «Aquello fue la Divina Providencia. En 1977 venía con un amigo mío a Pola de Allande, sus padres eran de allí y habían emigrado a Puerto Rico. Iba a dejarlo en Pola y seguía a casa de mi tío Avelino, en Luarca. Veníamos en un coche deportivo, un Alfa Romeo GTV, di con una piedra y se cayó un trozo del tubo de escape. Mi amigo me dice: quédate y mañana te reparan esto. Nos quedamos en el edificio de pisos donde vivían sus padres y por la mañana me asomé a la ventana y vi a quien luego pasó a ser mi mujer, María Esther Suardíaz. Ella nació y se crió en Pola. La busqué, la encontré y me presenté. Me quedé tres semanas en Allande. Hasta 1985 no nos casamos. El noviazgo a distancia no es lo que más propicia la cercanía. Y aquella época era la de escribir cartas, con lo que tomaba todo aquello…(risas). Pero no veas que sí salió bien. Es una persona maravillosa a la que adoro. Tenemos un hijo, José Eduardo, de 37 años. Ahora es él quien hace todo el trabajo que yo hacía en la empresa. Tenemos una nieta. Todos tenemos la nacionalidad española, estamos muy vinculados con Asturias y España. Ahora vamos a construir una casa en Oviedo porque queremos pasar medio año en España. Como digo yo, cosas de la edad. Yo tengo 70 años y, bueno, me siento bien y disfruto de buena salud. Todavía me bajo con agilidad de los coches deportivos, que tengo una cantidad de ellos».
–¿Cuántos?
–Como quince.
–¿El preferido?
–Un Jaguar XK RSGT que es muy excepcional, coches de aluminio de 650 caballos azul turquesa y lo tengo con la bandera de Asturias en los dos guardabarros.
–¿El primero?
-Aquel el Alfa Romeo GTV rojo aquel con el que vine a España. Fue el primer deportivo porque, antes de eso, mi padre que no se fiaba mucho de nuestra forma de conducción y nos compraba coches grandes, Volvos y coches americanos, por si pegábamos con algo.
–¿El soñado?
–Uy. un Aston Martin DB5. Tengo un DB11 y un DB12 pero el DB5 era genial, un coche maravilloso.
–Es el de James Bond, ¿no?
–Sí, pero sin cohetitos, ni tachuelas, ni cañones.
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