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Los españoles de Cuba premian el compromiso de la primera mujer nacida en la isla que lidera la colectividad asturiana

Ana María Suárez Ferrería, hija de emigrantes de Luarca y Vegadeo, recibió uno de los reconocimientos que otorga el Consejo de Residentes en el país caribeño con motivo del Día Internacional del Migrante

“Sólo hemos trabajado por conservar las raíces españolas que nuestras familias nos trasmitieron”, afirma la galardonada en un acto que distinguió a cinco mujeres destacadas en la representación de la diáspora

Ana María Suárez Ferrería, a la izquierda, con Adela Sierra, vicepresidenta de la Federación de Asociaciones Asturianas en Cuba, durante el reciente Congreso Mundial de Asturianía, celebrado en Villaviciosa.

Ana María Suárez Ferrería, a la izquierda, con Adela Sierra, vicepresidenta de la Federación de Asociaciones Asturianas en Cuba, durante el reciente Congreso Mundial de Asturianía, celebrado en Villaviciosa. / Mario Canteli

Ana María Suárez Ferrería, asturcubana de sangre luarquesa y vegadense y la primera mujer nacida en Cuba que preside la Federación de Asociaciones Asturianas, fue hace unos días el rostro y la voz de los herederos de segunda generación que no quieren permitir que se pierda el rastro que la emigración ha dejado impreso en la isla. Eso dijo con otras palabras al recibir en La Habana uno de los premios con los que la colectividad de españoles residentes en Cuba quiso recompensar a la perseverancia, el compromiso y el liderazgo de todas las hijas de la emigración. El Consejo de Residentes Españoles (CRE) en el país caribeño feminizó el Día Internacional del Migrante distinguiendo a cinco mujeres destacadas por su labor de representación de la comunidad expatriada y Suárez Ferrería intervino en nombre de todas para agradecer un galardón que las impulsa, dijo, a “mantener vivas las tradiciones, la cultura y las raíces españolas en Cuba”.

Encabeza desde 2022 la colectividad que agrupa a los asturianos en la isla, es la tercera mujer presidenta de la federación y la primera nativa cubana e hija de emigrantes. Nacida en 1965 en La Habana, pero de padre luarqués y madre vegadense, se graduó y trabajó como arquitecta y ha cumplido treinta años de participación y liderazgo en una larga lista de sociedades asturianas, de los clubes Luarqués y Allerano en Cuba a la Sociedad de Recreo y Sport Juventud Asturiana y a la Sociedad Naturales de Vegadeo, de la que fue directiva desde 1988 y presidenta a partir de 2020. Ese empeño por “mantener viva” la llama de la asturianía en un ecosistema complicado como el de Cuba la ha traído hasta la presidencia de la Federación de Asociaciones Asturianas, un cargo que ostenta desde 2022 después de más de dos decenios formando parte de la junta directiva.

También es delegada en Federación de Sociedades Españolas de Cuba, representa a Asturias en el Consejo de Residentes Españoles y al recibir su premio y el de sus cuatro compañeras –la balear Aida Alemany, las gallegas Elvira Madera y Sonia Guerra y la burgalesa Aurora Pérez Guardamino– las presentó a todas como “descendientes, hijas y nietas de emigrantes españoles que un día llegaron a este país e hicieron sus vidas y su familia. Nosotras sólo hemos trabajado por conservar las raíces españolas que nuestras familias nos trasmitieron”, resaltó antes de renovar el compromiso de seguir trabajando, desde cada una de las comunidades que representamos, por mantener vivas las tradiciones”.

Una comunidad resistente

Su historia es la de los depositarios que han recibido y gestionan la herencia de la diáspora asturiana en un lugar difícil, el que más nota en el mundo la progresiva sustitución de los emigrantes originales por las segundas, terceras y ya cuartas generaciones. En Cuba, donde el registro oficial cuenta 17.419 inscritos como asturianos, ya sólo quedan 123 nacidos en la región, un porcentaje escasísimo que no llega al uno por ciento y formado ya en casi nueve de cada diez casos por personas de más de 65 años. Se da la paradoja de que esta comunidad compuesta ya mayoritariamente por descendientes de asturianos es la tercera más nutrida de las colonias que Asturias tiene repartidas por el mundo, sólo por detrás de las de Argentina y México, pero también, de largo, la que menos proporción de nativos conserva.

En esas circunstancias difíciles, y entre las penurias que impone la dura situación económica que atraviesa su país de acogida, se desenvuelve la labor de las que como Ana María han asumido la necesidad de que no se pierda el legado que han recibido. El símil de la herencia y el legado está perfectamente utilizado en su caso, dado que su padre fue presidente del Club Luarqués en Cuba y su madre presidió la que se conoció como Sociedad Naturales de Vegadeo y sus Contornos.

Desde que entró en contacto con las colectividades de expatriados asturianos a través de los grupos de baile tradicional y el folclore, ha encadenado toda una vida de presencia destacada en el asociacionismo de los expatriados en la isla, combinando esta tarea con su trabajo como arquitecta. En 2019, la federación de los asturianos en Cuba le concedió el reconocimiento Gaspar Melchor de Jovellanos “por ser ejemplo de la generación de hijos de emigrantes que preservan la impronta asturiana en la sociedad cubana”.

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