Gonzalo Celorio, escritor mexicano premio "Cervantes" 2025: "Estoy ligado a Asturias por vínculos estrechos y muy determinantes para mí"

Gonzalo Celorio, fotografiado en México esta semana. / AP
El trajín de mensajes y llamadas no ha cedido 48 horas después de la concesión del premio "Cervantes", pero Gonzalo Celorio atiende y agradece la procedencia de la llamada. "Me alegra mucho que este premio tenga una repercusión en Asturias, una tierra que me encanta por su gente y, tengo que decirlo, por su gastronomía".
Celorio (Ciudad de México, 1948), mexicano de nacimiento y asturiano de abuelo paterno, tiene para sí que se le distingue por su condición de literato multifacético, de novelista y ensayista, de profesor, editor y académico con una vocación total.
El "Cervantes" es...
Un reconocimiento inmenso que me ilusiona mucho, que me entusiasma y refuerza una vocación literaria que de alguna manera ha sido integral, porque soy escritor en los géneros de la novela y el ensayo, pero también he ejercido durante cincuenta años como profesor de Literatura en la Universidad Nacional, he sido editor como director del Fondo de Cultura Económica y desde hace treinta años soy miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, de la que ahora me han elegido director. Estoy vinculado a la lengua como creador, docente y académico, y yo creo que eso de alguna forma influyó en el jurado para que me honrara con esta tan alta distinción.
¿Qué le debe su obra a Asturias? ¿Qué le ha dado a su literatura la tierra del abuelo Emeterio?
En alguna red social ha salido ya la corrección de alguien que descubre la verdad, porque en realidad mi abuelo no se llamaba Emeterio. Ese era mi bisabuelo. En "El metal y la escoria", la novela en la que cuento el recorrido de emigración que hizo mi abuelo hacia México, le cambié el nombre. En realidad, mi abuelo se llamaba Benito Celorio, y efectivamente vino a hacer la América a finales del siglo XIX y aquí se casó y tuvo a su descendencia, entre ellos a mi padre, que fue mexicano, pero hijo de español y mexicana, cumpliendo así un mestizaje perfecto. Él se destacó después como diplomático mexicano y fue destinado a La Habana, donde conoció a mi madre, una hija de cubana que había nacido por casualidad en un viaje a Las Palmas de Gran Canaria. En Cuba se conocieron, se casaron y nacieron mis tres hermanos mayores. Yo soy el undécimo hijo de una familia de doce, de manera que hay una distancia muy considerable entre mi edad y la de mi padre y no conocí a Benito, pero sé mucho de él, y he ido a Asturias y sobre todo a Vibaño (Llanes), de donde salió. Conocí su casa y escribí esa novela en la que cuento todo este recorrido de la emigración y todas las vicisitudes que pasó aquí.
¿Por qué rebautizó a Benito en la novela?
Me parecía un nombre un poco pequeño, casi como un diminutivo para la gran empresa que acometió mi abuelo, y por razones estrictamente novelísticas preferí ponerle Emeterio, que realmente era su padre, mi bisabuelo.
¿Qué lugar otorga a "El metal y la escoria" en su producción literaria?
Es una novela muy entrañable para mí. La pude presentar en Asturias y forma parte de mi vínculo con esa región, con ese Principado en el que he sido jurado del premio de "Princesa", al que he viajado con cierta frecuencia y que me encanta. Estoy vinculado a Asturias por razones familiares muy estrechas y muy determinantes para mí.
Ha encontrado mucha materia literaria en sí mismo, o más bien en su vida y la de su familia. ¿Le ha marcado mucho la historia del emigrante?
Por supuesto. Esta novela cuenta de manera muy pormenorizada esa travesía, esa hazaña, esa migración desde que mi abuelo salió de Santander hasta que llegó a Veracruz y luego a México. Es un relato bastante minucioso y además, que yo sepa, la única novela en la que también está presente el exilio español republicano, a través de un exiliado español que se casó con una tía mía. Creo que es la única novela en la que se ven las dos grandes migraciones españolas.
Que son historias con un enorme potencial literario.
Así es. Además, el exilio español también ha sido una presencia muy constante en mis novelas y en mis actividades académicas. Ocupé durante veinte años la cátedra "Maestros del exilio español" en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, porque muchos de los docentes que vinieron del exilio fueron muy importantes en esa facultad, y algunos de ellos fueron mis maestros. Creo que en España se conoce poco la importancia que tuvo exilio y los cerca de 20.000 exiliados que llegaron a México y que enriquecieron muchísimo la cultura mexicana en diferentes instituciones educativas, universitarias, culturales o editoriales.
México ha tenido un papel central en los premios "Princesa" de este año, con el Museo Nacional de Antropología y la fotógrafa Graciela Iturbide, ahora a usted le dan el "Cervantes"... ¿Hay un subtexto de reconciliación entre tanto ruido en torno a la conquista?
Hay muchos guiños españoles que muchos en México tomamos como indicios de una reconciliación para que las relaciones dejen de estar en pausa y recobren la normalidad. Me parece un señalamiento muy claro en esa dirección el hecho de que el Museo Nacional de Antropología haya recibido el premio en la categoría muy significativa de la concordia, haciendo referencia a la concordia que debe existir en el mundo panhispánico. Ha habido también otras manifestaciones de esta naturaleza, como una gran exposición sobre la Virgen de Guadalupe en el Museo del Prado o la que está en exhibición en el Thyssen sobre la mujer prehispánica.... Espero que esta reconciliación se dé, porque sería un despropósito perder una parte integral de nuestra identidad. México es un país absolutamente mestizo y no parece muy justificable que se trate de erradicar del discurso nuestra heredad española, que es parte constitutiva de nuestro ser.
Tiene una posición privilegiada para tomar la temperatura a la vitalidad del español en el mundo.
Creo que está en un momento absolutamente vital. Es la lengua materna de 500 millones de personas, más otros cien que la han adoptado como segunda lengua, sin contar a los hispanohablantes de Estados Unidos. Y México es el país con mayor número de hablantes, uno de cada cuatro, así que puedo hablar desde aquí con pleno conocimiento de causa. No todo el mundo sabe que el español es la lengua materna de comunicación internacional con más hablantes en el mundo. Porque hay otras que pueden tener más en términos absolutos, como el chino mandarín, pero ellos no son tan internacionales, no salen tanto de China. También puede que haya más hablantes de inglés, pero el inglés ha sido adoptado casi como una lengua franca y tampoco tiene tantos usuarios nativos como el español. Tenemos un idioma muy importante, muy rico, muy pujante y muy extendido. Y lo que resulta casi milagroso es que teniendo esta lengua en unas latitudes tan extensas no haya perdido inteligibilidad y haya conservado su unidad a pesar de la existencia de variantes dialectales que en lugar de separarnos otorgan al idioma una riqueza más amplia.
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