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Desterrados de la Cuba terminal: el cubano que lloró al ver las estanterías de los supermercados en Asturias

Los emigrantes afincados en la región viven con un ojo en la isla, donde a la escasez de lo más básico, a las dos horas diarias de electricidad o al racionamiento del arroz se une, afirman, el miedo a una intervención como la de Venezuela y un recrudecimiento del antiimperialismo

Un coche pasa por delante de un mural en la ciudad cubana de Matanzas.

Un coche pasa por delante de un mural en la ciudad cubana de Matanzas. / Efe

La primera vez que entró en un supermercado en Oviedo, y vio la abundancia en las estanterías llenas, Roberto rompió a llorar. Roberto (nombre ficticio) es cubano, lleva apenas tres meses viviendo en Asturias y aquel día le vino el recuerdo de sus padres, de los hermanos y la familia que dejó en la Cuba pobre de las necesidades. Lloró. “Nunca había visto tanto desarrollo, tanta comida, tanta educación y tantos autobuses que pasan cada media hora… Me conmoví mucho al recordar el hambre y la necesidad tan grande que hay en Cuba”, confiesa. “Me acordé de mi familia y lloré muchísimo”.

Sus lágrimas de emigrante desterrado quizá definan mejor que las palabras el momento “crítico”, “tenso” y “muy duro” que dice que vive una isla maltratada en la que cada vez falta más de todo lo básico a medida que crecen por todas partes el miedo y la incertidumbre. El diagnóstico, “peor que nunca”, que pronuncia ahora Roberto encuentra asiento en la denuncia de que “cada día se recrudece más el enorme bloqueo que avasalla al país e impide el acceso a insumos, a medicinas o a alimentos”. No queda otra, en esas circunstancias, que buscar alternativas en la solidaridad y la amistad de terceros países, señala, pero el agujero es inmenso. “No da”.

El que lo cuenta tiene fresco el recuerdo de lo que ha dejado atrás. Roberto se instaló en España hace sólo tres meses después de tres años de trámites para que su pareja, con ascendencia canaria, obtuviese la nacionalidad española gracias a la “ley de nietos”. Eligieron Asturias porque aquí viven unos primos y están bien, salvo por el lastre del recuerdo y la conciencia de todo lo que está pasando en su isla. Si tiene que buscar un arranque para el duro relato del día a día dirá que sólo hay corriente para dos horas de electricidad al día en la Habana, una en el resto del país.

“No hay combustible” por el embargo económico de Estados Unidos, afirma, que se ha hecho más estricto e impide la llegada de petroleros “desde Rusia u otros países”, bajo pena de “fuertes sanciones para las navieras y el decomiso de la carga”. “También hay veces que el buque llega, pero en Cuba no hay dinero para pagarlo…” A toda máquina se está haciendo en la isla “un esfuerzo por combatir la necesidad instalando paneles solares, pero eso lleva inversión, trabajo y tiempo”, lamenta Roberto.

Dos libras de arroz por familia

El inventario de la necesidad sigue por lo más elemental, porque “la comida también es un asunto muy drástico en Cuba. Todo es muy caro, muy caro” y escasea. Tanto que ahora, relata “tienen solamente dos libras de arroz por núcleo”. El núcleo es una familia de hasta siete miembros, dos libras no llegan a un kilo y no hace tanto que se daban hasta siete por persona. “Pero también es duro decir que no hay medicamentos”, o que los hospitales se abastecen de energía mediante grupos electrógenos, con la incertidumbre y el temor de que “en cualquier momento se pueda acabar el combustible”. En los tres meses que lleva en España no se ha recogido la basura en su barrio…

El problema detrás de todo, conviene Roberto con otros compatriotas afincados en Asturias, es la intensificación de un embargo que les asfixia. “La política de Estados Unidos con Cuba es hostil. Tienen el dedo permanentemente puesto encima de Cuba. Estamos siempre en la mirilla” y la intervención en Venezuela acrecienta, si cabe, la incertidumbre del pueblo cubano. ¿Serán los siguientes? “Allí la gente siempre tiene su miedo”, confirma Roberto, que lamenta la actitud de quien se cree “el dueño del mundo” y también recuerda que este es un país preparado para lo peor donde por ejemplo se organizan periódicamente lo que llaman “bastiones militares”, ejercicios estratégicos concebidos como grandes simulacros masivos en los que se pone a toda la población en disposición de colaborar con la defensa nacional. “Cuba es un país que resiste, que se mantiene a pesar de todo en la batalla y que puede salir adelante”, remata.

Mientras aguarda a ver si la amenaza se manifiesta, la necesidad también une a los cubanos, remata. De su Gobierno dice que “no es fácil dirigir un país amenazado, con miles de necesidades y problemas” y envía toneladas de gratitud hambrienta a los que desde fuera les prestan “una ayuda muy provechosa” que no tienen más remedio que seguir pidiendo. “Aún se puede hacer más. La humanidad debe ayudarse. Eso da felicidad y limpia las conciencias”.

“España ha roto el bloqueo solidario”

Eso lo saben bien en España y en particular en Asturias, que son vanguardia en el esfuerzo por conseguir que no decaiga el flujo de la ayuda hacia la antigua colonia. “España ha roto el bloqueo solidario”. Habla Lola (nombre ficticio), cubana afincada desde hace décadas en el Principado cuya larga experiencia aporta ejemplos de hasta qué punto el nivel que ha alcanzado la necesidad se percibe en la naturaleza de los envíos: “Hace poco se mandaron varios millones de jeringuillas para los hospitales de Cuba", donde muchas veces es el enfermo el que tiene que llevar el material para que le atiendan. Pero algún salvavidas a veces llega y en medio del desastre emerge “una movida muy linda” de auxilio transatlántico. “Lo que no se puede negar es la solidaridad y la gratitud que tiene Cuba hacia el pueblo español”, señala Lola.

Y nada sobra en esta isla, sigue, porque sus ojos expertos evalúan la situación del país, sin titubeos, como “la más difícil desde 1959”. También ella encuentra el origen en el “recrudecimiento extraordinario del bloqueo” y los efectos, en las carencias visibles en “todos los órdenes de la vida de los cubanos”, desde lo más evidente de los alimentos o los cortes de electricidad a las urgencias en la vivienda, con “serios problemas por las dificultades para la compra de materiales”.

Y en esto, cuando éramos pocos, llegó Donald Trump. Donde ya había dificultades enormes, ahora la intervención de Estados Unidos en Venezuela “ha infundido en el pueblo cubano el miedo de que eso se pueda repetir en Cuba”. Porque “Cuba está muy mal”, enlaza, “pero los que vamos mal somos nosotros si no nos miramos a la cara y no queremos ver que el mal está en Estados Unidos”. En la isla eso lo tienen claro, por eso a medida que crece el miedo “también se ha recrudecido” en estas primeras semanas de 2026 la pulsión antiimperialista que alimenta el país desde hace decenios.

Del agudizamiento del bloqueo viene, en su opinión, toda la carencia que arrastra tras de sí esta situación en la que “ningún país le vende a Cuba, porque si lo hace Estados Unidos le cae encima… Es una cadena, la pescadilla que se muerde la cola, como dicen ustedes”. Desde la distancia, a los cubanos en Asturias no les queda otra que seguir incentivando la ruptura del bloqueo solidario haciendo llegar a la isla lo más elemental, de leche y juguetes para las casas de niños sin amparo a contenedores cargados de jeringuillas para los hospitales.

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