Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Los 300 héroes asturianos de la II Guerra Mundial: El capitán Braulio Alonso "liberó" al papa Pío XII

Este hijo de un ovetense de La Manjoya, que tras la guerra se convertiría en una referencia educativa en Tampa (EEUU), sirvió como capitán al frente de una batería de artillería en la campaña de Italia y fue uno de los que participó en la liberación de Roma

En medio de la fiesta por la rendición de los nazis en las calles romanas, el capitán Braulio Alonso miró la cúpula del Vaticano y se dijo: "Vamos allá".

Logró ser recibido, junto a otros diez soldados, por Pío XII, “un individuo delgado, estético y frágil". El Papa cuestionado por su pasividad ante el exterminio judío le dijo que "estaba feliz de ver que la guerra había terminado y que deseaba la paz. Quería rezar por nosotros y que rezáramos por todos los que habían estado en la guerra, enemigos y similares", según recordaba Alonso

El capitán Braulio Alonso Jr. y una imagen de Pío XII durante la guerra

El capitán Braulio Alonso Jr. y una imagen de Pío XII durante la guerra

El proyecto de investigación "Asturians under american flag" ("Asturianos bajo bandera americana"), desarrollado por expertos asturianos en historia militar, ha logrado rescatar 300 biografías de descendientes de emigrantes asturianos que lucharon en las filas del ejército de Estados Unidos durante la II Guerra Mundial y en otros conflictos posteriores como la guerra de Corea o la de Vietnam. La mayor parte de ellos eran hijos de asturianos que se habían establecido en Tampa (Florida). Muchos de ellos lograron brillantes hojas de servicio y algunos, la más altas condecoraciones del Gobierno estadounidense. Este artículo resume una de esas 300 biografías de los héroes que dio la emigración asturiana a América.

Era el 4 de junio de 1944. Acababan de liberar Roma de los nazis. Entonces, ¿qué podía ser mejor que acercarse a saludar en persona al mismísimo papa Pío XII? El capitán estadounidense Braulio Alonso Jr., hijo de un emigrante La Manjoya, aquel día para la historia estaba al mando de la Batería A de la 85.ª división de infantería del ejército americano. Y, según propio testimonio, en mitad de aquella multitudinaria celebración, con todas las calles romanas colapsadas y la población invitándolos a vino, besándolos y cubriéndolos de flores, Alonso tuvo algo parecido a una visión. Divisó la cúpula de San Pedro del Vaticano y se dijo:“Vamos para allá”. Aunque parezca sorprendente, y en compañía de otros soldados que le siguieron, logró ser recibido presencia por Pío XII, a quien luego describió como “un individuo delgado, estético y frágil”. El pontífice cuya pasiva actitud ante el Holocauso le costaría no pocas críticas, bendijo a aquellos soldados y les entregó una medalla a cada uno. Esta es la historia del asturiano que “liberó” a un Papa y de aquel insólito encuentro en el Vaticano.

Braulio Alonso Jr. nació en Tampa (Florida) el 16 de diciembre de 1916. Fue el primer hijo del matrimonio formado por Braulio Alonso Gonzalez (La Manjoya, Oviedo, 1890) y Luisa Corces (Tampa, Florida, 1899). Tras él nacieron sus hermanas Theresa (Tampa, 1930) y Zoraida (Tampa, 1933).

La familia se estableció en Tampa en 1911. Eran doblemente emigrantes. Primero habían cruzado el océano desde Asturias y luego, desde La Habana (Cuba), se establecieron en Estados Unidos para trabajar en la industria tabacalera de Hillsborough. Braulio Alonso Jr. cursó sus estudios en el Hillsborough High School. Posteriormente asistió a la Universidad de Tampa, donde obtuvo la mejor nota de su graduación. Fue admitido en la facultad de Medicina, pero pospuso sus planes profesionales un año para contraer matrimonio con Adelfa Díaz el 9 de agosto de 1941 y enseñar química en Plant High School.

Braulio Alonso ingresó en el US Army el 16 de octubre de 1941, en Camp Blanding (Florida). Poco después del ataque japonés a Pearl Harbour fue transferido a la Escuela de candidatos a Oficiales en Fort Silk (Oklahoma), un centro específico de formación en artillería del ejército estadounidense, donde se graduó como oficial de artillería en abril de 1942.

Braulio Alonso Jr. fue asignado al 328º batallón de artillería de campo, uno de los tres que prestarían apoyo en la 85º división de infantería, más conocida como la “División Custer”. En esa unidad recibiría adiestramiento desde mayo de 1942 en distintos campos de maniobras (Camp Shelby, Camp Pilot, Camp Coxcomb, Fort Dix y Camp Patrick Henry) hasta enero de 1944 cuando seria embarcada con destino Casablanca. En esta ciudad marroquí, entonces dentro del Protectorado Francés, recibió adiestramiento en maniobras anfibias, de cara al inminente desembarco en el frente italiano.

En abril de 1944 la 85º división de infantería desembarcó en Minturno, al norte de Nápoles, donde se desplegarían los batallones de artillería, entre ellos el 328º, donde Braulio Alonso Jr. comandaba la Batería A con grado de capitán.

Las operaciones en el frente de Italia fueron complicadas. La orografía montañosa del terreno lo complicaba todo. La 85º división tenía como objetivo controlar todo el territorio al sur de Roma. La capital italiana caería en manos alidadas el 4 de junio de 1944.

Ese día se produciría el encuentro entre este brillante hijo de emigrantes asturianos que luego se convertiría en un personaje de referencia en el ámbito educativo de Tampa y el papa Pacelli. Sus recuerdos de aquella sorprendente visita están sacados de entrevista recogida por la Dr. Maggie Rivas-Rodríguez el 18 de junio de 2006 y donde también se hace referencia a otros testimonios que el capitán asturiano hizo para el periódico local “La Gazeta”. Rivas-González define a Braulio Alonso jr. como alguien “profundamente religioso”, que en absoluto tenía una concepción romántica de la guerra. Este soldado que recibió dos Estrellas de Bronce y Corazones Púrpuras (por sus heridas en combate) decía: «La guerra es desagradable, cruel, sangrienta». La repugnancia que los nazis le producían era equiparable. De hecho, en la mencionada entrevista se detalla que durante los combates que libró en los Alpes italianos, en mayo de 1945, un oficial alemán le ofreció su bastón, pero “asqueado por las atrocidades nazis” Braulio insistió en que «la raza superior» se rindiera ante sus tropas afroamericanas.

Cuando el capitán Alonso entró en Roma, tuvo la sensación de que “toda Italia estaba allí. O sea, había millones de personas. Lloraban, reían y bailaban… nuestro jeep estaba rodeado. Me besaron… nos lanzaron flores; querían que bebiéramos vino… Nunca he visto a nadie tan feliz como con la liberación de Roma”. El jeep en el que viajaba el capitán, conducido por su chófer, apenas podía moverse por la densidad del tráfico. Toda Roma era una fiesta.

El capitán asturiano aseguró en la entrevista que concedió en 2006 que en ese momento de monumental atasco miró la cúpula de la Basílica de San Pedro recortándose sobre la cercana Ciudad del Vaticano y le dijo al conductor: «Vamos para allá». Se diría que fue un auténtico momento de “grandonismo” típicamente asturiano: si uno acaba de liberar Roma, qué menos que pasar a saludar al Papa en persona.

Así que llegó a la plaza de San Pedro y con otros hombres de su unidad, todos católicos, tomaron la decisión de ir a hacerle una visita a Pío XII. Así lo recordaba Alonso: “Los cinco oficiales y cinco soldados rasos, todos con uniforme de combate, se acercaron a un guardia suizo y le preguntaron si era posible ver al Santo Padre. El guardia se sorprendió por la petición, pero también mostró alegría por la liberación. Se marchó y, tras una breve espera, apareció un sacerdote irlandés y nos pidió que esperáramos”. El sacerdote “nos preguntó de dónde éramos y cosas así”. Luego les dijo que esperasen, que creía que el Papa podía recibirlos. En otra entrevista, Braulio añadió que el guardia suizo impidió inicialmente el paso, pero reconsideró su postura cuando el capitán le dio unos cigarrillos y chocolatinas. Dejaron las armas a uno de los conductores “que no era católico” pero que prometió “protegerlas con su vida”. “Por supuesto, violamos todas las normas militares” al hacerlo, reconoció el capitán asturiano.

Fueron escoltados al interior, “a una habitación blanca y vacía”. Estaban a punto de ver al Papa. Así recordaba Braulio Alonso jr. el momento: “Aquí viene un individuo delgado, estético y frágil, Pío XII, que entró y nos habló en inglés, un inglés comprensible. Dijo que estaba feliz de ver que la guerra había terminado y que deseaba la paz. Quería rezar por nosotros y que rezáramos por todos los que habían estado en la guerra, enemigos y similares”. Antes de que el Papa se marchara, les entregó una medalla a cada uno.

Braulio siempre recordó aquel encuentro como lo más relevante que le pasó durante su campaña bélica en Italia. Pero en la entrevista de 2006 insistió en poner la II Guerra Mundial “en perspectiva”, subrayando en que “educarse es lo más importante que los jóvenes latinos pueden hacer por sí mismos hoy en día”, reseñó Rivas-González en el texto que escribió a partir de la entrevista. En este sentido, Braulio Alonso le dijo: “No se puede vivir sin educación. Y si estás aquí, aprende inglés… Eso es lo que tenemos que hacer. Siéntete orgulloso de tu herencia, pero recuerda que ahora estás en Estados Unidos”, recomendaba a los jóvenes.

La división de Alonso regresó a los Estados Unidos y se disolvió en Camp Patrick Henry, Virginia, el 26 de agosto de 1945. El día 10 de noviembre de este año, el capitán asturiano fue licenciado. En su retorno a la vida civil dirigió el programa de capacitación práctica para veteranos que regresaban y colaboró con el Departamento de Educación del Estado y con directores de escuelas secundarias locales para establecer el Instituto de Veteranos, donde los veteranos que regresaban podían obtener sus diplomas de secundaria de forma acelerada o un GED. El programa se convirtió en lo que hoy es la Escuela Secundaria de Educación para Adultos. Braulio, que obtuvo un doctorado en Educación por la Universidad de Florida, fue director de las escuelas secundarias West Tampa Jr., Jefferson y King. En su nombre se creó en agosto de 2001 la escuela secundaria Braulio Alonso, en Tampa, como reconocimiento a su grandísima labor como educador. El capitán asturiano que “liberó” a un Papa falleció el 5 de junio de 2010. Sus restos descansan en el Cementerio del Centro asturiano de Tampa (Florida)

Tracking Pixel Contents