La artista asturiana que trató de filtrar un mar, entre los creadores jóvenes más prometedores de Madrid
Elisa Cuesta forma parte de la antología de jóvenes emergentes que se expone hasta febrero en la Sala de Arte Joven de la Comunidad madrileña
La creadora asturiana firma una instalación que nació como una investigación matérica con barros y residuos industriales y fructificó con un registro sobre el papel de la transformación industrial de Asturias

Elisa Cuesta ante su instalación "Filtrar un mar" / andrés arranz
¿Se puede filtrar un mar? Obviamente, no. Pero, aun así, la artista asturiana Elisa Cuesta (Soto del Barco, 1992) se ha internado en ese proceso. Ese es el título –“Filtrar un mar”- de su instalación seleccionada para la exposición que hasta el próximo 8 de febrero puede visitarse en la Sala de Arte Joven de la Comunidad de Madrid (Avenida de América, 13). La pieza de Cuesta forma parte de una selección de la obra de diez prometedores artistas menores de 35 años residentes en la comunidad madrileña. Este trabajo de Elisa Cuesta es la culminación de un proceso de investigación que comenzó en 2022. En realidad, podría decirse que lo que esta creadora asturiana “filtró” y registró sobre el papel fue la huella que la tradición industrial asturiana dejó sobre el territorio.
La exposición es la XXXVI edición de los Circuitos de Artes Plásticas de la Comunidad de Madrid. Lleva por título “Una flor es una flecha es un flexo un flan es una flor”. Está comisariada por Manuela Pedrón. La pieza por la que Elisa Cuesta ha sido seleccionada está compuesta por una serie de filtros cerámicos cónicos sobre los que vertió distintos líquidos para generar un goteo que, a su vez, produjo una serie de “estratigrafías”: son el registro en forma de halo, de mancha, que fueron dejando en el papel esos líquidos filtrados. Todo responde a una intención creadora de traducir y plasmar en un objeto y en un proceso artístico una cierta visión sobre el territorio. En este caso sobre el territorio asturiano.

La instalación "Filtrar un mar" / andrés arranz
“Filtrar un mar” es la culminación de un largo proceso que comenzó en 2022 como una investigación material para hablar, entre otras cosas, del legado de las industrias pesadas en Asturias. A ello se unió la atracción que siente la artista asturiana por la idea del filtro, tanto en su acepción de filtro como cura o como bebedizo ponzoñoso; como metáfora poética o como herramienta depurativa. Así surgió y se desplegó su trabajo: “Coincidiendo con un viaje de vuelta a Asturias, después estar un par de años viviendo fuera de España, empezaba a ver una serie de tensiones tanto personales como del territorio que tienen que ver con la industria pesada, con la deslocalización posterior de esa industria y lo que queda después; el proceso que estamos viendo ahora. También con otros procesos similares que pudo haber en el pasado. Antes de las industrias metalúrgicas había otra serie de industrias mucho más artesanales y pequeñas. A partir de eso me pongo a trabajar, a localizar barros tradicionales y a mezclarlos con residuos de lo que queda o quedará cuando la industria pesada se transforme en otra cosa más ecológica o, por lo menos, más invisible”, explica esta creadora que, además, trabaja como responsable de proyecto en la Fundación Thyssen-Bornemisza de Arte Contemporáneo (TBA21).
Los bloques cónicos de arcilla nacieron durante una residencia en la Factoría Cultural de Avilés. Están hechos con barros asturianos, rojos, negros, de Miranda, de Faro, barros industriales… a los que la artista añadió otros productos como óxidos de hierro, lodos, etc. Esos conos iban montados sobre una “estructura que recuerdan un poco ese paisaje industrial”. En esos conos, en la exposición de la instalación que posteriormente hizo en una edición de la Semana Profesional del Arte en la Fábrica de Armas de Oviedo, en 2023, Cuesta vertía agua contaminada con productos industriales y, fruto de ese filtrado, del goteo, los “estratogramas” iban apareciendo en los papeles que estaban debajo. “Coloqué estos papeles con la esperanza de poder registrar el proceso y efectivamente al final aguantó el papel, quedó muy bonito. Y lo pude trabajar como para convertirlo en obra gráfica”. Ahora en la sala madrileña, a modo de cierre de todo el proceso, se exponen las piezas cerámicas y la obra gráfica, que se muestra en un archivador como si fueran “las distintas capas de ese mapa que se ha ido construyendo”
La obra de Elisa Cuesta se mueve entre tecnología y la ecología, entre las interacciones de la una con la otra. Trató de filtrar un mar a sabiendas de que eso es imposible pero con el objetivo de poder hablar también “de esos esfuerzos tan grandes que a veces hacemos y que, en realidad, resultan como gotas en el mar”.
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