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El legado en piedra de los indianos

La Quinta de Arriba de Alevia: el palacio encantado en Asturias de los dueños de la elegancia habanera

José Lizama y su esposa Isaura Dosal, que hicieron su fortuna en el sector textil en Cuba, levantaron sobre el valle de Peñamellera Baja una casona con un aire colonial reinterpretado por Disney que se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de la arquitectura indiana del siglo XX

El estado actual de la quinta de Alevia.

El estado actual de la quinta de Alevia. / @modernismo.spain

Virginia Casielles

Virginia Casielles

Virginia Casielles, historiadora del arte y especialista en el fenómeno migratorio de los indianos, firma esta serie de artículos sobre la huella en piedra que dejaron en Asturias los emigrantes que triunfaron en América. Esta especialista contará periódicamente para "Asturias Exterior" de LA NUEVA ESPAÑA, la historia constructiva y familiar que tienen algunas de las más señeras casas de indianos que hay en la región. Virginia Casielles es autora del libro “Una saga de maestros de obra”, sobre la familia Posada Noriega, que edificó numerosas casa de este tipo en el Oriente, y también de “El pequeño indiano”, la exitosa versión infantil del libro anterior.

Alevia, con la Sierra del Cuera casi al alcance de la mano y, bajo ella, los ríos Cares y Deva extendiéndose por la planicie del valle bajo, se alza como un mirador natural sobre Peñamellera Baja. Este territorio, profundamente marcado por la emigración, participa de la memoria de la partida y de la esperanza del retorno que, a la postre, transformó su fisonomía. En su paisaje, el recuerdo del viaje se hace visible en las nuevas arquitecturas que salpican el valle, testimonio del esfuerzo y de la prosperidad alcanzada en ultramar. Una vez más, la arquitectura está al servicio del retorno del emigrante triunfante, que materializa su regreso en piedra, hierro y un vasto jardín.

El legado indiano constituye una parte esencial del paisaje y la historia de Peñamellera Baja. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, muchos vecinos de este concejo del oriente asturiano emigraron a América en busca de mejores oportunidades. Algunos regresaron con recursos suficientes para levantar viviendas que modificaron el perfil del valle y dejaron testimonio de una época de cambio. Hoy, esas casonas, escuelas e infraestructuras impulsadas por los indianos siguen siendo un referente patrimonial que permite comprender la estrecha relación entre la emigración y el desarrollo rural en Asturias.

Quinta de Arriba.

Quinta de Arriba. / Alejandro Braña. "Asturias por descubrir"

En lo alto del valle, Alevia conserva con orgullo la huella de aquel pasado. La avenida de plátanos de sombra que parte desde la iglesia de San Antonio, con su esbelta torre del reloj, y los espectaculares palacetes modernistas dan testimonio de una historia indiana innegable. Al llegar, nos recibe la magnífica Quinta de Arriba, también conocida como Quinta Isaura, levantada en su día por José Lizama e Isaura Dosal.

La Filosofía, un almacén de tejidos de referencia

Don José Lizama Bardales era hijo de Joaquín Lizama Ibáñez y Valentina Bardales. Tuvo cuatro hermanos: Francisco, Germán, Ramón e Higinia. Partió hacia Cuba acompañado de su hermano Germán y, allí, tras arduos años de trabajo como dependientes, ambos se pondrían al mando de la compañía “Lizama, Díaz y Cía.”, que sustituyó a “Martínez Rodríguez Valdés y Cía.” al frente del almacén de tejidos “La Filosofía”, en la calle Neptuno con esquina a San Nicolás, fundado por Santos Rodríguez, un ovetense muy conocido por su pasaje de Uría.

Don José Lizama y Doña Isaura Dosal.

Don José Lizama y Doña Isaura Dosal. / Virginia Casielles

Fue José Lizama —“Don Pepe”, como era conocido a ambos lados del Atlántico— un hombre de carácter franco y expansivo, de trato amable y cortés; muy activo en los negocios y asiduo cooperante del Centro Asturiano de La Habana. Además, pese a partir a Cuba sólo con la poca preparación que, por suerte, había recibido en la escuela del pueblo, se convirtió en un hombre de gran cultura, muy buen conversador y gran amante de la ópera.

Los Lizama Bardales no fueron los únicos que se dedicaron al mundo textil, dado que muchos otros asturianos se vincularon de una u otra forma con este sector, bien en la tejeduría, bien en la distribución. Es conocida la magnífica relación de amistad que existía entre ellos y los hermanos Noriega Madrid, de Ribadedeva, también dedicados al mismo negocio.

Tienda por departamento "La Filosofía".

Tienda por departamento "La Filosofía". / Página de Facebook "Nostalgia Cuba" de Ángel Gutiérrez Fernández

Las telas en Cuba siempre tuvieron muy buena salida, pues el vestido era el símbolo de la categoría del individuo. En el siglo XIX, la isla era un lugar donde el alto nivel de vida, impulsado por las exportaciones de azúcar, café y tabaco, elevaba el estatus de una sociedad que necesitaba vestirse acorde a sus nuevas circunstancias y eventos. Los bailes, las cenas, el circo, las tertulias, la llegada de la ópera y la zarzuela impusieron unos códigos de vestimenta que trajeron consigo telas y complementos lujosos provenientes del viejo continente, que el comprador cubano adquiría con entusiasmo, pasión y sofisticación. Esta demanda desmedida provocó la proliferación de almacenes y sederías por toda la isla, que abastecían con rapidez y lujo a una sociedad ansiosa por seguir las últimas tendencias.

Fue esta la causa por la que, a partir de 1895, aquel almacén de telas alcanzó gran fama. Las últimas novedades en tejidos llegaban desde Manchester, Lyon, Marsella o Barcelona, seleccionadas por Don Pepe y Germán Lizama con un gusto exquisito. Los precios eran competitivos y la atención al público, todo un arte: las clientas eran recibidas con mungones de almendra y galleta y copas de champán, mientras el fonógrafo, adquirido por Manuel Díaz en la Exposición Universal de Chicago, llenaba el aire con melodías de moda, siendo "Los frijoles caballeros", del guarachero Ramitos, una de las más celebradas. En septiembre, las famosas rebajas septembrinas atraían a todo el público, deseoso de aprovechar las liquidaciones de verano y lucir las telas más vistosas en los bailes de Marianao.

Don Pepe Lizama en Alevia.

Don Pepe Lizama en Alevia. / Archivo familiar Ibars Madrid

Se podía acceder al establecimiento desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, donde cincuenta personas atendían a los clientes, y otros tres agentes viajeros recorrían las seis provincias sin descanso para hacer llegar las telas a toda la isla.

El establecimiento deslumbraba desde el exterior con sus gigantescos escaparates, donde se desplegaban sedas y batistas como abanicos de color. En las puertas se simulaban cortinas de Rusia pintadas al óleo por Miguel Colón con el emblema de la empresa, y del techo pendían lámparas de araña traídas por Germán Lizama desde París, cuyas luces, reflejadas en los espejos y los mostradores de cristal, conferían al lugar un aire casi teatral. Con el tiempo, “La Filosofía” se convirtió en un referente del buen gusto y la elegancia habanera.

Todos los veranos, los hermanos Lizama regresaban a su pueblo natal para disfrutar de las fiestas patronales que ellos mismos sufragaban, junto con otros indianos del valle. Se encargaban de pagar todo lo necesario: gaiteros, bandas de música, el alumbrado veneciano que decoraba la plaza por la noche, y, por supuesto, el banquete y las bebidas para la celebración popular. También cedían sus fonógrafos para animar el baile. Además, compartían la afición por el juego del bolo palma, que con motivo de las fiestas se celebraba en la bolera. En la celebración solemne y eucarística participaban activamente, por ejemplo, procesionando bajo palio, lo que demuestra que eran feligreses elegidos para portar la vara del dosel por ser considerados personas influyentes de aquella sociedad.

Vista de la Quinta de Arriba e Iglesia de San Juan.

Vista de la Quinta de Arriba e Iglesia de San Antonio. / Mi pueblin de Alevia.

En el año 1906, José e Isaura (natural de La Franca, en Ribadedeva), casados desde 1901, decidieron regresar a España —coincidiendo con el fallecimiento del padre de don Pepe, ocurrido el 12 de agosto de ese mismo año— y fijar su residencia en la Ciudad Condal, instalándose en un primer momento en la Plaza de Cataluña. Esto resultaba poco habitual en la época, pues lo más común era afincarse en Madrid. Sin embargo, en su caso no era de extrañar, ya que Barcelona era, por aquel entonces, el centro neurálgico de la producción textil española y la cuna de la Renaixença, lo que les dio la oportunidad de rodearse de lo más selecto de la sociedad modernista del momento: no solo de burgueses adinerados, sino también de figuras muy relevantes para la cultura y, por supuesto, para la arquitectura.

Modernismo y vivienda tradicional

Esto les llevó a conocer al arquitecto valenciano afincado en Cataluña Marcel·lí Coquillat i Llofriu, quien diseñó su magnífica quinta de veraneo en Asturias. Pese a que su obra está plagada de eclecticismo, en este caso se decantó por un clasicismo de líneas académicas en las formas, siguiendo ciertos aspectos de la tradición montañesa, con la incorporación de la torre y los voladizos.

Incorpora elementos modernistas que combinan a la perfección con los propios de la vivienda tradicional, como la torre enrasada en la fachada trasera, que se alza por encima de todo el edificio y que, vista desde el frente, actúa como un vigía del entorno, aportando verticalidad y un cierto aire monumental.

Para el trabajo a pie de obra confió en Benigno Posada Noriega, uno de los hijos del maestro de obras local Manuel Posada, quien había cursado estudios de arquitectura en México, aunque nunca llegó a convalidar su título en España. De regreso, trabajó junto a su padre y a su hermano Manuel, ingeniero, en la construcción de edificios particulares e infraestructuras, como carreteras.

Benigno desarrolló su labor principalmente en el ámbito de las Peñamelleras, donde fue responsable de las principales vías de comunicación de la zona. Con el estallido de la Guerra Civil, y por su activa militancia en el bando republicano —tras dirigir el Cinturón de Vizcaya—, fue condenado al exilio. Se estableció finalmente en la localidad pirenaica de Oloron-Sainte-Marie, donde falleció en 1967.

Decoración en techos y paramentos.

Decoración en techos y paramentos. / Alejandro Braña. "Asturias por descubrir"

Un ejemplo señero de la arquitectura indiana

La Quinta de Arriba es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura indiana de comienzos del siglo XX, en el Oriente de Asturias. Es escenografía y modernismo puro; sensibilidad estética cosmopolita y expresiva; sofisticación formal que dialoga con un entorno rural con el que no desentona, sino que lo eleva de manera simbólica. Tiene reminiscencias de las exposiciones universales, de la ciudad burguesa y de la experiencia colonial americana.

La fachada principal combina revoco pintado en tonos rosados con sillería de piedra en los ángulos y enmarques de vanos. Los arcos rebajados y de medio punto, decorados con ladrillo visto, introducen un ritmo regular y refuerzan la geometría del conjunto. El frontón central, revestido con cerámica vidriada de motivos geométricos, añade un detalle ornamental de influencia modernista.

Las cubiertas, de teja curva a dos aguas, presentan aleros decorados con ménsulas de madera. Los balcones de hierro forjado y las contraventanas de madera pintadas en blanco completan la imagen doméstica y refinada de la vivienda.

Arco y escalera del interior de la quinta de Alevia

Arco y escalera del interior de la quinta de Alevia / Alejandro Braña. "Asturias por descubrir".

Un interior refinado y cosmopolita

Al interior, la Quinta afianza el testimonio del gusto refinado y cosmopolita, y la clara voluntad de representar el éxito económico y el ascenso social logrado en América, a través de una estética ecléctica que combina referencias internacionales con elementos de la tradición local. Sus paramentos y techos pictóricos, a través de molduras doradas, guirnaldas florales, pavos reales y un fingido cielo abierto, no solo decoran sino que amplían el espacio y expresan distinción y cultura. Como eje vertebrador de la vivienda está su maravillosa escalera de madera con barandilla torneada y de tramo recto, cuyo acceso está delimitado por un arco mixtilíneo que introduce teatralidad y sirve de transición entre espacios.

Pero, sin duda, será el cuarto de baño el que más revela la modernidad y el gusto por el exotismo y orientalismo de sus dueños y de toda la élite burguesa de la época. Está decorado en material cerámico con una figura femenina de influencia japonesa y cuenta con una bañera exenta de hierro fundido, uniendo lo artístico con lo higiénico como parte del discurso hacia una época de progreso.

Detalle del baño. Decoración cerámica y bañera de hierro.

Detalle del baño. Decoración cerámica y bañera de hierro. / Alejandro Braña. "Asturias por descubrir".

Llena de amigos durante el verano

La casa fue disfrutada por el matrimonio Lizama Dosal durante los periodos estivales. La ausencia de descendencia hizo que la Quinta siempre estuviera llena de visitas que colmaban el espacio y daban vida al hogar, rodeándolos de amigos y élites culturales. Parte de esa vida se apagó cuando, el 30 de abril de 1923, falleció Isaura Dosal en Barcelona. Su muerte fue profundamente sentida en toda la zona, y se ofrecieron misas por su eterno descanso, en señal de agradecimiento, al ser Isaura, recordada en todo el oriente de Asturias, por su bondad y ayuda a los más vulnerables. En el pueblo de Alevia se decretó el luto por su pérdida y en las fiestas populares únicamente tuvo lugar la celebración eucarística. Tiempo después, don Pepe contrajo segundas nupcias con Elena Cáraves Colosía (1879-1963), viuda de Lambort, estableciéndose nuevamente en Barcelona; a partir de 1931 ya figuraban afincados en Santander. Con ninguna de sus dos esposas tuvo descendencia, pero Elena Cáraves, tras el fallecimiento de don José Lizama, prohijó a Ana María García Cáraves, hija de una de sus sobrinas. Elena fue usufructuaria de los bienes de su marido, que, una vez fallecida ella, pasarían a una de las hijas de su hermana Higinia, afincada en Pamplona: Joaquina Fernández Lizama.

La Quinta de Arriba destila un cierto componente onírico, como de estar en medio de un país encantado, casi un decorado. Nos traslada, inevitablemente, a esa arquitectura colonial reinterpretada por Disney; pasear por ella es adentrarse en un mundo cuasi mágico y fascinante.

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