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Los Cueto y la aerolínea "colunguesa" con 75 millones de pasajeros anuales que sobrevivió al impacto del covid

La saga empresarial fundada por el colungués Juan Cueto Sierra, fallecido en enero pasado a los 93 años, sanea y recupera la rentabilidad de la mayor flota aérea de Latinoamérica tras superar un proceso concursal en Estados Unidos

Los Cueto reciben en la persona de Enrique Cueto uno de los premios Asicom que se entregarán en Oviedo el próximo 15 de octubre

En segundo término, de izquierda a derecha, Enrique Cueto Plaza, Ignacio Cueto Plaza, Juan José Cueto Plaza. En primer término, Juan Cueto Sierra, fallecido este años, su actual viuda Sonia Plaza y su Esperanza Cueto Plaza.

En segundo término, de izquierda a derecha, Enrique Cueto Plaza, Ignacio Cueto Plaza, Juan José Cueto Plaza. En primer término, Juan Cueto Sierra, fallecido este años, su actual viuda Sonia Plaza y su Esperanza Cueto Plaza.

Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

Enrique Cueto Plaza (Chile, 1959) recogerá en nombre de la familia Cueto, impulsora de la aerolínea Latam, la mayor de América Latina (más de 30.000 empleos y 75 millones de pasajeros anuales) uno de los premios que entregará el próximo 15 de octubre en Oviedo la Asociación Iberoamericana de la Comunicación (Asicom). En enero de este año falleció a los 93 años el fundador de esta saga de empresarios astur-chilenos, Juan Cueto Sierra, colungués de nacimiento. Con ocho años de edad emigró a Chile con su madre y hermanos, en plena Guerra Civil. Su padre, Enrique Cueto, murió después fusilado por las tropas de Franco. De la honda herida emocional que aquella muerte dejó en su padre habla Enrique en esta entrevista con LA NUEVA ESPAÑA, donde también detalla los orígenes de la vinculación con Chile de su familia, habla de los esfuerzos de su abuela María por sacarlos a todos adelante en América, del nacimiento y evolución de su grupo empresarial y también del reto existencial al que se enfrentó la aerolínea con la pandemia de 2020, que dejó a casi todos los aviones comerciales en tierra. Fue un momento, además, en el que Enrique Cueto ya había programado dejar su puesto como CEO de la compañía para dar paso a un director ejecutivo de su confianza, Roberto Alvo, quien tuvo que lidiar directamente con el proceso concursal al que se acogió la compañía en Estados Unidos. Hoy, Latam retorna a los resultados positivos y remonta el vuelo. En el camino, el virus causó a los Cueto un serio impacto económico. Perdieron una fortuna. Pero Enrique repite lo que aprendió de su padre: no es la plata lo que importa, lo que importa es levantarse siempre después de caer. «Con ocho años me dijo: nunca se te olvides que no hay pared que tú no puedas cruzar si lo intentas, si lo quieres y te dedicas a eso». Y ahora, en sus palabras:

1. El bisabuelo adelantado

«Para la familia este premio de Asicom es algo muy lindo porque tenemos una historia muy larga de relación de España y de Asturias con Chile. Piense que mi bisabuelo paterno, Pedro Cueto, estuvo en el norte de Chile, en la zona del salitre, haciendo dinero a fines del siglo XIX, sobre el 1890. Después, volvió a Colunga. Pero ya hay una relación con Chile, y con el emprendimiento, que nace ahí. Es ese espíritu de Asturias que nos han transmitido: que aunque te caigas, vas para adelante, luchas y sales. Eso y las ganas siempre de volver al pueblo de origen».

«Después llega la guerra civil, donde mi abuelo, Enrique Cueto, fue fusilado. Hay una discusión siempre en la familia sobre si hizo bien. Dejó a su familia en un barco, en Gijón, sobre 1937. A su señora con cinco hijos. El mayor tenía 11 años, el último tenía 4. Salió el barco a Francia y allí a esperar si llegaban unos pasajes de México, donde habían parientes, o a Chile donde que también tenían. Eran los Sierra, asturianos también. Mi padre, que se acordaba de cómo sonaba la alarma de bombardeo y cómo había que ir a cubrirse, viajó a Chile con ocho años. Con su madre, con sus hermanos y unos tíos. No quedó ningún pariente en Colunga. Se fueron todos menos mi abuelo, que los fue a dejar al puerto y dijo ‘Yo tengo que seguir luchando’, y se quedó peleando».

«La que tiró de la familia fue mi abuela María con una valentía tremenda. En Chile los tíos tenían la Casa Sierra, donde se vendían telas, y ella pasó a ser la mujer de la caja que llevaba el dinero. Trabajó toda la vida para mantener a sus hijos. También la ayudó la cultura del apoyo que tenían los tíos emigrantes, que le pusieron la casa y los niños pudieron vivir juntos».

«Mis tíos, los hermanos de mi padre, fueron todos profesionales: doctores, profesores, grandes personas. Mi padre le dijo siempre a mi abuela: yo voy a estudiar muy poco, voy a estudiar comercial y a trabajar porque tengo que ayudar a mi hermano y a mi madre, que está en la caja. Él fue el único emprendedor de negocio entre sus hermanos. Y ahí empezó haciendo cosas, un montón de negocios. Partió con tiendas de carteras de cuero, después tuvo un banco... después tuvo otro banco, el Banco Concepción».

«En esa etapa estábamos en la dictadura militar y ellos tenían un grupo económico que no era afín al gobierno. Sin ser mi padre nunca un hombre de izquierda, que siempre fue de centro, no era afín al gobierno militar. Así que en esa época vinieron e intervinieron toda la banca. Y en esa intervención quedaron todos presos tres o cuatro meses. Íbamos a verle y, lo que es la fortaleza que tenía, siempre él nos decía: «¿Cómo estamos? No os preocupéis, al lado de lo que pasó mi papá, esto es la nada misma».

Enrique Cueto Sierra, en Colunga

Juan Cueto Sierra, en Colunga / .

2. Un viejo avión de carga

«Nos pasó que era justo cuando yo había salido de la universidad junto con mi hermano Ignacio. En ese grupo económico que teníamos, que no era muy importante, alguien había presentado un proyecto de poner un avión de carga. Entonces, el ministro de Economía de Chile, le dijo a todo ese grupo económico: yo no puedo matar todo el emprendimiento de Chile quitándole todas las empresas a estos hombres. Entonces le preguntó: ¿con qué empresa pequeña se pueden quedar? Con mi hermano, ya habíamos empezado ahí a dar carga a ese avión, un carguero viejo. Y le dijimos: papá, quedémonos con el avión. Así que nosotros creamos esta compañía de carga, Fast Air. Y ahí empezamos. Hablamos del año 1983. Al poco tiempo, teníamos dos aviones y así. Empezamos y nos fue bien. Uno de mis hermanos en Miami cargaba los aviones, y yo los cargaba desde este lado. Y así nos fuimos armando».

La compra de Lan. «Llega el año 1993. En el año anterior, se anuncia la privatización de la primera aerolínea el país, Lan. Se hace una privatización muy mal hecha, pero habían limpiado la compañía muy bien, la habían dejado perfecta. Lan tenía entonces 12 aviones. Era pequeñita. Y mi padre, que siempre fue tirado con onda, tirado para adelante como quien dice, que siempre iba tres pueblos arriba de lo que había que hacer, nos dice: oye, ¿por qué no lo compramos? Le decimos: nosotros somos expertos en carga. Y él, con una visión muy clara, nos dijo: mirad, esta es una compañía que no pierde dinero, que tiene aviones con bodega donde que se puede poner carga. Y ustedes saben ponerle muy bien carga. Por lo tanto, si esta compañía no pierde dinero, y esta gente no lo hace bien en carga, y nosotros le ponemos carga, con eso va a ir mejor que lo normal. Y a partir de ahí podemos empezar a crecer, nos dijo. Se buscó unos socios (entre ellos Sebastián Piñera, también de origen asturiano y posteriormente presidente de Chile), y ¡pumba!, compramos la aerolínea. Mi padre, el día que cerró la negociación, nos dijo: hijos míos, yo hasta aquí llego, la parte de administración no es mi gusto; me voy a encargar de ver en dónde ponemos las oficinas, que es lo que me gusta, y la parte del día a día háganla ustedes».

3. La expansión internacional

«Y de ahí partimos en 1994. Yo tomé el cargo de CEO, consejero delegado, y en 1997 queríamos ya abrirla a la bolsa. Pero vamos a Nueva York y nos dicen que necesitamos dos cosas: buenos resultado y crecer. Si no hay crecimiento, a la bolsa no le interesa. Entonces ahí empezamos a decir: hagamos una compañía en Perú, después hagamos una compañía en Ecuador… Vayamos haciendo compañías en cada país. Empezamos a armar. Pero la mitad del tráfico de Sudamérica, que suponía el 6% mundial, era Brasil. Tenía el 3% del 6%. Nos dijimos: o estamos en Brasil, o estamos muertos. En 2012 pudimos llegar a un acuerdo con Tam de Brasil y ahí formamos la Latam como única marca».

«La industria aérea es una industria de redes, por eso cuando tú llegas a tener ese tamaño ya te hace apetecible para socios globales, que quieren que sus pasajeros puedan continuar volando por Sudamérica a otros destinos. Por eso tenemos a Qatar, tenemos a Delta (como socios), por eso tenemos un acuerdo con Iberia, porque nos hicimos valiosos».

«Hoy tenemos una gran compañía, vendemos 12.000 millones de dólares. Tenemos 75 millones de pasajeros. Una de las grandes del mundo, de lejos la más grande de Latinoamérica. Tenemos 340 aviones».

Pero casi no lo cuentan: en esto, llegó el covid. «Exactamente, todo lo anterior es hasta el momento que entra la pandemia. A diferencia de lo que pasó con otros gobierno, en Chile –y es muy entendible porque son países que no tienen los recursos que puedan tener en Europa o en Estados Unidos– nos dijeron: no hay ni un apoyo a la industria aérea. Y la industria aérea, con cero pasajeros y con esa deuda, tuvimos que declararnos en ‘Chapter 11’ que es como se llama al proceso concursal en Estados Unidos. Por primera vez una empresa chilena hizo un proceso concursal bajo la ley estadounidense. Principalmente, porque Latam ya no era una compañía solo chilena y, segundo, porque los aviones están arrendados a grandes arrendadores del mundo».

«Obviamente la salida de este proceso requirió que alguien esté dispuesto a poner dinero fresco. Y ahí Qatar Airlines y Delta nos dicen: pongamos nosotros una parte de ese dinero que después se transforme en, nuevamente, propiedad de la compañía. Y a la vuelta volvimos a poner los tres dinero para iniciar este proceso. Nosotros nos quedamos con el 5% de la compañía, antes teníamos el 25%. Obviamente perdimos una cantidad de dinero infinita, pero nos levantamos. Ya salimos del Chapter 11. Lo más increíble es que la banca, las otras líneas aéreas, el mercado y la gente (Latam tiene más de 30.000 empleos) están agradecidos y además admirados de qué onda nos caímos, pero nos volvimos a levantar. Obviamente, la gente pasa y las obras quedan. Seguimos en el consejo de administración de la compañía, estamos ahí. Es un proyecto maravilloso».

Enrique Cueto Plaza

Enrique Cueto Plaza / .

4. La plata perdida

«Vuelvo al espíritu de mi padre y que yo siento que fue también el de mi bisabuelo: a mi padre nunca le importó el dinero como dinero. Le gustaba hacer cosas. A mí me pararon dos veces en la calle dos grandes empresarios: ¿oye cómo estás llevando tú el Chapter 11?. Y yo les dije: estamos trabajando, vamos a salir adelante. Y ellos: pero ustedes han perdido una fortuna... Y yo: bueno, pero el empresario es eso, es riego y caerse, y volver a levantarse. El dinero por el dinero en la familia nunca ha sido el tema. Nos gusta hacer las cosas bien».

La pared. «Mi madre, Sonia Plaza, chilena, que venía de una vida bien modesta, se preocupó de que no fuéramos ostentosos. Mi padre nunca fue ostentoso. Él hacía lo que le gustaba y punto. Terminó los últimos años viviendo prácticamente todos los veranos en Colunga. Se pasaba 4 meses y lo único que iba era al bar de allí, teniendo los recursos para estar en cualquier lado. Yo siempre le tuve mucho respeto y de las cosas que nos enseñó, me quedo con dos. Yo tenía 8 o 9 años y estaba medio enfermo, y me dijo: ‘Enrique, nunca se te olvide que no hay pared que tú no puedas cruzar si lo intentas, lo quieres y te dedicas a eso’. A esa edad ya empezaba a decírnoslo: no hay pared, no hay pared».

«Y la segunda. Cuando yo tenía 12 años y mi hermano 8, mi padre tenía muchas tiendas de carteras de cuero y en las Navidades trabajábamos envolviendo los regalos o éramos cajeros y manejábamos la plata. Cuando yo tenía 20 años, como estábamos en el Estadio Español de Chile, nos llevaron un mes y medio a mi hermano y a mí a jugar a España. Extraordinaria experiencia. Después, mi padre nos agarró y nos llevó a París, a Londres y a Milán. Nos vistió y fuimos a comer a grandes restaurantes. Y nos dijo: ‘Ya vi que ustedes aprendieron a trabajar, pero también tienen que aprender a gastar. No hay nada peor que la vida te dé esa oportunidad de tener recursos y ser un amargado, vivir peleándose con los hermanos, no saber disfrutarlo o no saber cómo dárselo una fundación para hacer obras sociales… Aprendan esa otra parte».

«Nos llevamos como pocas familias. Piense que mi hermano Felipe, que murió, para nosotros es como si estuviera ahí. Esto se reparte a partes iguales entre los hermanos. Sus hijos van a recibir lo mismo que mis hijos. En eso no hay discusión. Todo eso tiene que ver con lo que nos inculcaron. Eso y la vinculación a Asturias. Todavía hace poco estuvieron ya mis nietos bañándose en La Griega».

5. La herida

«Mi padre no volvió a Asturias durante muchos años por la cuestión de que le habían matado a su papá. Pero después regresó, se compró la casa y ahora vamos todos para allá. Mi padre nunca fue rencoroso. Pero a él le costó mucho asumir eso desde el punto de vista personal. Durante muchos años no fue capaz de leer las cartas que les envió su padre antes de morir. Y, por ejemplo, cuando mi padre y mi madre iban al cine, mi madre volvía comentando cómo le había hecho llorar la película y mi papá la miraba y decía: ‘Sonia, para llorar es mejor abrir la ventana y mirar el mundo’. No soportaba la pena. Eso siempre lo evitó».

«Una cosa que refleja lo que era mi padre es lo que nos pasó en 1978, cuando Chile estuvo a punto de tener la guerra con Argentina. Nosotros estábamos en el edad de reclutamiento. Entonces, mi padre, nunca me voy a olvidar, nos llama a mí y a mi hermano y nos dice: ‘Miren, yo nunca les he hablado de esto, pero yo tengo una pena y tengo algo muy duro con lo que me pasó con mi padre, y no estoy dispuesto a que, por tres pequeñas islas en el sur, pierda también yo a mis hijos. Así que yo quiero que ustedes piensen en irse a España’. Luego no hubo guerra y no fuimos, claro».

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