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El asturiano que está a la sombra de Trump y que "liderará la posición de EEUU" en Venezuela

Marco Rubio, descendiente de asturianos, es el cargo trumpista más importante en política exterior y cerebro de la captura de Maduro

Marco Rubio.

Marco Rubio.

Xuan Fernández

Xuan Fernández

El mundo entero mira a Donald Trump. La atención geopolítica internacional se concentra en los próximos pasos del país más poderoso del planeta, Estados Unidos, y en su papel como actor decisivo en la crisis venezolana tras la captura de Nicolás Maduro, hasta ahora presidente del país latinoamericano.

Al lado de Trump, en este momento clave, se sitúa un descendiente de asturianos que, para muchos analistas internacionales, es el auténtico cerebro estratégico, cabeza pensante y ejecutor de los planes del presidente estadounidense en América Latina. Se trata Marco Rubio (Miami, 1971), actual secretario de Estado de Estados Unidos y el cargo más relevante del Gobierno trumpista en todo lo relativo a política exterior.

Rubio es ahora también el responsable directo de coordinar las acciones de Washington en Venezuela, siempre bajo la supervisión de Trump, “el que manda”, según ha insistido el propio presidente en varias comparecencias públicas. La figura de Rubio ha ganado peso de manera notable en los últimos meses, hasta convertirse en uno de los hombres fuertes de la Casa Blanca.

La historia personal y política de Rubio está marcada por el exilio, la migración y también por Asturias. Hijo de exiliados cubanos, el actual jefe de la diplomacia estadounidense tiene raíces familiares asturianas. Sus bisabuelos maternos, Carlos Pérez y Ramona García, pusieron rumbo a Cuba desde Asturias a finales del siglo XIX, siguiendo la estela de miles de emigrantes que abandonaron el norte de España en busca de oportunidades al otro lado del Atlántico.

El propio Rubio, cuando era senador del Partido Republicano por el estado de Florida, relató a LA NUEVA ESPAÑA sus orígenes asturianos. Aunque entonces reconocía no conocer con exactitud el concejo del que procedían sus antepasados, sí situó en el Occidente de la región el origen de su familia, un detalle que refuerza el vínculo simbólico con una tierra históricamente marcada por la emigración.

Nacido en Miami, Rubio salió adelante gracias al esfuerzo de sus padres cubanos, Mauro Rubio y Oria García. Él trabajó como camarero en Las Vegas tras emigrar a Estados Unidos poco antes del triunfo de la Revolución cubana en 1959. Ella, procedente de una familia acomodada, tuvo que desempeñar distintos empleos, desde camarera hasta obrera en una fábrica.

Marco Rubio creció en un suburbio de Las Vegas, estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Florida, se graduó en Derecho en Miami y en el año 2000 inició una larga carrera política como parlamentario republicano en la Cámara de Representantes de Florida. Su ascenso fue constante hasta convertirse en una de las figuras emergentes del Partido Republicano.

Paradojas de la política estadounidense, en 2016 se postuló como precandidato republicano a las elecciones presidenciales y terminó retirándose. Donald Trump, hoy presidente en su segundo mandato, fue entonces uno de sus principales rivales. Años después, ha sido el propio Trump quien ha impulsado su fulgurante ascenso, nombrándolo secretario de Estado y encargándole “liderar los trabajos para hacer cumplir las directrices", según explicó Stephen Miller, jefe adjunto de Gabinete de la Casa Blanca.

Rubio es uno de los pocos dirigentes del entorno trumpista que ha insistido públicamente en que Estados Unidos busca una transición democrática en Venezuela, un término que Trump ha evitado en muchas de sus declaraciones, centradas sobre todo en la importancia estratégica del petróleo. El secretario de Estado ha sido una pieza clave en los meses previos a la captura de Maduro y continúa siéndolo ahora.

De hecho, Rubio es el principal interlocutor de Washington con Delcy Rodríguez, representante del chavismo y nueva presidenta de Venezuela tras la caída de Maduro. América Latina siempre ha sido una prioridad política para él. Fue Rubio quien presionó con mayor intensidad a Trump para endurecer la estrategia contra el régimen venezolano, incluso en etapas en las que el presidente se mostraba más partidario de la negociación.

El descendiente de asturianos no ha ocultado nunca su dureza verbal. Durante años calificó a Maduro de “narcoterrorista” y ha mantenido una postura inflexible también respecto a Cuba. En su día fue uno de los críticos más feroces del acercamiento impulsado por Barack Obama al régimen castrista. “Si yo viviera en La Habana y formara parte del Gobierno, estaría preocupado”, afirmó Rubio, junto a Trump, en la rueda de prensa posterior a la captura del presidente venezolano.

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