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Los jóvenes líderes de la diáspora asturiana: Paula Verdeal, la amazona que dirige el baile en Guadarrama

La joven madrileña, veraneante en Buslaz (Villaviciosa), siente devoción por el Principado sin haber nacido en la región

Es timbalera en la banda de gaitas La Tarabica y en 2026 dirigirá el grupo de baile de la Casa de Asturias de la localidad madrileña

Paula Verdeal, con sus caballos

Paula Verdeal, con sus caballos

Xuan Fernández

Xuan Fernández

Paula Verdeal (Madrid, 1999) es el ejemplo clarividente de que no es necesario tener lazo alguno con Asturias para sentir la región como si no hubiese mañana. Verdeal, sin familia directa en el Principado, se siente asturiana y además plantea desarrollar allí la que será su profesión, la Veterinaria. “Mi pasión son los caballos y Asturias es una opción muy clara para mí”, destaca esta joven, que reside en Valdemorillo (Madrid) y tiene una devoción profunda por la región por influencia de sus padres, veraneantes desde hace décadas y con segunda residencia desde hace años en Buslaz, en el concejo de Villaviciosa.

Llevamos yendo toda la vida, casi siempre por la zona de Villaviciosa y ahora podemos ir siempre al mismo sitio. No perdonamos un verano”, cuenta Verdeal, que define Asturias como su segunda casa. Los veranos marcan el ritmo de esa relación: vida de pueblo, playas cercanas como Rodiles, paseos y desplazamientos constantes por el oriente asturiano. Un vínculo construido sin raíces familiares, pero con una constancia que ha terminado por convertir la costumbre en pertenencia.

Cuenta Verdeal que las fiestas de verano de los pueblos de Villaviciosa y alrededores le llamaron la atención desde el principio. Especialmente los bailes tradicionales, un mundo al que se fue acercando casi sin darse cuenta. Observaba la jota asturiana, la danza prima, el baile del pandeiro de los vaqueiros de alzada, el xiringüelu o el pericote de Llanes, entre otros, como quien mira algo ajeno pero fascinante. Aquel interés terminó siendo una puerta de entrada a la cultura asturiana más profunda.

Por eso tomó una decisión hace varios años: apuntarse a la Casa de Asturias de Guadarrama, que preside José Luis de la Cera. “Entré por la inquietud de aprender el baile”, explica. A partir de ahí, su implicación fue creciendo de forma natural y constante. Hoy, Verdeal es vocal de Juventud de la Casa de Asturias, timbalera de la banda de gaitas de la institución, La Tarabica, y en 2026 asumirá un nuevo reto: dirigir el grupo de baile tradicional.

La madrileña, en el festival Internacional de Gaites Villa de Xixón

La madrileña, en el festival Internacional de Gaites Villa de Xixón / Juan Luis Guedejo

Empezamos ya con la Jota de Cangas y también con El Saltón”, detalla. De momento, el grupo lo conforman seis personas, que ensayan una vez a la semana, aunque la intención es ampliar el número de integrantes en los próximos meses. “Nuestra idea es que vaya yendo más gente”, subraya, con la mirada puesta en consolidar un proyecto que combina aprendizaje, divulgación cultural y comunidad.

Verdeal explica que esta devoción por Asturias no solo nace de los veranos, sino también de la conexión humana con la región. “Los asturianos son amables, acogedores, siempre me sentí como en casa”, resume. A ese sentimiento se suma su gusto por la música celta, que terminó de empujarla hacia el baile tradicional y el folclore.

Mientras se implica de lleno en la actividad cultural, Paula afronta la recta final de sus estudios de Veterinaria en la Universidad Alfonso X el Sabio (UAX). Le queda aproximadamente un año para terminar la carrera, una etapa exigente que compagina con su otra gran pasión: los caballos. Tiene cinco: Nero, Rebeca, Zaira, Barbero y Tizón, y monta desde los cuatro años. “En Madrid el pasto cada vez está peor”, lamenta, una circunstancia que refuerza su idea de futuro.

Ese futuro, si nada se tuerce, pasa por Asturias. Verdeal no esconde su intención de instalarse en el Principado cuando termine la carrera y desarrollar allí su vida profesional. Hasta entonces, seguirá enseñando a bailar a los asturianos de Guadarrama, manteniendo vivo un vínculo que nació en verano y que hoy es ya una forma de vida.

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