Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

"Europa sigue siendo un ancla para la democracia": la receta de un experto sobre el futuro de la UE en un contexto desfavorable

"El sector de la defensa constituye una oportunidad para Asturias", sostiene José Luis García Delgado, veraneante en Muros de Nalón

José Luis García Delgado.

José Luis García Delgado. / Juan Plaza / LNE

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Xuan Fernández

Xuan Fernández

Madrid

José Luis García Delgado (Madrid, 1944) es Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Nebrija, institución con planes de instalarse en Asturias, y titular de la Cátedra "La Caixa" economía y sociedad. Fue decano de la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Oviedo y vicerrector de la Complutense de Madrid. Es autor de varias obras sobre la modernización económica y, entre otros títulos, es doctor honoris causa por las Universidades de Oviedo, Alicante, Zaragoza y Murcia. García Delgado, que veranea en Muros de Nalón, estuvo recientemente en Asturias, dando una conferencia impulsada por Foro Jovellanos en la casa rectoral de la iglesia de San Pedro (Gijón), en la que habló del proyecto europeo, que domina a la perfección.

Cree que los ciudadanos perciben a Europa como un gran mamotreto administrativo?

Todos los sondeos de opinión muestran un europeísmo importante. Es cierto que la ciudadanía ve a Europa como algo alejado, burocrático, pero en momentos clave Europa está ahí: durante la pandemia, en la gran recesión con Draghi, en la guerra de Ucrania… En los años 80 y 90, cuando España entró en la UE, el europeísmo era altísimo gracias a los fondos de cohesión y estructurales. Se construyeron equipamientos recreativos, deportivos, infraestructuras… Yo lo vi, por ejemplo, en Muros de Nalón, donde veraneo. Todo eso se consiguió gracias a Europa.

El panorama es ahora algo diferente...

Es verdad que esas ayudas se han reducido, pero en crisis recientes, Europa sigue ahí. En 2012 nos sacaron del agujero, igual que durante el coronavirus. Europa sigue siendo una ancla de la democracia que transmite seguridad a los ciudadanos. De hecho, la primera medida del gobierno de Adolfo Suárez tras las elecciones de 1977 fue solicitar formalmente la apertura de negociaciones para la adhesión de España. Eso fue clave para los demócratas españoles. Es cierto que Estrasburgo y Bruselas parecen lejanos para el día a día. Hay exceso de burocracia, pero es que Europa es un proyecto muy complejo, sin precedentes: países soberanos que transfieren parcelas de poder. Es un objeto político no identificado, no aparece en los manuales. Por eso hay que ser comprensivos. La construcción europea es enormemente difícil.

Sostiene que Alemania, uno de los motores económicos de Europa, está "gripado".

Alemania lleva años de decrecimiento. Es la potencia indiscutible del continente, y cuando se resiente, todo lo hace. Pero también tiene fortalezas. Recuerdo que mi compañero de curso, Pepe Comas, que era un gran periodista, decía que Alemania fue en su día "el enfermo de Europa", y en pocos años se recuperó. Es un grandísimo país, aunque con problemas serios. El principal es su apuesta por una industria convencional, empezando por la automoción, que hoy necesita una profunda remodelación.

¿Los problemas de la UE son ahora estructurales?

En la Unión Europea hubo una gran ampliación monetaria sin protocolos adecuados. ¿Cómo no va a haber problemas tras 2007? Entran doce países de golpe con una renta media mucho menor, sin tejidos institucionales comparables ni pautas democráticas asentadas. Eso genera tensiones, como las que vemos hoy en Hungría, que se declara "iliberal". Es un proceso muy parecido al que vivió Alemania con sus landers del Este.

¿Cómo se puede sostener el proyecto europeo en un contexto en el que se va hacia una centralización de los fondos de cohesión en beneficio de los estados y no de las comunidades?

Sí, el tema de los fondos de cohesión puede marcar un punto de inflexión importante. Hay problemas a varias escalas. Con la guerra de Ucrania, la UE reaccionó rápido y le otorgó el estatus de candidato oficial. Pero hay que ser realistas: Ucrania tiene la mitad de la renta por habitante que Bulgaria, que a su vez tiene la mitad de la media europea. Si entra en 2030, no hablamos de un pequeño país, sino de un reto de cohesión real. Además, en España hay situaciones preocupantes: fíjese en los datos de Cáritas sobre pobreza infantil. Sin un mínimo de cohesión social, las democracias no duran. La democracia necesita que no haya colectivos marginados o excluidos.

En Europa se respira unidad entre los grandes partidos españoles, ¿eso es una ventaja?

Durante los mejores años de la democracia española, también en lo económico, Europa fue un vértice de consenso. Ser europeísta facilitaba otros acuerdos: sistema de salud, pensiones, dependencia… Hoy, sin embargo, esa unidad resiste la polarización, y eso es muy negativo. Un ejemplo lamentable es el de las lenguas cooficiales. Cada uno de los dos grandes partidos ha hecho lobby en Europa con posiciones distintas. Es ridículo y muy perjudicial desde el punto de vista de país. Estamos trasladando esa división al ámbito europeo.

¿Por qué Europa ha perdido competitividad empresarial?

Porque no creamos grandes empresas nuevas, no apostamos con decisión por sectores de alto valor añadido, y tenemos problemas de inversión productiva en comparación con Estados Unidos. Antes, la renta media europea se acercaba a la estadounidense; ahora nos hemos alejado. Europa tiene dos hojas de ruta claras: el informe Draghi y el del Consejo Europeo, ambos muy coincidentes. Dicen que hay que empezar por el final: cohesión, unidad. Tenemos un mercado único… Pero no lo es en la práctica.

¿Por ejemplo?

Un ejemplo rápido: una start-up holandesa debe enfrentarse a 27 legislaciones distintas. Es una locura. No hay aranceles internos, pero sí regulaciones administrativas distintas que encarecen costes. Hay una hiperregulación. Draghi lo dice claro: si eliminamos esas trabas internas, seríamos mucho más competitivos. Y ojo, en España hay 17 legislaciones adicionales. Cohesión, unidad, productividad. No podemos perder capital humano. Lo que está ocurriendo en Estados Unidos es preocupante, pero también una oportunidad para Europa.

¿Y en cuanto al sector de la defensa?

Es una oportunidad para regiones como Asturias, que tiene una importante industria armamentística, con tradición, saber hacer, mano de obra cualificada… habilidades que en muchos casos son hereditarias, como en la minería. Hay que aprovecharlo. La defensa es hoy una obligación para Europa. Tenemos el mejor estado del bienestar del mundo, incluso mejor que el de Estados Unidos.

¿Qué hay de Trump y su influencia en la defensa europea?

Trump impuso modos lamentables en política, pero dejó claro que EE. UU. no puede seguir cargando con todo el peso de la defensa europea. Y Europa se ha dado cuenta: éramos casi una colonia con una metrópoli que nos defiende. Eso no puede seguir así. Leta (Enrico Letta, que fue primer ministro de Italia y elaboró un informe económico de las capacidades europeas) ya lo advirtió.

n

Tracking Pixel Contents