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El análisis del sportinguista volador desde Las Vegas (Nevada): "El Sporting no deslumbra, pero tiene callo y sabe competir"

Si algo ha demostrado el equipo rojiblanco es que, incluso sin fuegos artificiales, sabe cuándo ir a por los tres puntos. Y en esta liga, eso también es una apuesta ganadora.

Diego Álvarez Bada con la bufanda de su peña sportinguista en un casino de Las Vegas (Nevada)

Diego Álvarez Bada con la bufanda de su peña sportinguista en un casino de Las Vegas (Nevada) / .

Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada trabaja como sobrecargo de aviación en la línea bandera de México. Es fundador y presidente de la peña "La villa de Quini", la primera y la única peña sportinguista oficial en México y fuera de España. Hasta diez veces al año vuela a España para ver los partidos del Sporting.

Las Vegas es la ciudad donde todo gira alrededor del riesgo. Aquí se apuesta a todo, al número, a la carta que falta, al golpe de suerte. Y desde aquí, a primera hora de la mañana, tocó seguir al Sporting en el templo que, sin grandes alardes, terminó siendo cómoda y productiva. Porque a veces no hace falta jugar bonito para ganar bien.

El Sporting tardó en entrar en calor. Hasta el minuto 30 parecía atenazado por el frío y por ese ambiente tan asturiano que envolvía El Molinón en una tarde-noche gris, con una entrada discreta, alrededor de 19.500 espectadores. El Mirandés, colista de la categoría, se sentía incluso cómodo durante ese primer tramo, ante un Sporting espeso y sin demasiada chispa.

Pero el partido empezó a girar cuando Otero despertó al equipo. El colombiano provocó el primer penalti y, tras dejar al rival con uno menos, lo transformó él mismo justo antes del descanso. Fue el punto de inflexión. A partir de ahí, el Sporting entendió que la apuesta había salido bien y que tocaba gestionar la ventaja sin volverse loco.

El segundo tiempo fue un ejercicio de calma. Sin gran fútbol, sin necesidad de acelerar, pero con control. De nuevo Otero fue protagonista, forzando otro penalti que Dubasin convirtió tras la correspondiente revisión del VAR. Con el 2-0 y superioridad numérica, el partido quedó prácticamente sentenciado. El Mirandés apenas ofreció resistencia y el Sporting navegó hacia una victoria plácida, de esas que no desgastan.

Diego Álvarez Bada, en el centro, con dos amigos en Las Vegas.

Diego Álvarez Bada, en el centro, con dos amigos en Las Vegas. / .

El broche lo puso Guille Rosas con un auténtico golazo desde fuera del área, un disparo seco que se coló para firmar el 3-0 definitivo y encender, ahora sí, a El Molinón. Poco más hubo que contar. Fue una noche cómoda, sin sobresaltos, de dos penaltis en el camino y un triunfo sin discusión.

Desde Las Vegas, Nevada, donde me encontraba de viaje con amigos y de despedida, tanto para mi como para el Sporting, que como yo, dice adiós a la soltería y se casa con la ilusión, la ilusión y la pelea por volver a su lugar histórico en primera. Y como dice el refrán lo que pasa en las Vegas se queda en Las Vegas, el Sporting se quedó con 3 puntos que hacen soñar. Una victoria que coloca al equipo séptimo, empatado a puntos con el Almería que marca el playoff, a solo tres del ascenso directo que señala el Castellón y con un Racing de Santander líder en solitario, ocho puntos por encima.

Este Sporting no deslumbra, no firma partidos memorables, pero tiene colmillo, callo y sabe competir. Pocos empates, muchas victorias y una regularidad dentro de la irregularidad que lo mantiene ahí arriba. No es un sobresaliente, pero sí un equipo serio, reconocible, con el sello de Borja Jiménez bien marcado.

La próxima parada será Ipurua. No perder ya es ganar pero si se gana, es crecer y allí no hay casinos ni noches plácidas. Campo pequeño, rival incómodo y partido de pico y pala. Pero si algo ha demostrado este Sporting es que, incluso sin fuegos artificiales, sabe cuándo ir a por los tres puntos. Y en esta liga, eso también es una apuesta ganadora.

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