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El asturiano "fabricante de estrellas" se muda a México: la luminosa aventura de Pablo Armesto

El artista gijonés abre casa taller en Ciudad de México, donde ya pasa gran parte del año, y comienza extender su presencia internacional, cada día más consolidada gracias a una propuesta única en la que la luz se convierte en geometría y la tecnología se transforma en una reflexión poética

Pablo Armesto, en su taller de Villaviciosa, el pasado mes de octubre.

Pablo Armesto, en su taller de Villaviciosa, el pasado mes de octubre. / E. L.

Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

Dice Pablo Armesto, uno de los artistas plásticos asturianos de mayor proyección internacional, que al repasar sus exposiciones –y ya son muchas, comenzó en 1998- todas componen “una metáfora del camino”. Ese caminar artístico le ha llevado ahora a instalarse en México junto a su pareja, Rocío Tuñón. Han abierto una casa-estudio en la colonia de Santa María de la Ribera, en el centro de la Ciudad de México. Y en este espacio, resultado de acondicionar una antigua fábrica de zapatillas, este gijonés nacido accidentalmente en Suiza en 1970 dada la condición emigrante de sus padres empieza a desplegar una carrera artística desde la otra orilla del Atlántico. Su primera gran exposición individual en México fue en el Museo de Arte de Querétaro, en abril pasado, donde se pudo ver una amplia representación de su obra. Y este martes inauguró una instalación en el Centro Cultural de España en la capital mexicana. La pieza, titulada “Liminal”, de unos 9 metros de altura, alude a ese momento vital “suspendido” entre dos mundos, habla de un “torbellino de viento”, de una “serpiente emplumada” donde se mezclan ambas culturas.

Pablo Armesto, en su estudio de Villaviciosa

Pablo Armesto, en su estudio de Villaviciosa / .

El azaroso camino de la vida llevó a México a “los Armestos”. Y podría decirse que todo empezó en realidad en Navarra. El artista asturiano creó para Bodegas Otazu la escultura “El espíritu del vino”, una especie de estrella en cuyo corazón hay una barrica de vino de la que salen unos haces luminosos. La pieza es interactiva, el visitante puede dejar registradas las pulsaciones de su corazón y la luz de la escultura late a ese ritmo.

Pablo Armesto trabaja en su estudio

Pablo Armesto trabaja en su estudio / E. L.

Una boda vinculada a la familia de los propietarios de la bodega llegó a Pablo y a Rocío a México. La celebración tuvo lugar en un entorno muy especial: la hacienda del “Indio”Fernández, que en su día fuera residencia del actor mexicano del mismo nombre a quien una leyenda tan insistente como falsa atribuye haber sido el modelo en el que se inspiró el cuerpo de las estatuillas de los Oscars. “Y en esa boda es cuando me enamoro de México”, confiesa Armesto. “De repente descubrí la luz, la energía, es una ciudad viva. La pirámide poblacional en Europa está invertida, aquí no hay gente joven. Allí, en cambio, hay muchos proyectos jóvenes, ilusionantes. Hay mucha energía. Eso, más la singularidad que tiene México, lo que nos hermana”, explica el artista, que también tiene casa-taller en un antiguo llagar de Villaviciosa.

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Una vista frontal de la obra que Pablo Armesto presentó en la última edición de la semana del arte de Oviedo. / .

Y así comenzó un proceso de conocimiento del país, que acabaron recorriendo de punta a cabo. Así surgió el proyecto, una vez pasada la pandemia, de acabar instalándose en México durante buena parte del año. La obra de Armesto, que era uno de los artistas de la prestigiosa galería internacional Marlborough (cerrada en abril de 2024), ha encontrado coleccionistas por medio mundo. Pero es en Centroeuropa y en América Latina, sobre todo en México y Venezuela, donde ha suscitado un interés especial entre los habituales del mercado del arte. Armesto es un escultor de la luz. De su taller salen piezas donde la tecnología se teje con una geométrica sensibilidad para alumbrar composiciones lumínicas que recuerdan a pequeñas estrellas, a constelaciones contenidas en el espacio delimitado por un elegante bastidor blanco. Algunas de estas obras tejidas con hilos de fibra de vidrio matemáticamente distribuidos en distintos planos laten como púlsares o cambian de color; flotan, parecen estar vivas. Armesto, que proyecta como un ingeniero y pero se adentra en su obra casi como un poeta, ha encontrado un camino ciertamente único en el arte español contemporáneo.

La obra de Armesto en la última edición de la semana del arte de Oviedo.

La obra de Armesto en la última edición de la semana del arte de Oviedo. / .

El Centro Cultural de España en México (CCEMX) incorporó en marzo de este año la pieza “Lo que nos late”. Fue la primera de la etapa mexicana de Armesto. La instalación era un tejido de luces en forma de corona que estaba conectado a una base de datos, de tal manera que iba traduciendo en una serie de destellos los distintos vuelos entre España y México, marcando una coreografía que aludía al puente permanente que hay entre ambos países. Y en el Centro Cultural de España, donde el área de artes visuales y música está dirigida por el ovetense Alejandro Moro, Pablo Armesto acaba de inaugurar ahora su nueva instalación “Liminal”, comisariada por Alesha Mercado, coincidiendo con la celebración de la noche de los museos en la capital mexicana.

Al mismo tiempo el artista gijonés, sigue desplegando su actividad internacional. Por una parte, de la mano de su galería en Chicago, Hilton Cotemporary, la obra de Armesto estará presente en la feria de arte de Abu Dhabi. Además, estos días Armesto también está trabajando en las piezas que enviará a la feria de arte de Miami, a donde acude de la mano de su galería en Mónaco, Maison d' Art. El próximo mes de febrero este creador gijonés protagonizará una exposición individual concidiendo con la feria MACO, donde estará presente con la galería que lo representa en México, Proyecto H.

"Liminal", una espiral donde la luz se descompone y lleva al asombro

"Liminal", la nueva instalación que Armesto acaba de proponer para el centro cultural que España tiene en la capital mexicana, presente ser “una abertura en un espacio suspendido, una pausa o impasse que el artista reviste de color utilizando fibras de los tonos del arco iris y el efecto del viento para dar vida a su creación”. La instalación es, según la comisaria de esta exposición, “una espiral que, al conectar de techo a piso, recuerda el axis mundi o eje del mundo, representado también como el árbol sagrado -Tamoanchán en las culturas prehispánicas- que entrelaza el cielo, la tierra y el inframundo, haciendo de este plano físico el centro del universo y un lugar de tránsito, umbral entre la vigilia y el sueño, cruce de realidad e imaginación”.

Armesto apunta que esta obra “es la expresión de su propio momento suspendido”. Se ve como un “trashumante, ‘el que atraviesa tierras’ para crear arte con sabores de otros mundos y continuar en la búsqueda más allá de las fronteras de su hogar, España”.

Liminal se sale de la corriente creativa principal que Armesto sigue en los últimos años, en los que ha moldeado y tejido la luz de mil maneras. Ahora la luz se sustituye  “con elementos cercanos a la cultura local, materiales coloridos con los que se adornan los espacios y se crean algunos muebles tradicionales, como las conocidas sillas Acapulco”.

“Liminal”, según subraya la comisaria de la muestra, Alesha Mercado, “invita a quienes contemplan a abandonarse a la experiencia, ‘desenfocar’ para abstraerse de los pensamientos, y permitir que la danza de la espiral de colores les acompañe al lugar en el que nace el asombro y se revelan las emociones”.

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