El gran ecosistema industrial que el franquismo no vio venir: el estudio pionero de un investigador asturiano
El historiador de la economía Guillermo Antuña Martínez ha buceado en los orígenes y la evolución del sector metalmecánico en la región, una aglomeración de empresas clave para el presente y el porvenir industrial de la región que tuvo que crecer a partir de la creación de Ensidesa, pero en contra de los criterios de la agenda económica del régimen
“El futuro de Asturias será industrial o no será”, afirma el experto, profesor en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, convencido de que “incluso asumiendo que el sector dominante será el terciario hay que tener en cuenta que los servicios de alto valor añadido son los que tienen que ver con la industria”

Guillermo Antuña Martínez. / Luisma Murias
Guillermo Antuña Martínez bromea a veces con la predestinación. Nacer en El Entrego y crecer en Avilés equivale a criarse en un recorrido completo por “la cadena de valor del carbón”, así que quizá fue un resorte del subconsciente el que redirigió su destino profesional y le hizo saltar del grado en Comunicación a un máster en Historia de la Economía, y de aquí a los engranajes del corazón industrial de Asturias y el estudio de la mecánica interna del ecosistema empresarial que germinó al calor de la siderurgia. Entreguín de 1995 y residente en Barcelona desde 2018, ejerce como investigador y profesor de Economía en el Tecnocampus de la Universidad Pompeu Fabra, tiene recién estrenado el cargo de coordinador del Centro de Análisis y Desarrollo de la Economía Social en Cataluña y acaba de publicar los frutos de una investigación con conclusiones reveladoras sobre el origen, casi espontáneo, del conglomerado de empresas del metal que sigue dando cuerda a uno de los grandes motores del sector industrial asturiano.
En 2024 se doctoró con sobresaliente cum laude en la Universidad de Barcelona gracias a una tesis sobre la génesis y la evolución del sector metalmecánico asturiano, señal de que el rabillo del ojo se le va sin querer a la tierra y de que lleva un tiempo observando la región con la distancia del tiempo y del espacio. Mirándola con los ojos del historiador y analizándola con la perspectiva que da la separación física y la convicción de que “la manera de explicar algunos fenómenos del presente hay que buscarla en las trayectorias de largo plazo, en conexiones con el pasado o en procesos evolutivos….”
Con ese espíritu acaba de coger un desvío de aquella investigación pionera, la primera que puso el foco en las raíces y evoluciones del metal asturiano, y se ha detenido a explicar cómo levantó el franquismo, sin querer, un clúster de empresas del metal en torno a la vieja Ensidesa. Su conclusión viene a revelar que pese a que se intuían inmejorables condiciones de partida el régimen no las vio venir, incluso obstaculizó el desarrollo de este sector que hoy ronda los 17.000 empleos directos y es uno de los componentes más resistentes de la industria asturiana, pero que tuvo, casi, que nacer y criarse solo.
El artículo que sostiene esta tesis se titula “El surgimiento impremeditado de un clúster: una revisión de la política industrial franquista en el polo siderúrgico de Asturias (España), 1939-1985” y acaba de aparecer en la prestigiosa revista “Enterprise & Society”, que publica el sello editorial de la Universidad de Cambridge. El relato se origina en el mismo afán que inspiró su tesis y puede que sea, en realidad, “la continuación natural” de aquella investigación en la que se desentraña la aparente contradicción de que sea este sector uno de los motores económicos de una región “que supuestamente es un erial industrial en el que no queda nada…”

Piezas para un parque eólico marino almacenadas en las instalaciones de Windar en el puerto de Avilés. / Luisma Murias
Tirando de ese hilo hasta el origen más remoto de la tradición industrial asturiana, Antuña llega a la conclusión de que esto que hoy ha cristalizado en una alianza empresarial reglada y canónica, un clúster metalmecánico con participación de las empresas, las instituciones o los centros de conocimiento, hunde algunas de sus raíces en un curioso proceso espontáneo y no premeditado, ajeno por completo a la agenda industrial del régimen franquista. Y eso que en Asturias, desde finales del siglo XVIII y especialmente durante todo el proceso industrialización del XIX, se había fraguado un claro “caldo de cultivo” que favorecía esas dinámicas de agrupación y sinergia empresarial.
El "punto de inflexión" de Ensidesa
Alrededor de la cadena de valor del carbón, “que es también la del acero”, señala Antuña, se fueron articulando las bases de un ecosistema empresarial rudimentario que ya tenía entonces “capital extranjero, mano de obra, infraestructuras o conexiones entre empresas”, pero que no terminó de cristalizar hasta que el nacimiento de Ensidesa (1950) encendió la mecha del “punto de inflexión”. En torno a la gran siderúrgica pública germinó un auténtico entramado empresarial de compañías con todo lo que caracteriza un clúster, con vínculos verticales con la compañía matriz como proveedor y cliente e intercambios horizontales de equipos o capital entre las piezas del sistema…
Cabría pensar que todo estaba pensado, “que se construía Ensidesa como punta de lanza de un polo que favorece esa aglomeración”, pero no. “La documentación demuestra que eso se va construyendo por sí mismo”, apunta Antuña, y que las empresas “van generando sus propias estructuras, por sí mismas, de una manera casi improvisada”. Todos los recursos de la política industrial franquista se concentraron en el desarrollo de las industrias pesadas, “consideradas estratégicas para el interés nacional”, la minería, la siderurgia o el naval, mientras se obligaba al emergente ecosistema de la transformación metalmecánica no sólo a evolucionar sin directrices claras ni apoyos, sino a sortear toda una larga serie de obstáculos, con frecuentes restricciones de acceso a materias primas, maquinaria o financiación, incluso durante los polos de desarrollo.
El futuro, la cesta y los huevos
Hoy, sin embargo, el paisaje de empresas medianas y grandes del sector de la fabricación de productos metálicos, de la construcción de maquinaria y el material de transporte ejerce una tracción innegable en el motor industrial de Asturias, señala el investigador. Sus 17.000 empleos aproximados se parecen mucho a los del inicio de la reconversión de los años ochenta y “lo interesante”, señala, “ha sido comprobar cómo el sector termina dando el sorpasso a la siderurgia, que va en un lógico declive constante como víctima de un proceso de reestructuración que llega hasta nuestros días”. Enlaza aquí el análisis histórico con el futuro, el conocimiento del pasado con las apuestas de la política industrial y con la necesidad de primar el ecosistema sin dejar de lado la siderurgia ni dejar que la única guía sea “una sola gran empresa multinacional con intereses globales que muchas veces no coinciden con los europeos…” La eterna apelación a la conveniencia de "no poner todos los huevos en la misma cesta".
“Yo estoy convencido de que el futuro de Asturias será industrial o no será”, proclama el economista. “Estamos en una coyuntura histórica en la que hay que tomar una decisión, hay que posicionarse” y responder a una pregunta básica. “¿Cuál queremos que sea el verdadero motor económico de la región? ¿Queremos que siga siendo la industria, o una industria diferente?”
Su respuesta matizará de entrada que no hay modo de volver al “cincuenta por ciento de empleo industrial” o al 45 por ciento de contribución del sector fabril al PIB, pero incluso asumiendo que la región se encamina hacia un inevitable predominio del sector servicios, la gran cuestión es ¿qué servicios nos convienen? Si queremos orbitar en torno al turismo, que genera empleo mayoritariamente precario, de salarios bajos y estacionalidad alta, o nos inclinamos por los servicios de alto valor añadido…” Abrazar la opción B supone aceptar que éstos “tienen que ver con la digitalización y están conectados con la industria 5.0. Por tanto, la tercerización de Asturias debe estar guiada por el avance de la industria asturiana”, concluye, desde la constancia de que es el secundario “el sector que genera más externalidades positivas”.
Habla un economista que se marchó en 2013 para estudiar Comunicación en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y se graduó, pero después se dio cuenta de que quería otra cosa y puso los ojos en el mundo académico. Hizo un máster de Historia Económica en la Universidad de Barcelona, se doctoró y empezó a dar clases hasta que consiguió, el pasado mayo, una plaza de profesor que le ha estabilizado en el Tecnocampus, centro de docencia e investigación adscrito a la Pompeu Fabra.
- Multado con 200 euros por llevar la baliza v-16 pero no tener el otro elemento obligatorio en la guantera en caso de avería: la Guardia Civil vigila los coches asturianos
- Colas en Decathlon tras tirar el precio de su nueva bicicleta eléctrica de montaña con más de 180 kilómetros de autonomía: ideal para carretera o monte
- Multado con 800 euros por no llevar el papel actualizado en el coche: la Guardia Civil vigila las clásicas carpetillas de la guanteras de los asturianos
- El Águila Negra de Colloto echa el vuelo: comienzan las primeras obras para transformar la antigua fábrica de cervezas en el Edificio del Agua del Principado
- Buenas noticias para los ciclistas: Oviedo vuelve a permitir el uso de las bicicletas en las calles peatonales
- Jessica Bueno pide ayuda desesperada tras ser víctima del accidente de tren en Adamuz: la última hora sobre el estado de la modelo
- La Policía Nacional emite un aviso urgente que afecta, en mayor medida, a Gijón: 'No tengas todas las ventanas abiertas
- Obras en dos de los túneles más transitados de Asturias: habrá cortes desde este lunes y durarán dos semanas