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Carta a los Reyes para pedir los cuatro "milagros" que necesita el Oviedo: el análisis de la futbolista Laura Díaz

Los Magos de Oriente son especialista en imposibles, por eso pueden traer al equipo azul todo lo que necesita recuperar, sobre todo su capacidad de asombrar

Nico Fonseva, el último fichaje del Oviedo, a su llegada al Aeropuerto de Asturias

Nico Fonseva, el último fichaje del Oviedo, a su llegada al Aeropuerto de Asturias / Luisma Murias / LNE

Laura Díaz González

Laura Díaz González

La futbolista avilesina Laura Díaz González, apasionada seguidora del Real Oviedo, comenzó la pasada temporada a enviar desde Hong Kong sus análisis sobre la evolución del equipo azul para la edición "Asturias Exterior" de LA NUEVA ESPAÑA. Con su sección "Lo más lejos a tu lado" debutó como cronista oviedista justo en la temporada del sueño, del regreso a Primera. En China estudió Relaciones Internacionales y ahora emprende una nueva etapa laboral desde Bruselas. Vuelve el Oviedo a Primera y vuelven las crónicas de Laura a "Asturias Exterior" pero esta vez desde la capital belga. Ella, que pertenece a la llamada "generación del barro", que acompañó al Oviedo en sus peores momentos, contará cómo es medirse con los mejores del fútbol español.

Queridos Reyes Magos:

Llevo semanas pensando en qué podría pediros, y he llegado a la conclusión de que merece la pena que os escriba, no porque crea que los Reyes Magos entienden de sistemas defensivos o de mercadotecnia futbolística, si no porque vosotros sí que entendéis de milagros. Y, por lo que estamos viendo esta temporada con el Real Oviedo, milagros es lo que necesitamos.

Tras disputar 17 jornadas, con apenas 11 puntos en la despensa, 7 goles marcados y 26 concedidos, el Real Oviedo está en el lugar donde viven los monstruos de noche y los fantasmas de día. Ganamos 2 partidos. Empatamos 5. Perdimos 10. Eso da una media de 0,65 puntos por partido. Pero es fútbol. Nuestro fútbol. Y aquí 2+2 no siempre son 4. Por eso os lo pido así, con esa sinceridad que solo se tiene cuando se ha visto a tu equipo luchar contra su propia sombra durante media temporada en la vuelta a la élite:

Primer regalo: que nos devuelvan la fe en que podemos competir en Primera

No fe ciega—esa en el oviedismo nos sobra. Creer en el sentido más material y tangible de la palabra. Traednos delanteros que sepan marcar. Traednos un proyecto que no sea un ensayo fallido, sino un plan. Traednos la certeza de que alguien en la dirección del club despierta por las noches pensando en cómo salvarnos, no en cómo maximizar beneficios en México.

Porque hay una diferencia entre estar en Primera División y pertenecer a Primera División. Este año hemos estado presentes, sí, pero como alguien que asiste a una boda donde no conoce a nadie: correctamente ubicado pero emocionalmente ausente. En 2026, quiero ver al Real Oviedo salir al campo sabiendo que puede ganar a cualquiera.

Segundo regalo: que nos den una defensa que no tiemble cada noventa minutos

Porque conceder 26 goles en 17 partidos es, matemáticamente, un problema y, futbolísticamente hablando, una catástrofe. Si queremos estar en Primera División más de un curso, necesitamos una retaguardia que no sea un colador. En Segunda División éramos sólidos atrás. En Primera somos permeables. La diferencia es que en Segunda División eso no te mata. En Primera, sí.

Tercer regalo: que llegue un delantero que resuelva en el área

Porque no le metemos un gol ni al arcoíris. Dos meses sin marcar fuera de casa. Tres en el Tartiere. Siete goles en diecisiete partidos. El análisis es claro. Nuestros atacantes generan disparos imprecisos, toman decisiones tardías en el área y desaprovechan posiciones privilegiadas que cualquier delantero profesional de este nivel resolvería. La diferencia entre estar presente y ser competitivo en Primera se mide en centímetros y en decisiones, y nuestros delanteros actúan como si esperaran que el gol viniera solo, como si fuera un regalo que alguien más tuviera que envolver.

No buscamos un mesías de treinta millones ni un extremo versátil que juegue de todo, necesitamos un delantero que entienda qué es una portería en Primera División. El Real Oviedo de Almada es un equipo de transiciones rápidas, de juego vertical, de presión alta. Necesitamos a alguien que detone en espacios cortos, que resuelva en dos toques y que no espere construcciones lentas. Un finalizador puro, alguien rápido—explosivo en los primeros metros— y fuerte en duelos aéreos.

Cuarto regalo: que el “orgullo, valor y garra” sea más que un lema

Porque hemos tenido momentos, pequeños destellos de calidad, victorias que llegaron cuando nadie las esperaba… pero hay algo en el aire de este equipo que huele a rendición previa. Es como si ya supiera, antes de jugar, que el resultado será adverso. Y eso, Majestades, no es fútbol. Es resignación. En 2026, quiero un equipo que crea que puede. No porque sea ingenuo, sino porque la estadística dice que en Primera División uno puede ganarle a cualquiera si tiene el día y el rival no.

Y, quizás, si me permitís un último deseo, hoy es Año Nuevo. El 4 de enero será el primer partido de una nueva era. Vendrán otros después. Tendremos 21 jornadas más para escribir la historia de manera diferente. Matemáticamente improbable, emocionalmente imprescindible.

Definirse es limitarse, dicen. Pero el Oviedo nunca se ha dejado definir por lo que otros dicen de él. Ha sido grande cuando nadie creía. Ha sido pequeño sin nunca dejar de soñar en grande. Así que no os pido un milagro, majestades. Os pido que nos déis lo que siempre hemos tenido: la capacidad de asombrar. No es mucho pedir, ¿verdad? En tiempos de milagros y magia, cuando nos creemos que los Reyes vienen de Oriente con lo imposible en las alforjas, la permanencia del Real Oviedo en Primera División no debería estar fuera del catálogo.

Con la confianza de una oviedista que desde Hong Kong, desde Bruselas, desde Madrid o desde donde sea que esté, lleva a este equipo tatuado en la piel y en el corazón,

Laura Díaz.

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