Los asturianos en la Cuba terminal: "zombies doblados por la mitad" por la epidemia de virus en una isla llena de basuras
“La situación epidemiológica es complicada, está circulando en el país el chikungunya que se transmite por la picadura de mosquitos, y con los apagones estamos muy propensos a que nos piquen”, dicen afectados de origen asturiano por una virosis que causa provoca fiebres altas, diarreas y vómitos, además de inflamación en las articulaciones. Según la OMS ya afecta a 183 de cada 1.000 habitantes

Un cubano rebuscando entre las basuras en La Habana / Ernesto Mastrascusa/Efe
Los cubanos están sumidos en la peor crisis de su historia: sin comida, sin luz, sin medicinas… Cuba se encuentra en estado terminal y, ahora, tras la intervención de Trump en Venezuela se ha quedado sin el petróleo venezolano, que suponía nada menos que el 30% de su dieta energética. Unos 16.000 asturianos, con nacionalidad española (nacidos en Asturias o descendientes de emigrantes), residen en la isla. Componen, sin duda, la comunidad de asturianos por el mundo que vive en peores condiciones económicas. Muchos de ellos dependen para subsistir de las ayudas económicas que anualmente les envía el Principado. No son pocos los que dicen que Cuba está a las puertas de un desastre humanitario. LA NUEVA ESPAÑA entrevista durante estos días a representantes de la comunidad astur-cubana. Todos han pedido mantener el anonimato por miedo a las represalias del régimen encabezado por Díaz-Canel.
En el idioma de los bantúes, el kimakonde, del sureste de Tanzania y del norte de Mozambique, la palabra “chinkungunya” significa “doblado por el dolor”. En el otro lado del mundo, en Cuba, esa palabra es en estos momentos una de las más temidas por la población pues nombra la enfermedad que corre sin freno desde finales del año pasado por una isla en estado terminal, con su economía colapsada y próxima a la catástrofe humanitaria. El chikunguya, transmitido por lo mosquitos, provoca fiebres altas, diarreas y vómitos, además de inflamación en las articulaciones. Los enfermos, efectivamente doblados por el dolor, parecen “zombies”, según algunos testimonios.
“Aquí estuvimos afectados por el chikugunya, por lo que todos estamos convalecientes del mismo y la recuperación es muy lenta”, dice Alicia, nombre ficticio de una cubana con nacionalidad española, descendiente de asturianos y que está al cargo de su abuela nieta de 99 años con un delicado estado de salud. La que está cuidando como puede, ya que necesita mucha medicación a la que prácticamente es imposible acceder. Esta astur-cubana, que prefiere mantenerse en el anonimato por temor a las represalias del régimen, confiesa que en Cuba “la situación epidemiológica es complicada pues está circulando en el país el chikungunya que se transmite por la picadura de mosquitos, de los cuales hay bastantes”.
Las extremas restricciones energéticas que vive Cuba –ahora todavía más acentuadas tras quedarse con el petróleo venezolano que representaba el 30% del suministro diario- han ocasionado severas restricciones en los servicios recogida de basuras (no hay combustible para que circulen los camiones), acumulaciones de residuos en las esquinas de los barrios y, por tanto, un aumento de la suciedad que deriva en la proliferación de vectores de contagio, como las ratas y los mosquitos. “Esta enfermedad es muy difícil de controlar. Además, con los constantes apagones estamos muy propensos a que nos piquen (los ventiladores o el aire acondicionado aleja los mosquitos). Este virus da fiebre, vómitos, diarrea, fuertes dolores en todo el cuerpo, en las articulaciones y muchas cosas más”, apunta en un testimonio al que ha accedido LA NUEVA ESPAÑA esta asturiana cuyo estado de salud no se diferencia de la mayoría de los cubanos. Los datos de la Organización Mundial de la salud apuntan a que en Cuba hay una incidencia de 183 casos por 1.000 habitantes de este tipo de virosis, a la que se suma también el aumento del dengue o el oropouche –otros virus transmitidos también por los mosquitos.
La extensión de esta epidemia llega en un momento en el que el sistema sanitario cubano –antaño la joya de la corona del régimen- está prácticamente derrumbado. Ni profesionales (muchos han emigrado), ni infraestructuras funcionales. Además, los medicamentos, hasta los más básicos, se han convertido en algo inaccesible para la mayoría. Alicia y su familia han contraído esta enfermedad transmitida por los mosquitos pero, además, sufren cada día la penosa situación de su abuela, a la que solo le falta un año para cumplir el siglo. Así relata la crudeza de la situación de una persona que lleva siete años encamada: “Ella está postrada por tres fracturas de cadera, la última fue en el 2019 y desde entonces no ha vuelto a caminar. Es muy difícil la situación para manipularla, pues es una mujer grande. Tiene además una cardiopatía isquémica severa: es hipertensa y toma varios medicamentos de los cuales en estos momentos no existen en farmacia. Todos hay que comprarlos por las redes a los particulares, lo que pone bastante difícil la situación por los precios que tienen y que su pensión es por viudez y es mínima. Mi abuela toma espironolactona, enalapril, furosemida, digoxina, alprazolán, benadrilina, dinitrato de insosorbida, todas son varias veces al día excepto el alprazolam, la benadrilina y la digoxina, que son una vez al día”.
Nuevo récord en los apagones: el 62% de la isla se queda sin luz en el momento de mayor demanda
Cuba vivió este miércoles apagones durante toda la jornada, cortes que dejaron de forma simultánea hasta el 62 % del país sin corriente en el momento de mayor demanda de energía, repitiendo la mayor tasa registrada hasta el momento en diciembre pasado.
La isla atraviesa una crítica situación energética desde mediados de 2024 debido a la falta de divisas del Estado para adquirir petróleo y a las frecuentes averías de las centrales térmicas, con décadas acumuladas de explotación, según el Gobierno cubano.
A ello se suma el corte del suministro de crudo venezolano a Cuba, a raíz de las presiones de Estados Unidos tras la caída del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero.
En diciembre último, el país registró un máximo de 62 % y se trató del tercer récord en siete días, según los datos publicados por la estatal Unión Eléctrica (UNE) y cotejados por EFE desde que en 2022 empezaron a publicarse estos datos de manera regular.
La UNE, perteneciente al Ministerio cubano de Energía y Minas, calcula para el horario de mayor demanda de esta jornada, en la tarde-noche, una capacidad de generación de 1.260 megavatios (MW) y una demanda máxima de 3.230 MW.
El déficit -la diferencia entre oferta y demanda- será de 1.970 MW y la afectación estimada -lo que se desconectará realmente para evitar apagones desordenados- alcanzará los 2.000 MW.
Actualmente, ocho de las 16 unidades de producción termoeléctrica operativas están fuera de servicio por averías o mantenimientos. Esta fuente de energía supone de media en torno al 40 % del mix energético en Cuba.
Asimismo, 101 centrales de generación distribuida (motores) no están operando por falta de combustible (diésel y fueloil), al igual que dos patanas (centrales flotantes rentadas). Además, alrededor de diez motores están parados por falta de lubricantes.
Expertos independientes indican que la crisis energética en Cuba responde a una infrafinanciación crónica de este sector, completamente en manos del Estado desde el triunfo de la revolución en 1959.
Varios cálculos independientes estiman que serían precisos entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para sanear el sistema eléctrico.
Por su parte, el Gobierno cubano señala al impacto de las sanciones estadounidenses a esta industria y acusa a Washington de "asfixia energética".
Los prolongados apagones diarios lastran la economía, que se ha contraído más de un 15 % desde 2020, según cifras oficiales. Además, los repetidos cortes eléctricos han sido el detonante de las principales protestas de los últimos años.
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