Edu Galán, escritor: "Tuve suerte, y después trabajé como un animal"
Autonomía, humor, disciplina y precariedad como claves de la trayectoria singular de un creador híbrido ovetense que rehúye oficinas y conformismos: "A veces me veo como un paracaidista, pero es lo que me gusta"

Edu Galán.
Edu Galán (Oviedo, 1980) es escritor. Firma en suplementos culturales y colabora en «Más Vale Tarde» y «La Roca» (La Sexta) y en «Las mañanas» (RNE). Ha publicado «El síndrome Woody Allen» (2020), «Morir de pie» (2024) y «Diez horas con Ana Belén» (2025). Cofundó la revista satírica «Mongolia» en 2012 y abandonó el proyecto en 2021
Lo que más cuesta a Edu Galán de su oficio de escritor, "por mi carácter festivo y tendente al exterior urbano, es sentarme y escribir. Pero no hay más remedio". Como buen autónomo, "no solo me dedico a libros, columnas o guiones. También produzco obras teatrales y audiovisuales, participo en charlas en vivo y en directo, aparezco en tertulias televisivas o colaboro con ideas y consejos para proyectos audiovisuales, cuando alguna productora me silba. En general adoro mi oficio".
Recopilemos: "Ahora mismo estoy escribiendo su nuevo ensayo, que saldrá en 2026; grabo una columna radiofónica semanal, ‘El chinpúm’, con el gran Juan Ramón Lucas en ‘Las mañanas de RNE’ y en la tertulia ‘Los amigos de Antonio Lucas’ de ‘El Faro’ de la Cadena SER; debato en los programas de la Sexta ‘Más Vale Tarde’ y ‘La Roca’; echo una mano en Pokeepsie Films, la productora de Álex de la Iglesia, siempre que me necesitan, y esta temporada me llamaron de ‘Al cielo con ella’, el estupendo late night de Henar Álvarez, para colaborar con los invitados en ideas y propuestas".
Siga, siga: "Además, en octubre estrené una lectura collage de textos de Vargas Llosa para honrar su memoria en la Bienal Vargas Llosa de Cáceres. Mi adaptación, ‘Mario, un pez en el agua’, combina sus memorias con ‘La tía Julia’, ‘Conversación en la catedral’ y artículos periodísticos. Doce actores y actrices leyeron mi criatura en el Gran Teatro. Entre ellos, Ana Belén, Magüi Mira, Álvaro Vargas Llosa y Héctor Abad Falciolince. Estoy particularmente orgulloso por la recepción del público y el agradecimiento de la familia, que me honró profundamente".
Desde chiquillo, "cuando empecé a escribir crítica de cine en 2002 en LA NUEVA ESPAÑA, sabía que quería esa vida: otra cosa es que no tenía ni idea de cómo conseguirla. Me licencié en Psicología sin honores –merecidamente– y me fui a Madrid a completar los estudios con un máster en Comunicación y Marketing. Trabajé años en recursos humanos y después como coordinador académico de una escuela de posgrado y vi que lo de las oficinas y los horarios no era lo mío. Menos mal: en 2011 apareció en mi vida Darío Adanti, que me ofreció lanzar y fundar la revista satírica ‘Mongolia’ al lado de Rapa y Pere Rusiñol. Suelo tener esas suertes. A partir de ahí, currar como un animal".
Tiene la fortuna de que sus padres, Marta y Nicasio, "se empeñaron en que mi hermano Luis y yo viajásemos desde chiquillos. Recuerdo con mucho cariño un viaje a Malawi, a una misión-orfanato que formaba parte de la red de las Hermanas de María Mediadora, donde mi tía Tina fue superiora. Descubrí la pobreza extrema, la enfermedad y la muerte, algo ajeno a mí hasta mis 18 años. Me impactó mucho ver el cadáver de un bebé, envuelto en una manta extrañamente colorida, y aún me lo recuerdo cuando se me olvida que no todo el mundo vive como nosotros".
Aconseje a quien quiera dedicarse a su profesión: "Que no tenga miedo pero que probablemente se tenga que ir de Asturias. Mi profesión es muy minoritaria y las pocas oportunidades están en las grandes ciudades".
Se acuerda mucho "de la leche recién hervida y del arroz con leche de mi güela Emma. De la carne guisada y las patatas redondas de mi güela Luz. Y sueño mucho con mi güelo Quelo. Cuando me avisaron que había muerto, en mis cascos sonaba ‘Nos volveremos a ver’ de Calamaro mientras esperaba en un paso de cebra en la calle San Bernardo de Madrid. Hoy soy amigo de Andrés y me sigo asombrando con cuántos caminos inesperados se cruzan en la vida".
Malos recuerdos: los de "mi etapa de oficina", con un jefe "horrible, un psicópata asqueroso –mano dura con el débil, mano suave con el fuerte– de estos que pueblan las empresas del mundo. Aprendí a golpes lo que no quiero ser jamás. Y también los últimos años de Psicología, en mis veintipocos, sin horizonte claro. Por eso entiendo tan bien la desesperación de bastantes jóvenes que no saben qué será de ellos en el futuro. Yo, al menos, tenía curro pinchando discos en La Piel del Tripulante de Oviedo".
"¿Qué carencias debería combatir Asturias? Creo que la principal es la autoestima. En Asturias las cosas están bastante mejor de lo que parecen si vives aquí. Eso sí, hay que mantenerlas: lo de que ‘hay demasiados impuestos’ y esos cantos de sirena me parecen muy perjudiciales. Me preocupa tremendamente la masificación del turismo y no tener otro plan como región: este verano fui a Cudillero y lo que vi no me gustó nada".
La capacidad de crear proyectos y trabajar con autonomía, "sin integrarme en grandes empresas o equipos estables, me ha ayudado mucho. A veces me veo como un paracaidista, pero es lo que me gusta. Un poco como Michael Landon en ‘Autopista hacia el cielo’: llego, ayudo y si me necesitáis más veces, vuelvo. Si no, tan amigos. Este formato de trabajo puede ayudar a personas con las mismas pulsiones vitales que las mías. Eso sí, a veces da miedo porque es muy inestable. Ah, y por mucho que me dedique a la cultura: debemos cobrar. Sigamos siempre el mandamiento de doña Concha Piquer: ‘Si no gano dinero, no me divierto’".
Seres que influyen: "Además de mis padres, el primero fue mi maestro Domingo Caballero, que sacó de mí inteligencias que yo no creía que tenía y me ayudó a ver que debía marcharme para luego volver si quería. En lo vital, aprendo mucho de la forma de ser de mi tío Javier Galán: a las dificultades de la vida, risa y aprendizaje. En la convivencia de pareja, mi mujer, Marta Flich, me ha enseñado todo lo que sé y, algo más importante, lo que significa el amor de verdad. Aparte, como es una comunicadora de primerísimo nivel, la miro en televisión y no paro de asombrarme con su talento y tomar notas. Y mi hija Berta me obliga a mejorar en cosas que ni yo sabía". Siempre tuvo claro que "debía rodearme de personas más buenas y más inteligentes que yo. Por eso tengo la suerte de comer y reírme con amigos y amigas que además son genios, salvo en lo de aguantarme. Mi amigo el cineasta José Luis García Sánchez es una fuente de consejos. Uno, cuando yo me quejaba de este curro mío tan volátil: ‘Haber montado una notaría’. Y otro, citando al actor Antonio Gamero: ‘A los amigos no les cuento las penas, que los divierta su puta madre’".
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