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El análisis del sportinguista volador: de la mediocridad del Sporting, a la final de la Libertadores y la liguilla del fútbol mexicano
Este Sporting volvió a ser ese equipo, que te desespera, te enfada, pero que al final te obliga a seguirlo

Una imagen del partido de El Molinón
A veces seguir al Sporting desde fuera de España es una aventura en sí misma. Esta vez me tocó vivirlo desde Lima en Perú, un día antes de la final de la Copa Libertadores entre Flamengo y Palmeiras. La ciudad estaba animada, aficionados por todas partes y una atmósfera Sudamericana que hacía imposible no contagiarse.
Pero irónicamente, en medio del ambiente de una de las finales más grandes del mundo, mi preocupación era otra, encontrar dónde ver al Sporting.
Lo que suele pasar cuando estás en otros países, aplicaciones bloqueadas, páginas que no funcionan, bares que poco saben de La Liga Hypertensiones. Los primeros quince minutos tuve que tirar de la radio, sintonizando a Pablo Guisasola y a mi amigo Borja Fernández en Radio Marca. Hasta que, casi por milagro, encontré un enlace para ver el partido.
Y lo que vi… fue el Sporting de siempre. Los primeros 40 minutos, dormidos. Solo en los últimos cinco del primer tiempo el equipo pareció animarse, y al inicio de la segunda mitad llegó lo mejor, 15-20 buenos minutos de llegadas constantes, ocasiones claras, fallas inexplicables frente a la portería y esa sensación tan del Sporting de que, si no la metes, te la van a meter. Sin albur como se dice en México.

Diego Álvarez Bada, en Lima, en centro / LNE
Y así fue. A la primera que tuvo el Andorra, nos vacunó. Y ya sobre la bocina, cuando parecía que otra vez nos íbamos de vacío, otra vez el destino nos dio un giro inesperado, una mano en el área del Andorra, tras un córner que pareció no serlo y una revisión eterna del VAR que terminó en un penal que Gelabert se encargó de transformar y un empate llegó en el minuto 100 del partido. Surrealista, de locos. Muy del Sporting.
El penal lo provocó Caicedo, pero no lo dejaron tirarlo una vez más. Una historia repetida que terminó en berrinche, pitos y frustración acumulada. A pesar de sus limitaciones, siempre entra a darlo todo, y es entendible que la cabeza le jugara una mala pasada.
A esto se suma otra mala noticia, otra lesión más. La segunda de Gaspar esta temporada y una más en las últimas semanas. Dubasin, Otero, Kevin, Loum, Pablo García, Nico Riestra y no sé si se me olvide alguno más. El Sporting está teniendo una mala suerte absurda con las lesiones, y cada jornada se nota más en una plantilla cortísima, con pocos recambios y jugadores suplentes que no dan nivel.
Dentro de lo poco positivo, además del punto rescatado al minuto 100, destaca el regreso de Queipo, después de más de dos meses sin jugar desde la llegada de Borja Jiménez. Tuvo una participación aceptable los 80 minutos que disputó, además, salió entre lágrimas, consciente de lo que significa volver y todo el calvario por el que ha pasado estos meses.
Mucho Animo a Queipo, los grandes como tú saben salir adelante en los momentos más complicados. A los jugadores de casa creo que se les debería de apoyar un poco más en momentos difíciles y más si el Sporting siempre ha vivido y sobrevivido de la gente de casa y de Mareo.

Bada, con aficionados / LNE
Por otra parte, mi intención era estar el próximo mes en Butarque ante el Leganés, pero no podrá ser. Otra vez me tocará ver al Sporting desde la distancia. Soy un afortunado por viajar tanto y verlos casi cada mes, pero también es frustrante cuando te toca estar lejos justo cuando más quisieras estar ahí. La vida del Tripulante de cabina es de mucho cielo y poco control sobre el calendario.
Y hablando de viajes, después de Lima y sin tiempo para poder quedarme a la final entre los 2 equipos Brasileños regresé a México, pero aún me dio tiempo de ir al partido de vuelta de los cuartos de final entre América y Monterrey.
Un encuentro con sabor español. Por un lado Álvaro Fidalgo, formado en Mareo y hoy ídolo absoluto del América; por el otro, Sergio Ramos, Sergio Canales y Oliver Torres. El Monterrey se clasificó en el último minuto, en un partido que parecía ya del América, incluso jugando con uno más. Cosas del fútbol, que igual que al Sporting, también se terminó definiendo sobre el final.
En la misma semana estuve entre la pasión sudamericana de Lima, el ruido de la Ciudad de México y los nervios del Molinón a miles de kilómetros. Dos fotos lo resumen bien, una con aficionados del Flamengo con la bufanda de mi Peña La Villa de Quini en Lima, otra con seguidores del América también con nuestra bufanda de la peña. Son esos pequeños momentos que hacen que viajar tanto valga la pena, incluso cuando el Sporting te hace sufrir constantemente desde tan lejos.
Este Sporting volvió a ser ese equipo, que te desespera, te enfada, pero que al final te obliga a seguirlo, incluso desde otro continente y buscando la forma de verlos en una ciudad tomada por la final de la copa Libertadores de América. Porque somos así, del Sporting aquí, allá o donde toque.
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