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El asturiano que mejor conoce Groenlandia, el nuevo objetivo de Trump: "Los groenlandeses no están acostumbrados a que todo el mundo hable de ellos"

Álex Galán, director de cine, estuvo durante mes y medio en la isla del Ártico: "Se habla de ella como si fuese una ficha intercambiable en un tablero"

Álex Galán

Álex Galán

Xuan Fernández

Xuan Fernández

Álex Galán (Trasona, Corvera, 1988) describe así a Groenlandia, la gigantesca isla del Ártico que pertenece a Dinamarca. “Muchas veces se habla de ella como si fuese una ficha para intercambiar en un tablero. Como si fuese una isla donde solo hay hielo y minerales”. Galán, director de cine, productor de documentales y guía de expediciones, es probablemente el asturiano que más de cerca ha conocido este territorio, convertido ahora en un asunto de primer nivel geopolítico.

El presidente estadounidense Donald Trump, después de la captura de Nicolás Maduro, ha puesto sus ojos en Groenlandia. Quiere que Estados Unidos anexione ese territorio, sin descartar una intervención militar, un hipotético movimiento que pondría patas arriba el equilibrio geopolítico al tratarse de una isla vinculada a la Unión Europea.

Galán estuvo mes y medio en Groenlandia, en el marco de la grabación de un documental sobre la figura del explorador Ramón Larramendi, a quien acompañó durante una travesía que sirvió para acercarse a los últimos reductos de la vida esquimal en algunos puntos de la isla. Groenlandia es un territorio complejo, lleno de matices y desconocido para el gran público: 56.000 habitantes, 2,16 millones de kilómetros cuadrados de extensión y un 80 por ciento del territorio cubierto por hielo. La isla no forma parte de la Unión Europea, pero sí está asociada, al ser considerada territorio autónomo de Dinamarca.

Groenlandia no es que sea danesa o estadounidense —en referencia al interés reciente de Estados Unidos—. Tenemos que tener claro que en su mayoría es una nación indígena, aunque debemos ponerlo todo en contexto. La imagen popular que muchas veces se tiene es que los groenlandeses son esquimales que viven en zonas remotas y desarrollan su vida de manera muy tradicional, cazando osos polares o focas. Eso existe, pero también hay otra parte que, aun viviendo en zonas rurales, tiene acceso a las principales tecnologías”, concreta Galán. De hecho, la herramienta principal de los cazadores en Groenlandia es Facebook, que utilizan para comunicarse entre ellos y decidir a qué zonas acudir.

No es raro encontrar a un cazador que sale a por focas, elabora ropa con los animales recién cazados y, al mismo tiempo, utiliza su teléfono móvil con total normalidad. Esa convivencia también se refleja en la vida social, destaca Galán. Contra lo que suele imaginarse, los groenlandeses no son retraídos: visitan con frecuencia las casas de vecinos y amigos y organizan eventos comunitarios.

En el plano político, Groenlandia es una nación con amplios poderes de autogobierno, siempre bajo la supervisión danesa. El sentimiento independentista lleva décadas presente y lo “frenaron”, asegura Galán, las declaraciones de Trump. "Sus intenciones imperialistas moderaron los movimientos independentistas. Incluso pudieron verse beneficiados los lazos con Dinamarca. Los groenlandeses están informados y saben que en estos momentos son una pieza codiciada”, explica.

Esa casuística —pasar de la noche a la mañana a ocupar titulares en todo el planeta— ha supuesto un gran cambio para la población. “Su naturaleza es discreta; ser el centro de conversación no está en su ideario. Saber que todo el mundo habla de ellos es algo que les resulta raro”, destaca el asturiano.

La sociedad groenlandesa presenta, además, diferencias muy similares a las de cualquier otro país. Hay quienes viven del sector primario —cazadores y pescadores—, quienes trabajan como funcionarios o en servicios, y quienes dependen del turismo. También en lo lingüístico hay matices: se habla inuit y también danés, siendo esta la segunda lengua.

Mientras Trump prosigue con su intención de anexionar el territorio, las dificultades siguen presentes en la enorme isla del Ártico. No todo es idílico. El alcoholismo es uno de los principales problemas sociales, con altas tasas de suicidio. También el libre acceso a armas, algo que comparte con Estados Unidos.

En un territorio marcado por la oscuridad, el hielo y una naturaleza imponente, Groenlandia sigue siendo, sobre todo, un país vivo, con identidad propia y una voz que rara vez se escucha más allá del ruido geopolítico.

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