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La universidad que reproduce la industria en el aula y no contrata profesores sin experiencia externa: el ejemplo de Singapur para salvar la brecha entre la enseñanza y la empresa

El presidente del Instituto de Tecnología, universidad pública del país asiático, expone en el gran congreso sobre el futuro de la educación que organiza el TEC de Monterrey un modelo que retuerce las estructuras tradicionales del sistema universitario: “Somos distintos a los demás”

Sus enseñanzas tienen una dimensión interdisciplinar y prácticas obligatoria en empresas en las que a los estudiantes “les tratan como empleados y les dan proyectos de verdad”

Chua Kee Chaing, durante su intervención.

Chua Kee Chaing, durante su intervención. / TEC

Monterrey (México)

En el Instituto de Tecnología de Singapur no hay clases “normales”. “Los estudiantes no están sentados de manera pasiva escuchando un sermón”. “Nos aseguramos de brindar un aprendizaje basado en la experiencia, nos preocupamos de asegurar que esa experiencia sea auténtica y tratamos de replicar en la universidad situaciones cercanas a las que se dan en la industria”. Chua Kee Chaing, presidente de la institución pública singapurense, está en el TEC de Monterrey, en México, explicando en un gran congreso sobre el futuro de la educación por qué ellos son “distintos a los demás”. O por qué cree que imparten ellos la educación del futuro.

Para que se le entienda, el directivo explicará el remedio disruptivo con el que tratan de resolver uno de los grandes desafíos de los sistemas educativos en todo este mundo cambiante y complejo, el gran sudoku de cómo reducir la distancia, a veces vertiginosa e incapacitante, que separa la universidad de la empresa y en ocasiones desconecta el sistema educativo del universo laboral.

En la primera jornada de las tres de la IFE Conference, el gran congreso sobre las tendencias de futuro de la enseñanza que organiza el Instituto para el Futuro de la Educación del TEC, Chua Kee Chaing contestará su propia pregunta. “¿Y cómo sabemos nosotros lo que necesita la industria?” En su institución, se responde, no se contratan doctores que no hayan pasado antes el test del mercado laboral. “Sólo traemos a gente que tiene el conocimiento y además la capacidad de aplicarlo”, explica. Así han generado un modelo educativo que retuerce el convencional, un sistema “de educación por competencias” que rompe los esquemas tradicionales y en el que los estudiantes pasan por obligación períodos largos, intensos y obligatorios de prácticas en empresas: para una carrera de tres años, ocho meses de prácticas; si el título es de cuatro, un año. "Y les dan trabajo de verdad”, señala Chua Kee Chaing. “Los tratan como empleados, les dan proyectos de verdad y tienen el apoyo de docentes y mentores dentro de la compañía”.

Su sistema “por competencias”, que dinamita el esquema de las carreras convencionales y se dirige absolutamente hacia el mercado laboral “nos asegura que los estudiantes graduados no sólo han aprendido la tecnología, también deben demostrar el nivel adecuado de competencia para aplicar sus conocimientos en el trabajo”. Su palabra clave es “flexibilidad”. Funcionan “apilando” “microcredenciales”, fragmentos de conocimiento que se aprenden en cortos periodos de tiempo y acreditan la adquisición de competencias específicas muy cambiantes y adaptadas a las necesidades del mercado laboral.

Sus titulaciones son siempre interdisciplinares, cambian y puede que en el futuro no tengan ni nombre… Es “un gran cambio respecto a lo que hacen los profesores en las universidades”, señala, y aunque sabe que no son muchas las que se han subido a su tren, justifica la apuesta exponiendo los resultados: en sus once años de vida, “nueve de cada diez de nuestros graduados obtienen un trabajo después de seis meses” y se ha reducido significativamente la tasa de “fugas”, de alumnos que acaban trabajando en empleos alejados de su competencia profesional.

El gran foro sobre el futuro que organiza estos días el TEC, una universidad privada que mantiene sólidos vínculos con Asturias –a través de uno de sus grandes impulsores, el empresario asturmexicano José Antonio Fernández Carbajal, y de sus acuerdos de colaboración e intercambio con la Universidad de Oviedo o el Instituto Oftalmológico Fernández Vega–, quiso estimular a los más de 4.000 asistentes procedentes de 46 países con una invitación disruptiva: imaginar la universidad del mañana. Para ello, frente a un mundo que cambia a toda velocidad, hay quien interpreta a favor del sistema universitario su tendencia histórica a procesar los cambios con calma.

En un panel de expertos que cerró la primera jornada del TEC Conference con la estimulante tarea de identificar “las decisiones que definirán a la universidad en la próxima década”, Fernanda Llergo Bay, rectora de la Universidad Panamericana, entiende que las instituciones educativas necesitan tomarse su tiempo para afrontar la tarea fundamental que impone, a su juicio, esta era confusa de la inteligencia artificial, “poner el criterio antes que la herramienta”.

Puede que “nos esté faltando pensar para saber actuar con criterio”, señala, y se encuentra con el asentimiento de Bernardo González-Aréchiga, secretario general de la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior. Él acepta parafrasear al Papa Francisco para definir esto no como una era con muchos cambios, sino como un cambio de era, y afirma que “las universidades van tarde” tal vez por la magnitud del desafío de esta época convulsa que trae consigo toda una “reconfiguración humana”, “un cambio en el posicionamiento del ser humano en torno al conocimiento y a la forma en que se genera”.

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