José Barreiro, el socialista del largo exilio, vuelve a casa: un cómic de Alfonso Zapico
El dibujante blimeín, Premio Nacional de Cómic, firma la biografía ilustrada del maestro langreano que sostuvo desde Francia al PSOE asturiano durante la dictadura de Franco, y cuyos restos mortales vuelven el 11 de octubre a Asturias
Alfonso Zapico
En la noche del 20 al 21 de octubre de 1937, tras la caída del frente y la victoria de las tropas sublevadas en el norte de España, el dirigente socialista langreano José Barreiro (1908-1975) dejó Asturias para siempre. Primero recaló en Barcelona, donde se hizo cargo de organizar la avalancha de más de 60.000 asturianos que se refugiaron en Cataluña mientras duraba la Guerra Civil. Una vez terminada la contienda, Barreiro partió al exilio definitivo en Francia.
El próximo 11 de octubre, 88 años después, sus restos mortales volverán a la tierra que lo vio nacer y serán inhumados en un nicho del cementerio de Sama de Langreo junto con los de su esposa Felicidad y dos de sus hijos, Mylena y Alfaradí.
Se completa así un episodio histórico que tiene como protagonista al maestro langreano que, en su puesto como secretario de la Comisión Socialista Asturiana, sostuvo desde el exilio en Francia la organización socialista asturiana durante las cuatro décadas que duró la dictadura franquista. Él fue el centro de una red de socialistas asturianos desperdigados no solo por Francia, también por otros países, sobre todo en América. Barreiro, desde el pequeño pueblo de Chaum (Alto Garona), a unos 20 kilómetros de la frontera con España, mantuvo unida una organización que, con la llegada de la democracia y de jóvenes militantes, se transformó en la actual Federación Socialista Asturiana (FSA).
«Es muy interesante porque todo lo hizo desde casa con la máquina de escribir», dice el dibujante asturiano Alfonso Zapico (Blimea, 1981), Premio Nacional de Cómic en 2012 por su novela gráfica «Dublinés», dedicada a James Joyce. En las páginas que siguen de este suplemento, Zapico –residente en Francia, donde trabaja como profesor– se ha acercado a la vida de Barreiro, con motivo del regreso a casa de sus restos mortales, justo en el 50 aniversario del fallecimiento del líder del exilio socialista.
Zapico relata con su línea clara la vida de un personaje que, según su punto de vista, era «la centralita» a través de la cual pasaba toda la comunicación entre los socialistas exiliados. Enviaba ánimos paternales para seguir en la lucha, intentaba buscarles empleo, arreglarles los papeles para una pensión o dar noticias del paradero de unos y otros. «Contestaba prácticamente a todas las cartas, a veces a vuelta de correo, nada más recibirlas. Y eso lo hacía desde un pueblo en medio de la nada, en la frontera. Aquello era el motor que lo mantenía vivo», explica Zapico.
A continuación, el cómic.
Una novela gráfica en preparación con el comandante Mata como protagonista
José Barreiro falleció en 17 de agosto de 1975. No llegó a ver la muerte del dictador que le había dejado sin patria. Franco fallecería el 20 de noviembre de ese mismo año. Sin embargo, tal y como indica el dibujante Alfonso Zapico, él era consciente de que había que dar el relevo a los que venían detrás.
«Muchos quedaron atrapados en el tiempo, pero él fue lo suficientemente lúcido para darse cuenta de que su tiempo había pasado, que (con la llegada de la democracia a España) la política y el partido socialista lo iba a llevar los jóvenes y que la gente de su generación tenía que quitarse de en medio».
De cara a su nueva novela gráfica, Alfonso Zapico se está sumergiendo precisamente en ese regreso a Asturias de los socialistas que tuvieron que exiliarse tras la derrota en la Guerra Civil. El centro de la obra será José Mata, el Comandante Mata, minero y guerrillero, el dirigente socialista que tomó el relevo de la Comisión Socialista Asturiana como secretario al morir Barreiro.
En esta novela., Zapico salta entre los tiempos de la revolución que ya visitó en la «Balada del norte», los de la guerra, el exilio y el retorno a Asturias con el inicio de la transición a la democracia. Y cuenta el «choque brutal» que sufrió Mata y otros exiliados al regresar. «El país que tienen ellos en la cabeza, ya no existe». A tal punto era la disonancia, subraya Zapico, que muchos fueron volviendo a Francia a morir.