Longinos Valdés, el asturiano que encarnó en Cuba lo mejor de Asturias: adiós a una "ancha vida llena de humanidad"
Nacido en Belmonte de Miranda y fallecido en Asturias el pasado mes de enero, este ingeniero agrónomo que presidió la Federación de Asociaciones Asturianas en Cuba, se comprometió con la comunidad asturiana en la isla: ·"No hay asturiano que no haya contactado con él que no pueda hablar de su entrega en todo lo que se le requiriera"

Longinos Valdés, en el centro, recibe un premio por su compromiso con la comunidad asturiana en Cuba. / .
Covadonga Díaz y Helena Varela
Covadonga Díaz y Helena Varela, trabajadoras sociales de la Dirección General de Emigración, firman esta necrológica en recuerdo de Longinos Valdés, recientemente fallecido, a los 80 años de edad. Valdés, nacido en Belmonte de Miranda, fue un comprometido representante de la comunidad asturiana en Cuba, a donde emigró en 1951, siendo todavía un niño. Entre otros muchos cargo, Longinos Valdés fue presidente de la Federación de Asociaciones Asturianas en Cuba.
Longinos Valdés, asturiano y cubano, falleció en Asturias este último mes de enero. De él se dijo, y así es, que nació en Castañéu de Belmonte, el lugar al que volvía siempre con el pensamiento y todo lo que pudo en presencia física. Que emigró con su madre de muy niño a La Habana, donde desarrolló toda su vida. Que estudió ingeniería agrónoma y forestal y que antes, con 15 años, participó activamente en la campaña de alfabetización en Cuba con tantos otros movidos por los valores de ayudar a los más débiles para que disfrutaran de una vida donde nadie fuese más que nadie, unos valores que él nunca abandonó. Formando parte del Ministerio de Agricultura de aquel país, habría que decir también que contribuyó a diseñar e implementar la reforma agraria y era un gusto compartir la intrahistoria de aquella primera transformación social que vivía la isla, porque él le daba el mismo peso a los aconteceres de los que detentaban el poder que a las de la gente común, a las que escuchaba con mucha atención, y tenía infinitas anécdotas que podrían enriquecer la Historia en letras mayúsculas. Incluso, durante un período fue también profesor de historia cubana en la Universidad de La Habana. Participó en misiones internacionales poniendo a disposición tanto su competencia profesional como su carácter generoso. Criado entre emigrantes contaba, con toda naturalidad, extraordinarias anécdotas de la vida cotidiana en el puerto de La Habana, en los garitos de aquella Cuba, en las casas y pensiones de la comunidad que se mezclaba con guajiros del oriente cubano. gente en cualquier situación y circunstancia, viviendo lo que tocaba.
Su talante servicial y el amor absoluto por nuestra tierra le llevaron también a desempeñar varios cargos en diferentes sociedades asturianas, a presidir la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba (FACC), y a tener representación en el Consejo de Residentes en el Exterior de aquel país. Muy lejos del oropel que demasiadas veces ciegan a quienes ostentan similares responsabilidades en cualquier parte del mundo, a él solo le impulsaba la vocación de servicio y le importaba muy poco el brillo superficial de los salones. Cumplía lealmente con todas las instituciones y no hay asturiano que no haya contactado con él o se pasara por el local de la FACC que no pueda hablar de su entrega en todo lo que se le requiriera. Nada le gustaba más que compartir con los asturianos de toda índole y, en las casas de los más humildes, de los más pobres, se recibía su visita frecuente a la que siempre llevaba alguna jaba con algo de comida o medicinas si lo tenía, una partida de dominó, revistas o periódicos de la tierra cuando llegaban y conversación que transitaba lo mismo por la bolera de Alles que por las Romerías de Salas o los montes de Teverga, toda Asturias siempre en él. Inteligente, culto, sabio, solidario y comprometido como era, sufrió hondamente la penosa deriva de las condiciones de vida en Cuba y la decepción por la traición a aquella idea primera de revolucionar el país para que la gente viviera mejor. Enfermo ya, regresó a la patria querida enlazando tristeza por la pérdida de su otra tierra, de aquellos que seguían siendo suyos y, cuidado amorosamente por su hijo Osmel, fue despidiéndose esta vez desde el silencio.
No puede caber aquí la ancha vida que tuvo ni toda su humanidad. Fue un hombre bueno, donde estaba Longinos Valdés estaba lo mejor de Asturias. Gracias por todo, siempre te echaremos de menos. Descansa en paz, amigo.
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