De Asturias a Netflix y al Bernabéu: el ovetense con 57.000 seguidores y un club de running
Juan García Prieto decidió dejar su trabajo de oficina para convertirse en influencer. Hoy combina su presencia en Ias redes, con la fundación de Pata Negra Run Club, rodajes de series para Netflix y experiencias únicas viajando marcas de ropa deportiva y el Real Madrid.

Juan García Prieto en el Benabéu / J.P
Hace falta valentía para renunciar a un futuro trazado y terminar viviendo un sueño que nunca estuvo en el plan. Juan García Prieto (Oviedo, 1995) lo entendió con 23 años, cuando confirmó que un trabajo de oficina no le iba a hacer feliz. Habían pasado ya seis años desde que salió de Oviedo tras un Erasmus que le voló la cabeza y que convirtió el “no quiero volver a casa” en una declaración de intenciones.
Unas prácticas en Milán y un máster en Madrid fueron la excusa perfecta. Eso y casualidades del destino le llevaron a tener 57.000 seguidores en Instagram, rodajes y series para Netflix, vuelos con el Real Madrid y un micrófono en los palcos del Bernabéu. Juan es influencer, sobretodo, de deporte, un nicho que combina su pasión por el running con un trabajo profesional que incluye sesiones de fotos, campañas publicitarias y colaboraciones con marcas. “Tienes que generar contenido atractivo, participar en eventos, actuar como embajador, enseñar productos, hacer stories y publicaciones planificadas según las campañas”, explica. Cada aparición se convierte en una estrategia de marketing que da visibilidad a las marcas y conecta con miles de seguidores, como ocurrió en la media maratón de París, donde varios sponsors le invitaron a ir.

Juan junto a Toni Kroos en el avión / J.P
Ese giro, admite, no fue un impulso repentino. Estudió economía en la Universidad de Oviedo y jugaba en el Universidad. Después del Erasmus en Polonia llegó el choque con la realidad laboral en Italia, donde encadenó 40 horas semanales como becario en contabilidad en una empresa de energías renovables. “Yo entraba a la oficina cada mañana pensando: qué hago aquí, es deprimente… 23 años y picando Excel”, confiesa.
Ocho meses después hizo las maletas rumbo a Madrid para cursar un MBA en organización de eventos, comunicación corporativa y protocolo, en la Escuela Internacional de Protocolo en plena pandemia. El covid canceló el mundo que iba a estudiar, así que tocaba reinventarse.
La reinvención digital
La reinvención empezó por lo más cotidiano y con lo que muchos hicieron en pandemia: descargar TikTok. Juan entendió el potencial del formato corto y decidió probarlo también como creador. El impacto no tardó en traducirse a otras redes. Llegaron los primeros 10.000 seguidores en Instagram, las visualizaciones altas y, con ellas, las primeras colaboraciones.
En casa no hizo falta que sus padres viesen su contenido para apoyarlo —no tenían redes sociales—, pero entendieron el cambio de ruta como algo serio. “Siempre me empujaron a estudiar, pero cuando vieron que esto iba en serio, también me empujaron a creer”, explica.

Juan junto a su madre, Pepa, en el Parque de Invierno / J.P
El primer aprendizaje real en el mundo digital llegó gestionando campañas para el negocio de un amigo que vendía llaveros personalizados por Europa. Ahí asumió sus primeras labores como social media manager, pasando de creador a gestor y de gestor a imagen. “Entendí que no era solo subir vídeos, era estrategia, negociación, análisis. Y a mí eso se me daba”, confiesa. Ahora, todo su trabajo lo gestiona él. «Me llevo a mí mismo, se me dan muy bien las relaciones públicas y tengo la experiencia para ello», explica.
El sueño con el que no contaba
El gran sueño llegó con Adidas y el Real Madrid, otra vez casi sin buscarlo. Juan acudió a un evento invitado por la Agencia Piazza Comunicación y la buena conexión con la gente y la casualidad hicieron el resto. “Me llevé bien con unas chicas y a los dos meses me dijeron que les acababa de contratar Adidas por el Real Madrid y si me podían mandar la camiseta. Me hizo una ilusión brutal”.
Esa camiseta derivó en un mail que le invitaba a rodar un shooting lifestyle en Nápoles, volando con la expedición del Real Madrid, alojándose en su hotel y grabando contenido para la tercera equipación con Adidas. “Pensaba que me estaban vacilando. Hasta que no tuve los billetes, no me lo creí”. Tenía entonces 18.000 seguidores, lejos de los grandes perfiles de cientos de miles con los que fue seleccionado, “un poco de síndrome del impostor sí que sentía”, admite.

Juan durante el shooting en Nápoles / J.P
La fiebre por correr
En paralelo, fundó junto a cuatro amigos Pata Negra Run Club, un club social sin ánimo de lucro que empezó como excusa para sumar kilómetros y se convirtió en una comunidad real. “Salimos a correr, luego hablo con restaurantes y cafeterías para colaborar, también con marcas deportivas. Es una forma sana de hacer networking”, cuenta. Hoy las quedadas superan los 100 corredores y el proyecto le ha permitido unir deporte, marcas y eventos desde un enfoque propio.
El running no solo es una moda, sino un negocio en expansión. Las carreras populares y maratones ofrecen a las marcas plataformas para promocionar zapatillas, ropa técnica y gadgets de entrenamiento. Juan ha participado en eventos internacionales patrocinados, donde su papel incluye visibilidad en redes, promoción de productos y contenido para marcas. “Son oportunidades de trabajo enormes. Es un negocio grande”, asegura. Para muchos, correr ya no es solo ejercicio, sino también comunidad y estilo de vida, algo que Juan ha sabido aprovechar con su club.

Juan junto a Pata Negra Run Club / J.P
Del running al cine
El running no es su único escenario de creación. Hace dos años decidió apostar por la interpretación en la Central de Cine, donde estudió formación especializada ante cámara. El salto a la ficción también llegó. Su primera aparición fue en la serie Muertos SL, donde recitó una frase en asturiano que ha terminado formando parte de su historia tanto como sus vídeos o sus carreras: “No está el muertu”.

Juan durante el rodaje de Muertos S.L / J.P
Esa frase, explica, le emocionó porque era una forma de representar el norte desde su acento e identidad. La serie, adquirida por Netflix tras su éxito, se convirtió en la más vista del país en agosto. “Cuando digo esa frase siento un orgullo brutal”. También ha sido el doble del cuerpo de Gabriel Guevara para algunas escenas de la película “Culpa Nuestra”.

Juan García junto a Gabriel Guevera durante el rodaje de “Culpa tuya” y “Culpa nuestra”. / J.G
Un futuro sin etiquetas
A día de hoy, Juan crece entre 30 y 40 seguidores nuevos al día, consolidándose como creador sin etiquetas cerradas. Su historia cruza economía, deporte, moda, cine y redes, sin un molde que la contenga. Y aunque Madrid es su escenario profesional, la tierrina sigue siendo su nostalgia práctica. “Me gustaría hacer más cosas allí, pero no salen colaboraciones en Asturias”, cuenta el ovetense.
El norte le enseñó la salida. Las redes le dieron el método. El deporte, la comunidad. Y el cine, el próximo destino. Lo que nunca fue plan, hoy es profesión y mantra personal: vivir el movimiento. Y hacerlo a su manera.
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