Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

La emocionante historia del soldado Fernández: el héroe asturiano caído en la II Guerra Mundial cuyo casco acaba de aparecer 80 años después

Un anciano que encontró, cuando era un niño, el casco de Eugene Fernández, hijo de emigrantes piloñeses, acaba de vendérselo a una asociación de Normandía dedicada a la memoria de la invasión aliada de 1944

Eugene Fernández murió el 8 de septiembre de 1944 durante el sangriento asedio al puerto de Brest, defendido con fiereza por 40.000 soldados alemanes que causaron casi 10.000 al ejército estadounidense

El soldado Eugene Fernández

El soldado Eugene Fernández / .

Asturians under American Flag

Asturians under American Flag

Eugene Alexander Fernández, un asturiano que luchó bajo bandera estadounidense en la II Guerra Mundial, perdió la vida en el sangriento asalto del puerto de Brest, fieramente defendido por 40.000 soldados alemanes. Cayó en combate el 8 de septiembre de 1944. El cuerpo de este hijo de emigrante asturianos (su madre era nacida en Piloña) fue devuelto a su familia en junio de 1948, lo enterraron en Tampa (Florida) y, a partir de entonces, emprendió su largo viaje hacia el olvido. Sin embargo, su memoria no se ha desvanecido para siempre. Más bien al contrario: recientemente, y en un hecho excepcional, una asociación dedicada en Normandía a la memoria de la II Guerra Mundial recuperó el casco de este soldado asturiano. El casco había permanecido 80 años olvidado en un granero. Poco después de los combates para tomar aquel puerto clave para abastecer a los aliados que habían invadido Francia, un niño lo encontró en el campo de batalla y lo guardó como recuerdo. Aquel niño, hoy un anciano, se lo ha vendido a la asociación, que pretende exponerlo próximamente. Pero para contar esta historia con todos sus detalles antes hay que hablar de “The Good Cementerian”.

“The Good Cementerian”, que podría traducirse como “El buen enterrador”, es el apodo que recibe un estadounidense residente en Tampa (Florida) de nombre Andrew Lumish. Desde 2013 tiene una singular afición: restaura tumbas de soldados estadounidenses caídos en combate. Sube a las redes sociales cada operación de limpieza de sus tumbas en los distintos cementerios nacionales que va visitando. En octubre de 2024 publicó las fotos de la restauración que había hecho de la lápida de Eugene Alexander Fernández en el Myrtle Hill Memorial Park (Tampa, Florida).

¿Quién fue el soldado Fernández? Eugene Alexander Fernández nació el 25 de abril de 1923 en Tampa (Florida). Fue el primer hijo de los cuatro del matrimonio formado por Eugenio Fernández Sr. (1897, Tampa), gerente de una fábrica de cigarros, y Natalia Arenas (1898, Piloña, Asturias). Sus hermanos fueron Albert (1925), Geraldine (1928) y Robert (1936).

Eugene cursó estudios en el Jesuite High School de Tampa y la Universidad de Tampa. Cuando estaba terminando su primer curso universitario se alisó el 1 de mayo de 1943 en Camp Blanding, Florida. Su hermano Albert, se alistaría en la armada y estuvo destinado en Barin Field training center, Foley (Alabama), un campo que fue centro de entrenamiento auxiliar de la base aérea de Pensacola.

Eugene paso por distintos campos de entrenamiento de infantería durante 1943 y 1944. Finalmente fue asignado al 175º Regimiento, unidad que ya estaba combatiendo en Europa desde junio de 1944, encuadrada en la 29ª Division de Infantería. Lo integraron en la Compañía F del 2º Batallón a finales de agosto y como reemplazo de las bajas que se estaban produciendo durante la invasión de Normandía. En esos días, la unidad combatía en las cercanías de Brest, Bretaña.

La situación era muy complicada. La ciudad asediada de Brest se había convertido en un bastión inexpugnable. Unos 40.000 soldados alemanes (de los cuales entre 12.000 y 15.000 eran curtidos paracaidistas) bajo el mando del general paracaidista Hermann-Bernhard Ramcke se habían atrincherado en una compleja red de trincheras, bunkers y emplazamientos de armas automáticas resistiendo el ataque de 3 divisiones de infantería norteamericanas y varios batallones de Ingenieros, Rangers y unidades acorazadas. En total, 75.000 hombres. Los alemanes se defendieron con fiereza. Las bajas americanas en el asedio a Brest fueron de 9.831 soldados. El 175º Regimiento tuvo 236 muertos y 852 heridos. Uno de ellos fue el soldado Fernández.

El 8 de septiembre, el 175 Regimiento de Infantería atacó desde la población de Plouzane hacia el este. Liberó la colina 103 y despejó el camino hacia la segunda línea de defensa. Sufrió numerosas bajas a causa de la artillería alemana. Una de esas bajas fue el soldado de primera clase Eugene A Fernández, que apenas llevaba apenas dos semanas en suelo francés. Sus restos fueron depositados definitivamente cuatro años después en el Myrtle Hill Memorial Park (Tampa, Florida). Y ahí fue donde se lo encontró “The Good Cementerian”. En octubre de 2024 publicó en Facebook unas imágenes de su lápida restaurada acompañadas de un texto en el que contaba la historia del soldado Fernández, “que pagó el precio máximo en defensa de la libertad”.

Entonces, esas fotos y ese texto comenzaron a flotar a la deriva en el océano de las redes sociales como si fueran un mensaje en una botella. Hasta hace pocas fechas, cuando aquel mensaje encontró el correcto destinatario. El pasado 2 de enero Andrew Lumish, “The Good Cementerian” publicaba esto:

“Varios meses después (de publicar la restauración de la tumba de Eugene Fernández), recibí un correo electrónico del vicepresidente de una asociación de la Segunda Guerra Mundial en Normandía, Francia. En él, me explicaba que un hombre, ya anciano, había encontrado un casco estadounidense tras el fin de los combates en Orne, un departamento de la región francesa de Normandía, en septiembre de 1944, cuando era apenas un niño. El joven lo guardaba en el granero familiar, ubicado en la campiña francesa, donde ha permanecido durante los últimos 80 años. El vicepresidente de la asociación de la Segunda Guerra Mundial se puso en contacto con el hombre que le vendió el casco y le contó cómo lo adquirió. Al examinarlo, retiraron el forro y descubrieron que, de hecho, era el casco de Eugene Alexander Fernández, de Tampa. Empezaron a investigar e intentaron averiguar todo lo posible sobre el soldado al que perteneció, lo que les llevó al artículo que había escrito. Desde entonces, he puesto en contacto al vicepresidente de la asociación de la Segunda Guerra Mundial con los descendientes de Eugene Alexander. Su casco permanecerá en Francia, donde será exhibido y su historia se contará en varias exposiciones de museos para que las futuras generaciones de franceses no olviden el sacrificio de sus liberadores”.

Tracking Pixel Contents