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Aziz Diaw, del Tíbet a Dakar: el peleador del gimnasio gijonés vivió "una auténtica locura" con la Copa África

El luchador, afincado en Oviedo, viaja a Senegal para ver a su familia y para entrenarse, pero se da de bruces con un hito histórico en su país: "No nos lo podíamos creer"

Aziz Diaw, del Tíbet a Dakar: el peleador del gimnasio gijonés vivió "una auténtica locura" con la Copa África

Candela Rodríguez

Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Aziz Diaw es de Dakar, pero vive en Oviedo. Pelea en MMA, entrena en el Tibet de Gijón con gente como el peleador de UFC Joel Álvarez o Borja García, y está llamado a ser una de las próximas promesas de las artes marciales mixtas en Asturias. Llegó de pequeño a España buscando un futuro mejor, se enamoró de la tierra y ahora compagina su trabajo con los entrenamientos diarios. El sueño: ser alguien en el mundo del octágono. Pero ayer, por unas horas, dejó las artes marciales a un lado. Ayer fue un senegalés más viviendo la final más loca de la historia de la Copa África.

Diaw lleva unos días en Dakar. Se fue a ver a su familia, a entrenar lucha senegalesa, disciplina de la que muchos peleadores beben para mejorar su técnica. Que la final de la Copa África le pillase allí fue pura casualidad. Pero vaya casualidad. "Fue una auténtica locura", expresa el senegalés, que atiene a LA NUEVA ESPAÑA en plena celebración. Los gritos y los pitidos de los coches casi no dejan que la voz de Diaw se escuche por el teléfono.

La final entre Marruecos y Senegal pasará a la historia por todo menos por el fútbol. Minuto 97, ya en el descuento. Diouf toca levemente a Brahim Díaz y el madridista se va al suelo como si le hubiesen disparado. El árbitro, el congoleño Ndala, va al VAR y señala penalti. Los senegaleses alucinan. El seleccionador Pape Thiaw les ordena abandonar el campo. Y los jugadores obedecen. Se van. Se acabó. Esto es un robo.

En casa de Aziz, el caos. "No nos lo podíamos creer. Pensábamos que nos estaban robando la Copa", reconoce el peleador. En el salón había casi 50 personas. Primos, hermanos, tíos, amigos, vecinos... Medio barrio de Keur Massar metido en la casa de los Diaw viendo la final. Y de repente, el equipo se va del campo. Aquello era el fin del mundo.

Una locura de final

Pero entonces apareció Sadio Mané. El ex del Liverpool fue el único que se negó a irse. Se quedó ahí, en medio del césped, gritando a sus compañeros que volvieran. "¡Volved! ¡Vamos a jugar esto!". Y los convenció. Uno a uno, los futbolistas senegaleses regresaron desde el túnel de vestuarios. Algunos arrastrando los pies, otros con la rabia todavía a flor de piel. Pero volvieron.

Y llegó el penalti. Brahim Díaz, cinco goles en el torneo, estrella del Real Madrid, se planta en el punto de los once metros. Dilata. Espera. Y cuando por fin dispara, lo hace a lo Panenka. Mendy, el portero senegalés, adivina sus intenciones y bloca la pelota sin problemas. En casa de Aziz, explosión. "Saltamos todos a la vez", bromea.

El partido se fue a la prórroga. Y ahí apareció Gueye, del Villarreal, para clavar un golazo desde fuera del área que se coló por la escuadra. 1-0. Senegal, campeón de África. Contra todo pronóstico. Contra Marruecos. Contra el árbitro. Contra el VAR. Contra todo.

La celebración

En casa de Aziz, la locura fue total. Las 50 personas que se habían metido en el salón salieron en tropel a la calle. Y no fueron los únicos. Miles de personas inundaron las calles de Dakar con banderas verdes, rojas y amarillas. Camionetas cargadas de gente, claxons que no paraban de sonar, cánticos, abrazos, lágrimas. "Un auténtico hito histórico", resume Aziz.

Hoy, Aziz vuelve a la rutina. A partir de mañana, entrenamientos duros. A su vuelta a Gijón, tiene una pelea pendiente y trabajo por delante dentro del octágono. Pero ayer, por unas horas, fue solo un chaval de Dakar celebrando con su gente. Con su familia. Con su país. Ayer, Aziz Diaw fue campeón de África. Quién sabe si no lo será algún día cuando vuelva con un cinturón en la cintura.

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