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Los cinco lazos que conectan Asturias con la universidad privada más influyente de México

El TEC de Monterrey, con cerca de 90.000 estudiantes, un método formativo “diferente” y una decidida vocación de internacionalización, mantiene intercambios con distintas instituciones asturianas desde hace más de un decenio y busca fórmulas para "seguir desarrollándolos"

Una vista del campus del TEC de Monterrey, con el Cerro de la Silla al fondo y los edificios de las residencias en primer término.

Una vista del campus del TEC de Monterrey, con el Cerro de la Silla al fondo y los edificios de las residencias en primer término. / M. P.

Monterrey (México)

Al caer la tarde, tres hembras de venado pastan tranquilamente un jardín, ajenas al bullicio que las rodea. Se oye el graznido de un pavo. Hay un estanque y pasan dos patos.  Ignacio de la Vega, vicepresidente de Asuntos Globales del Instituto Tecnológico de Monterrey, un hijo de familia praviana muy enamorado de Asturias, no se refiere exactamente a esto cuando dice que estamos en una universidad “diferente”, pero el enorme campus principal del TEC en la urbe mexicana, capital del estado de Nuevo León y referencia económica del norte del país, esconde otras singularidades menos visibles.

La institución educativa privada más influyente de México, y una de las más prestigiosas de Latinoamérica, presume de un novedoso modelo de aprendizaje “basado en retos”, en proyectos reales propuestos y tutelados por empresas y organizaciones –“tenemos unos 3.000 socios formadores”–, y de una muy decidida orientación internacional. A lo largo de su carrera, un alumno puede tener frente a sí "quince o veinte retos con entrega de resultados", sigue el dirigente de la Universidad. "Queremos vincularles desde el día uno con la industria". Enseñan además sobre un "modelo de desarrollo de competencias transversales" y “probablemente seamos la universidad del mundo con más intercambios de estudiantes, más de 8.000 al año, y tenemos convenios en vigor con ochocientas universidades”.

Lazo 1: la raíz de Fernández Carbajal

Las raíces de Ignacio de la Vega sostienen uno de los múltiples puentes transatlánticos que enlazan el TEC de Monterrey con Asturias. “Hay un vínculo que queremos seguir desarrollando”, confirma el vicepresidente de la entidad. Los lazos más básicos y más antiguos los anudó José Antonio Fernández Carbajal, un ingeniero y poderoso empresario de “corazón asturmexicano”, enraizado familiarmente en Siero y Peñamellera Alta que fue alumno, profesor y presidente del consejo directivo de esta institución que además fundó el abuelo de su esposa, Eugenio Garza Sada. En 1943, aquel inquieto regiomontano que había estudiado ingeniería civil en el MIT, el Instituto Tecnológico de Massachussets, materializó a su regreso la idea de reproducir el modelo en su ciudad natal. El “MIT de México”.

Ignacio de la Vega, en el edificio rectoral del TEC de Monterrey.

Ignacio de la Vega, en el edificio rectoral del TEC de Monterrey. / M. P.

Lazo 2: la “filantropía del empresario” y el “puente” hacia el Instituto Fernández Vega

Fernández Carbajal, uno de los sucesores de Garza Sada en la sala de máquinas del TEC, es el motor principal de la última gran conexión que la institución ha establecido con Asturias, el convenio de intercambio formativo e investigador que el pasado octubre suscribieron en Oviedo el TEC, el Instituto Oftalmológico Fernández Vega y la Universidad de Oviedo. La creación del “Centro de Investigación Eva y José Antonio Fernández Carbajal”, con sede en la capital del Principado y una pata en cada orilla del Atlántico, servirá para la investigación conjunta, el flujo de estudiantes y una doble titulación, del TEC y el Instituto Fernández Vega, para los estudiantes de posgrados de alta especialidad dentro de la oftalmología. La alianza, fruto de “la generosidad y la filantropía” del empresario, puede aceptarse desde Asturias como una de las fórmulas de retorno que puede encontrar un emigrante sin necesidad de volver físicamente y en México dicen que marcará una frontera. “Será un antes y un después en nuestra presencia institucional en la región”, remarca De la Vega.

Lazo 3: el intercambio estudiantil

“¿Por qué estamos en Asturias? Porque estamos en todo el mundo”. También por los lazos que tendió Fernández Carbajal y porque “España es el mercado de mayor demanda de nuestros alumnos a la hora de buscar una experiencia de intercambio”, confirma De la Vega. El TEC de Monterrey tiene convenios, queda dicho, con ochocientas universidades de todo el mundo, “de Harvard y el MIT a instituciones más pequeñas del norte de África” y al menos cuarenta españolas. Su relación más reciente con la de Oviedo se remonta a 2013.

Tienen tres acuerdos activos y entre ellos un convenio de investigación firmado en 2021 para la creación e impulso de proyectos de investigación y educación y para la promoción de estancias de investigación y movilidad de alumnos y profesores, entre otros aspectos. En total, según fuentes de la institución mexicana, el intercambio se ha sustanciado en el movimiento de sesenta estudiantes, cincuenta del TEC y diez de la institución académica asturiana.

Lazo 4: un doble grado a la expectativa

El estrechamiento de la distancia con el Principado también ha cristalizado en la firma de un convenio que debe desembocar en un doble grado de Ingeniería Química. De momento, la iniciativa “está en fase de convenio”, precisa De la Vega, y pendiente de los condicionantes de la “exigente” normativa española, pero mantiene viva la idea de que los alumnos estudien “un semestre en cada universidad” y pueda incrementarse el flujo de la movilidad académica entre las dos orillas del océano. En su momento, en marzo de 2023, se habló también de un campus internacional asturmexicano a tres bandas, una alianza triple que alguien llamó “Mexastur” y que vincularía a la Universidad de Oviedo con el TEC y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aunque eso es todavía “un acuerdo de intenciones” pendiente de desarrollo.

Lazo 5: la investigación conjunta

Lo que sí ha prosperado es el vínculo transatlántico de la investigación conjunta. Entre 2020 y 2025 se cuentan diecinueve publicaciones científicas con autores de las dos instituciones en los ámbitos muy diversos de la medicina y la ingeniería, la neurociencia, las ciencias de materiales, la física, la astronomía o la psicología, entre otras. El rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde, participó en la IFE Conference de 2024, el gran congreso que promueve el TEC sobre el futuro de la educación. En la edición de 2025, la “cumbre sobre inteligencia artificial en la enseñanza” arrancó con una ponencia de Rebeca Cerezo, profesora del departamento de Psicología.

Un venado, en uno de los jardines del campus principal del TEC.

Un venado, en uno de los jardines del campus principal del TEC. / M. P.

La "Silla del caballo", los venados, el “servilletero”

El gran campus del TEC se tiende a los pies del imponente cerro de la Silla, que domina el paisaje de Monterrey con sus más de 1.800 metros de altitud y que se ganó el nombre porque la hendidura que tiene en su cima la hace semejante a la silla de un caballo. Los venados, la especie más exótica de la fauna del lugar, son el producto de la donación de un alumno de hace muchos años, aunque con el tiempo, cuando a los machos empezaron a crecer los cuernos, la precaución aconsejó su traslado. Desde entonces, quedan sólo las hembras.

Estamos en el principal de los veinte campus que la universidad, más de 87.000 alumnos y casi 8.000 profesores, tiene por todo el país. Es una gran mancha verde muy profusamente ajardinada de la que sobresalen aularios antiguos –edificados en los años cuarenta a imitación de los del MIT– junto a grandes bloques de residencias, a un gran edificio acristalado que aloja la enorme biblioteca y entre otros uno muy singular que simula el equilibrio inestable de dos primas asimétricos paralelos. Popularmente, por su forma, le llaman “el servilletero”. Es el Centro de Tecnología Avanzada.

Uno de los accesos al campus, con el edificio del Centro de Tecnología Avanzada detrás.

Uno de los accesos al campus, con el edificio del Centro de Tecnología Avanzada detrás. / M. P.

De aquí a casi todas partes, Ignacio de la Vega destaca con insistencia la vocación internacional de una institución que fue, subraya, la primera latinoamericana admitida en la prestigiosa red de universidades intensivas en investigación “Universitas 21”. “Fuimos la primera universidad no estadounidense que se acreditó en el modelo de acreditación de Estados Unidos, algo que nos obliga a reacreditarnos periódicamente y a mejorar”, y “hace unos años creamos la ‘triada’, la alianza entre las tres instituciones privadas más relevantes de América Latina, junto a nosotros la Universidad de los Andes de Colombia y la Pontificia Católica de Chile”.

El pilar más reciente de la estrategia de internacionalización son los “proyectos estratégicos”, enlaza el vicepresidente de Asuntos Globales del TEC de Monterrey. Se conciben como alianzas de investigación y De la Vega extrae por su relevancia la que suscribieron en 2024 con el Ragon Institute, institución especializada en inmunología nacida de la colaboración entre el MIT, Harvard y Mass General Hospital de Boston. Para poner las bases de futuros estudios, la división de salud del TEC ha creado “Origin”, “una base de datos que pasa por ser el repositorio de ADN más amplio en el mundo latinoamericano. Hemos reunido las muestras genéticas de 100.000 mexicanos y latinos, y eso es muy interesante para mercados como Estados Unidos, donde la prevalencia de población latina ya es muy extensa y va a ser mayoritaria en cinco años”.

Una oficina europea en Bilbao y un obstáculo con la Universidad de Oviedo: “Son muy lentos”

Físicamente, el Tecnológico de Monterrey desembarcó en España hace tres años. Empezó estableciendo una sede en Comillas (Cantabria) y ha terminado asentado en Bilbao. El IFE Europe, la división europea del Instituto para el Futuro de la Educación del TEC, tiene forma jurídica de fundación, la Fundación TEC para la Innovación y el Emprendimiento, para facilitar su participación en grupos de investigación europeos. La plantilla tiene seis investigadores y un director, el mexicano Miguel Ángel Montoya, que celebra como el hito más reciente la adjudicación de “un proyecto Erasmus de cerca de 800.000 euros para profundizar, con varios socios latinoamericanos y europeos, en los desafíos éticos de la inteligencia artificial”.

Vienen de Cantabria y ahora tienen su base en la "isla del conocimiento" de Bilbao, afirma, gracias a la colaboración de la Universidad Mondragón. ¿Y en Asturias? “A nosotros nos gustaría colaborar más profundamente con la Universidad de Oviedo”, responde Montoya, “pero nos hemos dado cuenta que son muy lentos. Tenemos una excelente relación con ellos, pero hemos encontrado poco eco a nuestras propuestas. Quizás la culpa ha sido nuestra, porque no hemos sabido cómo expresarlas, pero estamos en la mejor disposición”

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