El músico argentino sin ascendencia española que un día decidió hacerse asturiano: “Me adoptó el folclore”
Alejandro Zurbriggen, gaitero, docente y cantante lírico, trabó contacto con la región a través del colegio Covadonga, fundado y gestionado por el Centro Asturiano de Santa Fe, del que fue alumno y profesor y ahora es directivo
“Vi una gaita y me cautivó”, recuerda, “mi familia ya se ha acostumbrado, pero tengo amigos que a día de hoy, después de 25 años, aún no se lo pueden creer”

Alejandro Zurbriggen posa junto al gaitero tallado en la peana de la escultura "La Manzanera", en Villaviciosa. / Juan Plaza
Alejandro deletrea con cuidado un apellido que no da ninguna pista sobre los lazos que lo mantienen atado a Asturias desde hace un cuarto de siglo. La ascendencia de Alejandro Zurbriggen, argentino de Santa Fe, es suiza por parte de padre y libanesa, árabe e italiana por el lado de la madre. No hay rastro de Asturias, ni siquiera de España, en el árbol genealógico de un músico que se ha hecho asturiano por elección propia. Uno de esos que nacen donde quieren, un santafesino de apellido muy suizo que toca la gaita y el tambor, dirigió grupos folclóricos y bailó danza tradicional asturiana hasta que se le empezaron a resentir las rodillas… “A mí Asturias me adoptó”, resume. En su relato, las primeras decisiones las tomó algún tipo de azar, aquel que dispuso que su familia viviera en Santa Fe “a dos o tres cuadras del colegio ‘Nuestra Señora de Covadonga’, así que mi madre me mandó a estudiar allí cuando empecé el primer grado, a los siete años”.
El Covadonga es una referencia en su ciudad natal, un centro educativo que nació más o menos a la vez que Alejandro, en los primeros noventa, y que pertenece desde sus orígenes al Centro Asturiano de Santa Fe. Es un centro reglado con 420 alumnos y larga lista de espera, un colegio que enseña cultura asturiana a más de 10.000 kilómetros de Asturias y para él, de algún modo, el lugar donde sucedió todo. Allí, desde sus siete años, Alejandro fue primero alumno, después profesor de música y director de grupos folclóricos y ahora es miembro de la comisión directiva en labores de coordinador institucional, algo así como un enlace entre la dirección del Centro Asturiano y la del colegio…
“Así que desde chico empecé a tocar la gaita”, cuenta. Cuando se quiso dar cuenta “me vi inmerso en la cultura asturiana. Me enganchó, me quedé y estoy cumpliendo 25 años dedicado al folclore asturiano”. Se diría que en las aulas de este colegio singular donde se enseña a jugar a los bolos y a tocar la gaita germinó en una dirección insospechada la semilla del amor por la música que Alejandro traía de casa. Hubo un flechazo. “Básicamente”, explica, lo que sucedió fue que “un día vi una gaita y me cautivó. Dije: ‘yo quiero aprender a tocar eso’ y hablé con mi madre y aprendí. Me puse el traje, después tuve la oportunidad de viajar para conocer Asturias” y ya no se pudo separar. “Me adoptó el folclore”, concluye.
Con el tiempo, Alejandro Zurbriggen se ha hecho profesor de música y cantante lírico. En paralelo a su responsabilidad en el Covadonga, desinteresada y no remunerada, da clases en el conservatorio de la ciudad, canta en el coro polifónico de la provincia de Santa Fe y da conciertos de ópera. Que a la vez toque la gaita asturiana sin el vínculo de la sangre es una rareza a la que “mi familia ya se ha acostumbrado, pero tengo amigos que a día de hoy, después de 25 años, aún no se lo pueden creer”.
Su ejemplo de asturianía vocacional y adoptiva no es único, y está atravesado íntegramente por la filosofía del colegio Covadonga, la institución educativa que nació en 1992 para por iniciativa del presidente del Centro Asturiano de entonces, Carlos Rodríguez Sánchez, y el respaldo de empresarios asturianos radicados en la región, entre ellos el llanerense Francisco Rodríguez Martínez, artífice de la poderosa industria cafetera La Virginia. Querían educar a los descendientes de los emigrantes y a toda la sociedad santafesina a la vez que aseguraban la preservación de los valores de la cultura asturiana.
Concibieron una iniciativa pionera y no repetida que encajó un colegio en la estructura de un Centro Asturiano y que ha calado tanto que más de tres décadas después “tenemos una lista de espera de hasta dos años”, cuenta Zurbriggen. “Hay matrimonios que incluso han inscrito a sus hijos antes de que nazcan”.
El secreto está en la combinación de factores que adornan a un colegio que ha adquirido prestigio porque es pequeño –tiene 420 alumnos de dos a dieciocho años–, porque ofrece “un ambiente muy tranquilo” y una educación “laica y de calidad”, enlaza. También influye una ubicación “estratégica” en la ciudad, en una zona de acceso muy cómodo, y un planteamiento educativo que ahora batalla por incrementar los incentivos obteniendo “la doble titularidad”, de forma que los alumnos de secundaria salgan de allí con el título argentino y el de bachiller español. En Primaria dan “Asturianía”; en Secundaria, “historia y geografía de España, y música, danza, lengua, gastronomía, deporte….”
La ascendencia asturiana no es imprescindible, él es la prueba, para incorporarse a este proyecto que Alejandro Zurbriggen y la presidenta del Centro Asturiano de Santa Fe, Lila Magdalena, explicaron con visible orgullo en una de las sesiones del reciente Congreso Mundial de Asturianía, celebrado en Villaviciosa. Lo presentaron como un “semillero” de asturianos nuevos y un vehículo excepcional para rejuvenecer la colonia y mantener bien anudados los vínculos que unen con el Principado a esas segundas y terceras generaciones a las que se supone más propensas a perder poco a poco los enlaces con la tierra de sus antepasados. Uno de los grandes proyectos en el horizonte del Covadonga sería poder satisfacer las ilusiones de sus estudiantes consiguiendo que a los dieciocho años pudieran hacer el viaje de graduación a Asturias. Toda la vida oyendo hablar de esta tierra bien valdría una experiencia directa.
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