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Los asturianos en la Cuba sentenciada ahora a muerte por Trump: "Si nos aprietan, el pueblo será el afectado, los dirigentes barrigones seguirán viviendo su vida"

Elena, una nieta de asturianos que acaba de llegar a España para no volver a la isla, lamenta la situación terminal en la que está sumido su país: “Lo que está pasando no tiene precedentes en la historia. Yo tuve una vida activa políticamente allá y ahora, como casi la mayoría, estamos decepcionados. Fuimos un pueblo culto, pero todos los profesionales han emigrado y hoy todo es muy difícil: los medicamentos, la comida…”

Conductores esperando a repostar en una gasolinera en Bacuranao, cerca de La Habana, este viernes.

Conductores esperando a repostar en una gasolinera en Bacuranao, cerca de La Habana, este viernes. / Ramón Espinosa/Associated Press / LaPresse

Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

Los cubanos están sumidos en la peor crisis de su historia: sin comida, sin luz, sin medicinas… Cuba se encuentra en estado terminal. Tras la intervención estadounidense en Venezuela se ha quedado sin el petróleo venezolano, que suponía nada menos que el 30% de su dieta energética. Y ahora el presidente Trump parece dispuesta a asfixiarla definitivamente. "No podrá sobrevivir", dijo el presidente tras amenazar con aranceles a los países que envíen crudo a Cuba. Unos 16.000 asturianos, con nacionalidad española (nacidos en Asturias o descendientes de emigrantes), residen en la isla. Componen, sin duda, la comunidad de asturianos por el mundo que vive en peores condiciones económicas. Muchos de ellos dependen para subsistir de las ayudas económicas que anualmente les envía el Principado. No son pocos los que dicen que Cuba está a las puertas de un desastre humanitario. LA NUEVA ESPAÑA entrevista durante estos días a representantes de la comunidad astur-cubana. Todos han pedido mantener el anonimato por miedo a las represalias del régimen encabezado por Díaz-Canel.

Elena, nombre ficticio, es una mujer cubana de 73 años. Nieta de emigrantes españoles: por el  lado paterno son cántabros; del materno, asturianos. Junto a su marido, y pese a la edad, acaba de dar el salto de su vida: desde una ciudad del este de la isla se ha venido a vivir a España, junto a su único hijo. Casi acaba de aterrizar. No ha tenido oportunidad de viajar todavía a la tierra de sus abuelos. “Es mi gran sueño”. Mucho le ha costado decidirse a dejar su país, probablemente para siempre. En Cuba quedó su madre, casi centenaria, al cuidado de la única hermana que todavía resiste allí. El resto de la familia, y son siete hermanos con sus hijos respectivos, se han marchado: está repartidos entre Estados Unidos y España. Elena deja atrás también, ahora al cuidado de otra compañera, el grupo de descendientes de asturianos (todos ellos de avanzada edad, nonagenarios “y muchos de ellos, postrados”) al que ayudaba para que pudieran acceder a las ayudas anuales que les brinda el Gobierno del Principado. Para casi todos ellos, esta ayuda que cada año les hace llegarla dirección general de Emigración les evita caer en la más absoluta indigencia en una isla donde ya no hay casi de nada. Elena tiene formación universitaria, trabajó en el sector económico, creyó en la revolución castrista y hasta reconoce que llegó a vivir bien. Pero ha dicho basta. Le duele hablar de la inmensa decepción que la embarga ante el estado terminal en que se encuentra su país. Este es su testimonio:

“Yo soy nacida y criada en una central azucarera. Soy técnico medio en finanzas, licenciada en dirección de la economía. He siempre he trabajado en la rama económica. Me jubilé hace tiempo”.

“Lo que ahora está pasando en Cuba no tiene precedentes en la historia. Yo tuve una vida activa políticamente allá y ahora, como casi la mayoría, estamos decepcionados de lo que está ocurriendo. Fuimos un pueblo culto. Es verdad, eso sí se desarrolló. Pero todos los profesionales que han podido, han salido, han emigrado. Hoy todo es muy difícil: los medicamentos, la comida…”

“Y el Marco Rubio, que es de origen cubano… No sé qué ellos piensan. Creen que apretando y apretando la situación económica en Cuba el gobierno se va a dar por vencido. ¿No se dan cuenta que el mayor afectado será el pueblo porque los dirigentes siguen viviendo su vida?”

Una anciana en una calle llena de basura de La Habana.

Una anciana en una calle llena de basura de La Habana. / Efe

Creyeron en la revolución

“Nací en 1952. Tenía siete años cuando la revolución triunfó en el 59. Mi abuelo era dueño de la farmacia en el pueblo donde vivíamos. Fue médico. No éramos millonarios, pero éramos una familia acomodada. Mi papá trabajaba en oficina y al triunfar la revolución pudo haberse ido como hicieron muchos amigos, pero se quedó, se identificó con la revolución. Y esa fue la influencia que nosotros tuvimos. Tuvimos mucha fe… Yo fui militante de la Unión de Jóvenes Comunistas. Hoy soy rebelde sin causa. O con causa. Uno siempre tiene la fe de que las cosas van a mejorar. Pero no, todo ha cambiado mucho. Te vas dando cuenta de que la corrupción que existe. Y de que el igualitarismo no existe. Ni va a existir. Ni en el capitalismo ni en el socialismo, ni en ninguna parte. Las personas todas no somos iguales. Bueno, ese sería otro tema…”

“Hace ya como 12 años que dejé de creer. A mí me gusta leer mucho y uno va razonando y te vas dando cuenta. No me gusta hablar de eso, pero… Fidel no se enfocó en el desarrollo de nuestro país, empezó con sus ideas de la solidaridad con otros países. Y empezó a quitar las cosas de Cuba y a mandar pa fuera. Nunca estuve de acuerdo con la guerra de Angola. ¿Gastar recursos nuestros, que no teníamos, para estar apoyando revoluciones en Bolivia, aquí, allá?. Son cosas que nunca he compartido. Pero, bueno, no voy a hablar de mí…”

“Somos 7 hermanos y nada más queda una sola hermana allí, que es la que cuida mi madre que aún está viva. Nada más queda una hermana mía y una sobrina, que es licenciada en enfermería y el esposo es médico, que no lo liberan. Esa es otra cosa, la libertad que uno tenga de tomar decisiones en tu vida. Y allí siempre nos han quitado libertad de tú hacer lo que quieras”.

La "bendición" de tener un pasaporte español gracias a los abuelos asturianos

Con las leyes de Memoria Histórica y la más reciente de Memoria Democrática, más conocida como “ley de nietos”, toda la familia de Elena, desde su madre a sus hermanos, hijo y sobrinos, lograron la nacionalidad española. Esa fue la llave que les abrió un nuevo futuro. De hecho, legalizó su matrimonio ante el consulado español para que su marido, de nacionalidad cubana, pudiera venir con ella en este viaje de no retorno a España.

“A mí me ha costado venir. A esta edad los cambios no son fáciles, que ya no soy una niña. Uno llega aquí y ya no está en edad laboral. Pude venir gracias a que tengo el pasaporte español. La nacionalidad española fue una bendición. Mire, yo hice viajes de mula, para ganar allí algo. ¿Sabe lo que es? Al tener el pasaporte español eso nos permitía viajar a cualquier parte. Una gente te pagaba para ir a Panamá, México, a Dominicana, a por una mercancía que ellos compraban y luego las metía en Cuba con mi equipaje. Con eso ganaba un dinero y podía comprar las cosas. Llevaba ropa de cama, ropa interior, cosas así que luego estas personas vendían en Cuba”.

“Mi esposo es el que ha estado siempre diciendo que nos fuéramos de Cuba, porque ya la vida es muy difícil. Pero después de la covid fue cuando ya decidimos venirnos. Estuve grave de muerte. Y entonces ya decidimos venir. Lo que pasa es que como yo soy económica y razono veía que iba a ser una carga social aquí, que no vamos a aportar nada. Ahora no es como cuando mis abuelos. Los familiares venían acá y todo el mundo estaba contento, porque de allá venían a traer. Pero ahora los que venimos, venimos a buscar, no a traer. Representamos una carga social y de eso estoy consciente”.

“Mi hijo no puede cargar con nosotros, él tiene su familia yo me pregunto dónde vamos a vivir cómo vamos a pagar una renta. Mi esposo sí tiene mucha energía y dice: voy a trabajar y voy a hacer… Pero uno tiene que ser realista. Mis primas que están aquí, que llevan a años, que allá trabajaban en oficinas, aquí vinieron a cuidar ancianos, porque ellas vinieron más jóvenes. Pero yo no puedo hacer eso”.

Conductores repostando en una gasolinera de La Habana, este viernes.

Conductores repostando en una gasolinera de La Habana, este viernes. / Ramón Espinosa/Associated Press / LaPresse

El dolor por un país derrumbado

“Me duele tener que decir que en Cuba hay pobreza. Y pobreza en personas que nunca la hubiesen tenido por su formación: mis amigas y yo compañeras de estudio, compañeras del trabajo. Todas me dicen: ni se te ocurra volver, esto va para atrás, para atrás, para atrás”.

“Allí hay apagones, falta de medicamentos, la suciedad en las calles. Y ahora ese virus que se ha desatado. El chikunguyá, ya usted tiene que haberlo escuchado. Nosotros no lo cogimos. Mi esposo y yo nos cuidamos como gallo fino, como decimos nosotros. Pero ese virus está acabando con las personas”.

“La otra cosa con los apagones. Yo casi no dormía, fíjese. Se iba la corriente, pero a las 6 de la mañana levántate cuando hay corriente porque tú tienes que adelantar en la cocina. O ahorra el gas licuado, porque cuando no hay corriente, si no tienes gas licuado tienes que cocinar con leña o con carbón. Y yo no podía cocinar con leña. Con el tema de la covid me quedó una fibrosis en el pulmón derecho, que me falta mucho el aire, imagínese”.

“Y toda esa falta de energía ahora se ha agudizado con lo que ha sucedido en Venezuela, que nos ayudaba mucho con el tema del petróleo. Además, nuestro país tiene una deuda muy grande y como no tiene ingresos ahí no hay riqueza ni nada. No hay economía. Y el turismo que era una fuente de ingresos, ya no funciona. ¿Quién va a querer ir a La Habana a la tristeza? Y con esa basura ahí. Hay hoteles emblemáticos vacíos”.

Cubanos intentando abastecerse en una gasolinera de La Habana.

Cubanos intentando abastecerse en una gasolinera de La Habana. / Ramón Espinosa/ Associated Press / LaPresse

Ahora que Trump puso el mundo al revés

“Los del gobierno actual ellos siguen con la idea de la ideología; una ideología que no ha dado ningún avance. Pero siguen con lo mismo. Banderas y esas cosas. Pero tampoco tienes libertad para protestar. Y aparte de que las revueltas son castigadas, ¿quién va protestar? Porque en mi cuadra, por ejemplo, sólo quedan personas mayores. Poquitos jóvenes. Y esos tenían la ilusión de poder irse con el ‘parole’ a los Estados Unidos, pero ahora que el presidente de los Estados Unidos ha virado el mundo al revés… Ahora no les queda más remedio que seguir allí, donde ya no se produce nada, donde se interrumpe todo, donde bajas a la tienda y ya no hay ánimo, o las personas no han dormido porque en verano se ahogan de calor o porque no han podido cocinar”.

“Mirando hacia el futuro supongo que es increíblemente difícil imaginar una reconstrucción. Una vez a un amigo, un militar de alto rango, le pregunto: tú crees que exactamente el bloqueo este es el que nos está matando. Y me dice: ‘Que quiten el bloqueo para que tú veas claro’. Hay una mentalidad que no va a cambiar. Bien, se van los que están ahora los dirigentes bien barrigones que están ahora, ¿y quién va a quedar para reconstruir el país? Mira doónde fue la salud, que fue uno de los pilares de la revolución. Hace poco, uno de los asturianos que atendía allí, un señor que perdió las dos piernas y estuvo ingresado, cuando llegaron a casa tuvieron que quemarlo todo porque trajo los chinches del hospital”

“Yo no veo una solución. Además, la mentalidad de las personas está atrofiada. Los jóvenes que quedan tienen otros intereses y ven la vida desde otro punto de vista. En los años de Fidel no se oía el consumo de la droga y ahora hay droga tristemente. Y el aumento de la delincuencia. Ya no puedes andar saliendo por determinados lugares porque te asaltan. Se han perdido muchos valores. Eso sucede cuando tú no tienes incentivo. Si tu salario no te da para lo mínimo indispensable tú vas perdiendo el interés y entonces sales a buscar. El trabajo es muy importante porque puedes mejorar tu nivel de vida. Como dice mi hermano: ¿a qué joven no le interesa tener un carro, una casa propia, las mil cosas que desean los jóvenes? A nadie le gusta vivir mal. Pero si no tienes ningún incentivo para nada en la vida al final no vas a hacer nunca nada”.

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