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La crónica del sportinguista volador desde México: juega con fuego y se quema

Hay tiempo para corregir, tiempo para reaccionar y tiempo para no volver a jugar con fuego, porque ya vimos lo que pasa cuando el Sporting se quema

Borja Jiménez, en Mareo.

Borja Jiménez, en Mareo. / Juan Plaza

Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada trabaja como sobrecargo de aviación en la línea bandera de México. Es fundador y presidente de la peña "La villa de Quini", la primera y la única peña sportinguista oficial en México y fuera de España. Hasta diez veces al año vuela a España para ver los partidos del Sporting.

Viernes, 1:30 de la tarde en México. Una hora buena para sentarse a comer y ver al Sporting, con la esperanza de que el resultado marcara el ritmo del fin de semana: alegre o amargo. Esta vez tocó lo segundo. El Sporting cayó 2-1 ante el Mirandés en Vitoria, donde los rojillos ofician como locales por las obras en Anduva.

Un Mirandés que, lejos de aquel equipo competitivo que rozó el ascenso la temporada pasada, llegaba en penúltimo lugar, en zona de descenso y sin saber lo que era ganar en casa. Y aun así, el Sporting ofreció uno de sus partidos más pobres del curso. Sin duda el peor desde la llegada de Borja Jiménez.

El partido comenzó con aviso claro, dos ocasiones muy peligrosas de los jabatos, bien resueltas por Rubén Yáñez, que evitó un inicio todavía más complicado. El Sporting, en cambio, apenas aparecía en ataque. Sin embargo, en un córner aislado, se señaló un penalti bastante discutible.

De esos agarrones que casi nunca se pitan. Esta vez, el beneficiado fue el Sporting. Dubasin en ausencia de Otero se encargó de ejecutarlo y convirtió poniendo por delante a los rojiblancos, que pese al gol, seguían sin mostrar claridad ofensiva. Se siguen notando mucho las ausencias de Gaspar y, sobre todo, de Otero.

La segunda parte fue el gran pecado. Borja decidió reforzar la defensa y tiró al equipo hacia atrás, volviendo a esa línea de cinco que ya se está volviendo una mala costumbre en el Sporting. El Mirandés salió con más energía aún y no tardó en llegar el empate tras un fallo grosero de Perrín, que no pudo cortar un balón que no era difícil de sacar. A partir de ahí, el Sporting desapareció. Se encerró, cedió campo, renunció a proponer. Se jugó a que el reloj corriera, no a ganar el partido. Y ya sabemos cómo termina eso. Al minuto 88 llegó el gol de la victoria del Mirandés. Otra vez a última hora. Otra vez retrocediendo como cangrejos. Otra vez repitiendo errores que creíamos superados.

Este resultado nos deja un sabor amargo y la sensación de déjà vu. Borja deberá trabajar no solo lo táctico, sino la mentalidad, el Sporting no puede asumir que defender el resultado es suficiente. La Segunda no perdona.

En lo personal, la semana tuvo un matiz especial. Tuve el honor de participar, desde México, en el IV Congreso Mundial de Asturiania celebrado en Villaviciosa, donde compartí la historia de mi familia y la identidad que conservo desde este lado del Atlántico. Un orgullo enorme poder representar, aunque sea un poco, a quienes a la distancia seguimos llevando Asturias en el corazón.

Ahora toca esperar hasta el próximo domingo en El Molinón ante el Eibar. Hay tiempo para corregir. Tiempo para reaccionar. Tiempo para no volver a jugar con fuego. Porque ya vimos lo que pasa cuando el Sporting se quema.

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