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Patricia Urquiola, de las minas de Asturias al carbón belga: la artista ovetense triunfa con una exposición en el corazón hullero de Bélgica

La arquitecta y diseñadora, reconocida con el Premio Nacional de Diseño y con el Leonardo da Vinci de la Bienal de Florencia, vive un gran momento de su carrera

Patricia Urquiola junto a varios de los objetos de su exposición.

Patricia Urquiola junto a varios de los objetos de su exposición. / Caroline Dethier

Mons (Bélgica)

Para Patricia Urquiola (Oviedo, 1961) el diseño surge de un proceso complejo en el que hay más preguntas que respuestas: "Reniego de la rigidez de las categorías; mi práctica se desarrolla como un organismo complejo en el que cada proyecto nace de una pregunta, de un diálogo, de un encuentro". Así razona en su última gran exposición, la que se desarrolla en Grand Hornu, cerca de Mons, en la Bélgica francófona, que fue muy poderosa gracias a la industria del carbón y del acero y hoy busca alternativas a su declive económico y social. Se titula "Metamorphosa" y recoge los trabajos de los últimos cuatro años de la diseñadora ovetense que vive un período de madurez y de máxima repercusión internacional con sus trabajos. La muestra forma parte de Europalia, una manifestación cultural de España en Bélgica que se desarrolla desde octubre pasado en todo el país.

Afincada desde los años 80 en Milán (Italia) donde empezó a relacionarse con el mundo del diseño, nunca ha dejado de ser arquitecta, que es su verdadera profesión: "Primero me fui a Madrid a estudiar la carrera y después por mi afán de descubrir mundo rompí las cadenas y me trasladé a Italia sin conocer a nadie". En Milán se le reveló un mundo nuevo para su mente inquieta de la mano de algunos de los creadores más importantes de esa época: la imbricación entre arquitectura y diseño. A los 40 años abrió su estudio propio y allí ha desarrollado toda su carrera profesional y artística.

Este ha sido un año redondo en reconocimientos: ha recibido el Premio Nacional de Diseño de manos de la reina Letizia y el premio internacional Leonardo da Vinci de la bienal de Florencia. Y en 2024 había ingresado en la Real Academia de las Artes de San Fernando, una institución que hasta muy recientemente no había incluido a los diseñadores entre sus pares.

Grand Hornu: el legado minero recuperado

Uno de los objetos de la exposición de Patricia Urquiola en Bélgica. / Caroline Dethier

La expo de Grand Hornu

Para Urquiola, el diseño es una conversación viva y abierta con varias disciplinas, una creatividad en plena evolución según va descubriendo nuevas soluciones y, sobre todo, nuevos materiales con los que expresarse. Esto es lo que intenta transmitir en esta exposición en Bélgica.

Una combinación de formas y colores, una reflexión sobre los materiales y su uso, una confirmación de que el tiempo transforma y que nada permanece igual: "Ningún proyecto es solamente un objeto. Cada proyecto es también un proceso", afirma. Su idea del trabajo en común, su radicalidad para expresarse, su preocupación sobre la innovación, la durabilidad y la creación de nuevos materiales, también sobre su reciclado, forma parte de esta muestra belga, la primera que firma en solitario en el país.

Urquiola explica largo y tendido cada una de las propuestas que pueden verse en este espacio tan singular. Habla en francés, con algunas expresiones en italiano y en español, pero deja claro cuáles son las bases de su creatividad: "Lo primero son mis recuerdos del mar en Asturias, la marea que transforma la playa cada vez que sube y baja". Luego sus veraneos en Ibiza y finalmente la formación en Italia, el país del diseño al que se siente estrechamente vinculada, pero sin renunciar jamás a sus orígenes ovetenses, de padre vasco y madre asturiana.

"Metamorphosa" es la demostración de que los cambios son necesarios y que sus últimas experimentaciones están ligadas a residuos industriales como el vidrio, el cemento o el metal; bio-resinas procedentes de la industria del azúcar; hilos de plásticos recogidos en el entorno de islas tailandesas en colaboración con una empresa suiza especializada en reconvertir deshechos en materias de alta calidad. Con eso trabaja en su estudio de Milán: "La forma es siempre el resultado de una relación con el contexto, con los materiales; crear es, en este sentido, un acto colectivo; no se trabaja nunca solo", reflexiona mientras va moviéndose entre este universo de formas, colores y soluciones tan atrevidas como singulares. "Un material no es nunca neutro: tiene una memoria, una estructura, una voz. Busco siempre la manera de escucharla, de transformarla sin borrar su pasado".

Grand Hornu: el legado minero recuperado

Uno de los objetos de la exposición de Patricia Urquiola en Bélgica. / Caroline Dethier

Conexión astur-belga

Después de casi dos horas de recorrido por este espacio, la creadora cree que hay una relación evidente entre la cuenca minera belga y la asturiana. De hecho, fue un ingeniero de Lieja, Adolphe Lesoinne, el primero en explotar industrialmente el carbón en Asturias en la mina de Arnao (Castrillón). Siglo y medio más tarde, un descendiente suyo, Paul Laloux, fue el último presidente belga de la Real Compañía Asturiana de Minas (RCA). Algunos de sus hijos y nietos veraneaban en Salinas "con los que tuve la suerte de coincidir", recuerda Patricia al tiempo que le insiste a la directora del Grand Hornu, Marie Pok, en la estrecha conexión entre este territorio y Asturias. Cierto es que Marie ya había invitado con antelación a la nieta de Laloux, Caroline Lamarche, autora de "La Asturiana" sobre la familia que gobernó la RCA desde 1831 hasta 1982, a un acto en Grand Hornu el próximo 18 de enero, coincidiendo con esta exposición de Urquiola. Es la demostración de que el nexo entre Asturias y Bélgica está muy vivo también a través del arte y de la creatividad.

Grand Hornu: el legado minero recuperado

Grand Hornu, situado en la cuenca minera del carbón belga, muy cerca de Mons y del norte de Francia, es la demostración más palpable del enorme poderío de aquella actividad extractiva en el siglo XIX. Bélgica fue después del Reino Unido el país que más se desarrolló durante la I Revolución Industrial.

Erigido entre 1810 y 1830 es una expresión del paternalismo empresarial de la época impulsado por el potentado Henri de Gorge. Además de 450 viviendas muy bien dotadas para la época, se construyeron escuela, biblioteca, hospital, parques y zonas de ocio, a los que añadir una impresionante área empresarial de estilo neoclásico que ha sobrevivido gracias al empeño de los defensores de la arqueología industrial. En los años 60 del siglo pasado, cerradas ya las minas en 1954, iba a ser objeto de derribo que se evitó en el último momento.

En 1971 un arquitecto instaló sus oficinas allí y rehabilitó parte del edificio principal hasta que en 1984 pasó a ser patrimonio de la provincia de Henao, cuya capital es Mons y a la que pertenece también Charleroi, en la región francófona de Valonia. Es patrimonio mundial de la humanidad de la UNESCO junto con otros sitios mineros belgas desde 2012. Ahora alberga el Centro de Innovación y Diseño (CID) y el Museo de Artes Contemporáneas (MACS) que organizan numerosas exposiciones cada año. Una manera de luchar contra la degradación de los territorios cuando son abandonados por las industrias del carbón y de la siderurgia, como ha ocurrido aquí durante el siglo XX.

Europalia: un gran festival cultural español en Bélgica

Esta exposición de Patricia Urquiola, que estará abierta hasta el 26 de abril, es uno de los grandes hitos de Europalia, un festival multifacético de Bélgica que en esta ocasión se dedica a la cultura española. Se inauguró el 8 de octubre con una exposición sobre Goya en Bruselas que presidieron los reyes de Bélgica y de España. Desde entonces han ido encadenándose todo tipo de expresiones artísticas e intelectuales. Música, literatura, cine, pintura, escultura, teatro y danza propuestas por creadores de vanguardia y expuestas en las principales ciudades belgas, tanto flamencas como francófonas, en un apretado programa que está teniendo una notable repercusión. En Bélgica todos los actos culturales son de pago, incluidas las conferencias o los recitales de poesía, y aun así los aforos suelen completarse.

Europalia es un festival que va por su 30ª edición y se celebra cada dos años. Su idea central es acercar la cultura de un país determinado a los belgas. Desde octubre hasta bien entrado 2026 serán los creadores españoles quienes tengan la oportunidad de mostrar su arte en este país.

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