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Calma tensa entre los asturianos en Venezuela que sintieron cómo "tembló todo" en Caracas durante la captura de Maduro: "Es un atisbo de esperanza"

"La guerrilla está saliendo a la calle", advierte Angelina Coro mientras se emociona: "Hoy si que echo de menos mi tierra, Asturias"

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Europa Press

Sara Bernardo

Sara Bernardo

Oviedo

Un "atisbo de esperanza". Así definen muchos asturianos residentes en Venezuela la captura de Nicolás Maduro, una noticia que ha sacudido al país caribeño y que ha sido vivida con una mezcla de emoción, miedo e incertidumbre por parte de quienes se encuentran sobre el terreno. Según los últimos datos disponibles, alrededor de 4.000 asturianos viven actualmente en Venezuela, de los cuales aproximadamente 1.400 son nacidos en el Principado. Una comunidad que, pese al paso de los años y la distancia, mantiene un fuerte vínculo con Asturias y que ahora observa con expectación un posible cambio histórico tras más de dos décadas de chavismo.

Es el caso de Angelina Coro, natural de Cabrales, que emigró a Caracas con tan solo 13 años junto a su familia. Ayer, atendía el teléfono visiblemente emocionada, con la voz entrecortada y sin ocultar el miedo. Vive en una zona próxima a La Carlota, uno de los puntos donde se produjo el primer bombardeo durante la madrugada. "Tembló todo. Fue un estruendo brutal, yo me quedé completamente paralizada", recuerda. El impacto fue tan cercano que, durante unos segundos, pensó que su vivienda había sido alcanzada. "Lo primero que hice fue llamar a mis hijos para asegurarme de que estaban bien", explica, aliviada al confirmar que no habían sufrido daños.

Coro habla con cautela y reconoce que no puede extenderse demasiado. Lleva todo el día encerrada en casa y siguiendo las noticias a través del teléfono. "La guerrilla está saliendo a la calle", advierte mientras se emociona: "Hoy si que echo de menos mi tierra, Asturias".

Una sensación muy similar es la que describe María del Mar Blanco, nacida en el pueblo asturiano de Garaña y residente en Caracas desde hace más de cinco décadas. Desde su casa, también vivió la noche con angustia. "Lo peor es la incertidumbre. No saber qué va a pasar en las próximas horas o días es lo que más miedo da", explica.

Mientras tanto, las imágenes que llegaban desde Venezuela mostraban un país dividido entre la euforia y la desesperación. A lo largo del día, las escenas de celebraciones espontáneas en algunas zonas se entremezclaban con largas colas frente a supermercados y establecimientos de alimentación. El caos durante la tarde fue total. "Hemos salido todos corriendo al supermercado para abastecernos. No queda casi nada", relataba el asturiano Ramón Álvarez, residente en Caracas desde hace años. Muchos ciudadanos temen un desabastecimiento prolongado y prefieren adelantarse a posibles cierres o disturbios.

En contraposición, un ambiente cotidiano se respiraba en Los Ángeles, donde vive actualmente la asturiana Silvia Ribelles. Debido a la diferencia horaria, conoció la noticia casi al mismo tiempo que la comparecencia del presidente Donald Trump. "No hay nada que haga indicar nerviosismo. Aquí la vida sigue como si nada", explica. Ribelles reconoce que existe expectación por los acontecimientos, pero que no se percibe un impacto directo. "Estamos atentos a lo que pueda ocurrir, pero como en cualquier otro país. De momento, no ha afectado de forma directa", concluye.

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