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El análisis oviedista de la futbolista Laura Díaz: "Esto ya lo he vivido, estamos ante un colapso institucional"

El problema del Oviedo no reside en el técnico, sino en la arquitectura del fracaso: un equipo cualitativamente inferior a la mayoría de sus rivales, insuficientemente reforzado en el mercado de verano, y ya no digamos en el de invierno, y operando en un contexto donde las decisiones arbitrales parecen formar parte de un patrón sistemático

Eric García avanza con el balón durante del partido de liga entre el FC Barcelona y el Real Oviedo en el Camp Nou. Fotografía de Jordi Cotrina

Eric García avanza con el balón durante del partido de liga entre el FC Barcelona y el Real Oviedo en el Camp Nou. Fotografía de Jordi Cotrina / JORDI COTRINA / EPC

Laura Díaz González

Laura Díaz González

La futbolista avilesina Laura Díaz González, apasionada seguidora del Real Oviedo, comenzó la pasada temporada a enviar desde Hong Kong sus análisis sobre la evolución del equipo azul para la edición "Asturias Exterior" de LA NUEVA ESPAÑA. Con su sección "Lo más lejos a tu lado" debutó como cronista oviedista justo en la temporada del sueño, del regreso a Primera. En China estudió Relaciones Internacionales, siguió su formación en Bruseles y ahora emprende una nueva etapa laboral desde Madrid. Ella, que pertenece a la llamada "generación del barro", que acompañó al Oviedo en sus peores momentos, analiza desde la capital de España la marcha del Oviedo compitiendo con los mejores del fútbol español.

Tuve un déjà vu mientras vaciaba cajas en Madrid y encontraba la bufanda del Oviedo. Azul y blanca. Deshilachada en los bordes. Mientras la sostenía en las manos, me golpeó la sensación de estar viviendo algo que ya viví: la certeza de que el equipo que amas está a punto de ahogarse, solo que esta vez la distancia entre el abismo y la esperanza de poder agarrar todavía el salvavidas se mide en 90 minutos y tiene nombre y apellidos: Girona, Carlos Tartiere, 31 de enero.

Cuando eres del Real Oviedo la angustia no desaparece al cambiar de código postal. El Oviedo sigue siendo lo que era desde Bruselas: un equipo que lucha, que intenta competir, pero que descubre una y otra vez que la buena voluntad no salva a nadie cuando desde arriba se empeñan en empezar a construir la casa por el tejado.

La llegada de un nuevo entrenador, en teoría, debería representar un punto de inflexión institucional. Sin embargo, el Oviedo ha documentado la incapacidad del cambio directivo para revertir una dinámica estructural. El problema no reside en el técnico, sino en la arquitectura del fracaso: un equipo cualitativamente inferior en comparación con la mayoría de sus rivales, insuficientemente reforzado en el mercado de verano, y ya no digamos en el de invierno, y para más inri operando en un contexto donde las decisiones arbitrales parecen formar parte de un patrón sistemático.

Nadie dice con claridad lo que significa estar donde está el Oviedo ahora. Nadie articula con suficiente crudeza que un equipo que sale a competir en Primera División con una alineación de jugadores de Segunda, que se puede “permitir el lujo” de dejar a Cazorla en el banquillo, y que está en el último lugar con 13 puntos después de 21 jornadas no está en una "situación complicada". Está desangrándose. Está respirando todavía, sí. Pero se está muriendo lentamente.

Dos victorias en toda una vuelta. Siete empates que parecen victorias morales pero que funcionan como confirmación de que el equipo no puede ganar. Once derrotas que son la expresión de una fragilidad estructural que parece no tener remedio. Es el momento en que comprendes que no se trata de una crisis pasajera. Se trata de un colapso institucional.

Hay algo irónico en mudarse en busca de algo nuevo y encontrarse, en cambio, con lo mismo de siempre. Quizás por eso la derrota ante el Barcelona, ese 3-0 demoledor, se siente menos como una sorpresa y más como el acto final de una película que ya hemos visto demasiadas veces.

Pero aquí está lo que el déjà vu no me dice: cuándo termina. He visto este patrón antes, pero nunca sé en qué momento la imaginación se convierte en realidad. El Oviedo tiene exactamente un partido. Exactamente uno. No es drama. Es matemática pura. El equipo está a ocho puntos del Getafe (que todavía no ha jugado), y ocupa la posición de salvación con 21 puntos. Eso significa que el Oviedo necesita ganar partidos. Es más, necesita ganar bastantes partidos, y muy rápidamente. Pero para ganar varios partidos, primero necesita ganar uno. Necesita romper una racha de catorce sin sumar de tres, dar el primer aleteo y dejar que la teoría del caos se encargue del resto.

Un fin de semana, 12 horas de autobús ida y vuelta, y la misma bufanda azul y blanca deshilacha en los bordes ¿será real el déja vù?

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