El ingenio desbordante de un asturiano cambió la vida de todo México con su "máquina tortilladora"
Fausto Celorio, nacido en una familia de Veracruz de orígenes llaniscos, inventó la forma de automatizar la producción de tortillas de maíz, lo que supuso una liberación para millones de mujeres mexicanas "esclavizadas" por las muchas horas necesarias para hacer este pan de maíz que está en la base de la gastronomía del país
La máquina tortilladora, que la empresa Celorio ha fabricado por decenas de miles en sucesivas versiones mejoradas, permitió la creación de un sector alimentario industrial nuevo y la expansión internacional de un símbolo de la cultura gastronómica mexicana

Un joven Fausto Celorio Mendoza junto a una máquina tortilladora. / .
Un descendiente de emigrantes asturianos apellidado Celorio cambió la vida de los mexicanos. Tanto que hay quien incluso considera que debería de estar enterrado en la Rotonda de Personas Ilustres del Panteón de Dolores ubicado en la Ciudad de México, donde descansan los héroes y padres de la patria. Ese descendiente de asturianos llamado Fausto Celorio Mendoza transformó la vida cotidiana de México y permitió que se abriera una importante industria alimentaria de ámbito internacional, pero lo hizo de una curiosa manera: es el inventor de la llamada “máquina tortilladora”.
En México, todo lo referente a las tortillas de maíz no es un asunto menor, ni mucho menos. Así lo cuenta el periodista, escritor y músico Gerardo Australia en su libro “Una historia en cada hijo te dio”. Australia le concede al inventor y empresario veracruzano, fallecido el 30 de julio de 1996, con 87 años de edad, el estatus de héroe de la patria “no solo por su maravilloso invento que cambió la vida de los mexicanos, sino porque tiene la categoría de ‘libertador’, ya que con ella liberó literalmente a millones de mujeres de la esclavizante faena de andar ‘aplaudiendo’ masa para la creación de nuestra ilustre y bendita tortilla, sin duda, un símbolo patrio más ameno, nutritivo y práctico que el águila o la serpiente, que bien fileteados caben en un taco”. Antes de que llegase la máquina de Celorio, se estimaba que un ama de casa mexicana tardaba entre cinco y seis horas en hacer las tortitas que consumía cada familia.
La tortilla mexicana es la base de la gastronomía de México. Es ese pan plano y circular hecho sobre todo de maíz nixtamalizado, cocido y molido con cal. Se utiliza para tacos, quesadillas, enchiladas. Las tortillas son un icono nacional. Gerardo Australia apunta que las tortillas ya aparecieron en el estómago de los mexicanos 500 años antes de nuestra era, “aunque se dice que la domesticación del maíz data de hace 8.000 años”. El maíz moldeó la vida de México, pero también de Europa. Cuando llegó a mediados del siglo XVII al Viejo Continente no hizo más que quitarnos el hambre. Acabó, como subraya Gerardo Australia, con “200 años de hambrunas”.
Fue una revolución alimenticia y, de hecho, propulsó una revolución demográfica. Es, de alguna manera, también el origen -entre otros factores- de la gran avalancha migratoria que llevó a miles de asturianos al otro lado del mar entre mediados del siglo XIX y mediados del XX. El maíz quitó mucha fame, nació más gente a consecuencia de esas mejorías alimenticias y de ese “excedente” poblacional en una Asturias agrícola, sin empleo y ni recursos para todos, se nutrió en buena medida la gran emigración asturiana.
Entre esos asturianos que cruzaron el mar para volver, por así decirlo, a la cuna del maíz estuvo un antepasado del inventor de la máquina tortilladora. Así lo indica uno de sus parientes en México, también de origen llanisco, el escritor Gonzalo Celorio. El último premio Cervantes rescata su historia familiar en “El metal y la escoria”, una novela publicada originalmente en 2015 y que acaba de reimprimir la editorial Tusquets. Entre las páginas de “El metal y la escoria”, al hablar de su padre, Gonzalo Celorio cuenta que se “distanció deliberadamente de todos los parientes que habían venido a México y prosperado en diversas ramas de la industria, el comercio o el arte”. Y entre esos parientes con los que nunca se vincularon estos Celorio, el escritor cita al inventor de la máquina de hacer tortillas. Pero también a “los dueños de El Mirador, la cantina que da al bosque de Chapultepec y que fue la última en abrir sus batientes al sexo femenino”. Y a otro personaje singular del mismo apellido que bien hubiera merecido una novela: “La pintora surrealista Sofía Celorio de Bassi, acusada de haber asesinado a su yerno, el conde Cesar d’Aquarone, o sospechosa de haberse inculpado de ese crimen para salvar a su hija de prisión, a la que ella fue condenada por espacio de once largos años”. Sofía alcanzó fama artísticas y social como Sofia Bassi, por el apellido de su segundo marido, pero nació como Sofía Celorio Mendoza, veracruzana y, por más señas, hermana de Fausto Celorio Mendoza, el de la máquina tortilladora.
Negocio y esclavitud
El elevado consumo de tortillas en México suponía un negocio y, al tiempo, una esclavitud para las mujeres mexicanas, las auténticas elaboradoras de la base gastronómica del país. Los datos que aporta Gerardo Australia indican que, a principios del siglo XX, cuando el país azteca tenía una décima parte de su población actual, habría unas 5 millones de personas que comían tortillas diariamente y entonces era necesario el trabajo de 312.000 esforzadas “tortilleras” para tenerlos abastecidos, después de hacer el nixtamal y lograr la masa, todo a “brazo batiente”. Tal era la especialización femenina en ese tipo de producción alimentaria que la leyenda afirma que Fausto Celorio diseñó su máquina a escondidas de la mujeres, pues temía que estas le atacaran y acabaran con el hombre que iba a quitarles el empleo.
Todo eso cambió cuando Fausto Celorio Mendoza inventa en 1947 la “tortilladora automátictica”, que funcionaba así: se le introducía la masa de maíz nixtamalizada, luego a través de un sistema de rodillos la comprimía hasta darle la forma de la tortilla delgada, la transportaba por una cinta automática al horno y la depositaba en un recipiente. El diseño integraba en un único proceso el amasado, el formado y la cocción de la tortilla. Empezaron a vender 40 máquinas a la semana. Fausto Celorio también fue autor de otros 150 inventos relacionados con la producción industrial. Es, de hecho, el mexicano con más patentes industriales.
Celorio no fue el primero en crear una máquina tortilladora (cuando inventó la suya había ya más de 2.200 tortillerías automatizadas en el país) pero sí fue el primero que creó la que era realmente funcional y la de más bajo consumo. En 1904, ya se había inventado una máquina tortilladora, obra de Everardo Rodríguez y de Luis Romero, pero tenía un problema básico: las tortillas salían cuadradas y no redondas. Además, no alcanzaba ni mucho menos el nivel de producción por hora que tenían los desarrollos técnicos de Celorio.
Para hacer su diseño, este ingenioso descendiente de asturianos nacido en una relevante familia de Veracruz contó con la ayuda del ingeniero Alfonso Gándara. La primera versión de máquina de tortillas empezó a venderse como churros. Luego fue mejorando el diseño. En 1963 sacó al mercado una que hacía 132 kilos de tortilla cada hora. En 1975 la máquina ya podía hacer 200 tortillas por hora con la mitad de consumo energético, al utilizar el gas como fuente de energía. Gerardo Australia calcula que entre 1960 y 1980, la empresa de Celorio Mendoza, que sigue en funcionamiento y es líder en el sector, vendió 42.000 tortilladoras por todo el mundo.
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