Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

La "política geométrica" de Manuel Calvo: la reivindicación en Madrid de un gran artista ovetense comprometido con la lucha de los mineros asturianos

La galería José de la Mano, en una exposición comisariada por Luis Feás, expone una amplia muestra de la obra de un creador asturiano de proyección internacional, fallecido en 2018 y que se convirtió en un maestro de la abstracción geométrica

MANUEL CALVO, PINTOR, JUNTO A UNA DE LAS OBRAS QUE EXPONE, EN EL CAMCO, DENTRO DE LA MUESTRA COLECTIVA " HAY UNA LUZ EN ASTURIAS "

MANUEL CALVO, PINTOR, JUNTO A UNA DE LAS OBRAS QUE EXPONE, EN EL CAMCO, DENTRO DE LA MUESTRA COLECTIVA " HAY UNA LUZ EN ASTURIAS " / NACHO OREJAS

Luis Feás Costilla

Luis Feás Costilla

La obra del pintor ovetense Manuel Calvo (1934-2018) resurge en Madrid. La galería José de la Mano (calle Zorrilla 21)le dedica una exposición, comisariada por el crítico asturiano Luis Feás, que publica habitualmente en LA NUEVA ESPAÑA. Calvo está considerado un pintor y escultor de referencia en la historia del arte europeo del siglo XX y un maestro de la abstracción geométrica. Con motivo de su fallecimiento, el gijonés Alfonso Palacio, entonces director del Museo de Bellas Artes de Asturias y hoy director adjunto del Museo del Prado, lo consideró "un artista clave del arte asturiano y muy relevante del tercer cuarto de siglo XX en España, que trascendió el ámbito nacional". La exposición está comisariada por Feás cultivó la amistad de este artista ovetense que llegó a Madrid siendo un niño, huérfano de padre. Su madre se lo llevó a la capital después de que el progenitor, director del matadero, fuera fusilado durante la Guerra Civil. Con el tiempo, Manolo Calvo se convertiría en un maestro de la abstracción geométrica, aunque una parte de su obra es figurativa. En ambos ámbitos, siempre había un trasfondo de compromiso político, especialmente con las luchas de los mineros asturianos durante el franquismo. Y es ése precisamente el enfoque que Feás ha querido dar a esta exposición compuesta por una veintena de obras (lienzos,obra sobre papel, estampaciones) procedentes del legado del artista. La pregunta que abre e ilumina la exposición es: “¿Se puede hacer política con el arte abstracto geométrico?”. En el artículo que sigue a continuación Luis Feás reflexiona sobre la obra y la personalidad de Manuel Calvo y aporta el contexto necesario para disfrutar de esta muestra que lleva por título “Manuel Calvo. Geometría y política (1959-1964)

La exposición que ahora se presenta en la Galería José de la Mano, tercera dedicada a Manuel Calvo, se centra en su geometría política.¿Puede el arte abstracto ser político? Es más: ¿se puede hacer política con el arte abstracto geométrico? La pregunta, compleja, ha de ser respondida afirmativamente en el caso del pintor asturiano, que siempre militó en “el frente objetivo”, en palabras de su amigo el crítico Antonio G. Pericás en el catálogo de su exposición individual en la galería Darro de Madrid en abril de 1961. Es algo con lo que sin duda estará de acuerdo otro amigo del pintor, el fotógrafo mexicano Ricardo Vinós, quien consideraba más recientemente, en 2014, que para el joven Calvo “la geometría fue un arma de resistencia”, de ahí que lo definiera como “geómetra social”.

Manuel Calvo (Oviedo, 1934-Madrid, 2018) ya era abstracto geométrico cuando inauguró su primera exposición individual, celebrada en la Galería Alfil de Madrid en diciembre de 1958. En mayo de 1959 muestra veinte estudios y composiciones espaciales de cinética y dinámica en el Club Universitario de Valencia, presentados por Antonio G. Pericás. En marzo de 1960 es invitado a participar en la importante primera exposición conjunta de arte normativo español organizada por el Grupo Parpalló en el Ateneo de Valencia. Y cuando expone individualmente en la Sala Darro de Madrid al año siguiente, en abril de 1961, con especial dedicatoria al movimiento concreto brasileño, la presentación corre a cargo, además de Pericás, del director de la galería, José María Moreno Galván, los dos principales teóricos españoles de la tendencia, los cuales se detienen en elementos de la obra de Calvo como la espacialidad, la proporción, la extensión o lo que, en la terminología del concretismo, se llama positivo-negativo.

Está claro que, en aquel momento, sus inquietudes eran más formales que políticas, si bien Antonio G. Pericás ya se preguntaba, en el catálogo de la exposición de Darro, si en la España de aquel entonces era posible un arte que expresivamente no se pronuncie. Sobre todo a partir de 1960, en la obra de Calvo empiezan a cobrar protagonismo los círculos, con los se empieza a dar a conocer en París, primero en colectivas como la titulada “36 pintores españoles contemporáneos”, celebrada en la Maison de la Pensée Française en mayo de 1961, y luego de la galería Denise René, considerada el templo del arte geométrico mundial. La galería parisina le incluyó en la colectiva que organizó en noviembre de 1961 bajo el título “Structures: L'art abstrait constructif des pionniers à nos jours”, que se vio en el Städtisches Museum de Leverkusen, y al año siguiente, en noviembre de 1962, en una conjunta con otros tres artistas internacionales, en la que Calvo conoció a Jean Arp y a su segunda mujer, que compró dos cuadros suyos.

Sin solución de continuidad, Denise René presenta allí una exposición individual suya, compuesta por nueve obras. En el catálogo, José María Moreno Galván explica la razón sensitiva de los cuadros con “círculos” de Calvo y trata sobre la dinámica de la forma, entre otros asuntos. Pero lo más llamativo es que no resalta en ningún momento que los nueve cuadros geométricos están titulados con los nombres de las minas asturianas que se habían puesto en huelga ese mismo año: Nicolasa, La Camocha, Venturo, Mieres, Clavelina, Lláscaras, Sotón, Mosquitera y Pumarabule I. Ya Moreno Galván había advertido que Calvo en ningún momento había renunciado a su “insoslayable posibilidad de divergencia”, ni dejado de hacer una pintura personal, que en ciertos ambientes normativos podía ser calificada incluso como “insolidaria”.

MUESTRA DEDICADA A MANUEL CALVO. MUSEO DE BELLAS ARTES DE ASTURIAS

Una imagen de la pasada muestra dedicada a Manuel Calvo en el Museo de Bellas Artes de Asturias. / LUISMA MURIAS / LNE

Era imposible que a Calvo no le apelara lo que estaba sucediendo en la tierra en la que había nacido en 1934 y de la que su familia había tenido que salir tras el fusilamiento de su padre en la Guerra Civil. Los cuadros de 1962 fueron posteriormente subtitulados como “Homenaje a la Güelgona”, que es como se conoció a la huelga de la minería asturiana extendida después por toda España. Comenzó en abril de ese año en el Pozo Nicolasa de Mieres y también fue llamada “huelga del silencio”. Duró dos meses y es considerada como el inicio de la lucha democrática. Las huelgas sirvieron como detonante para el denominado Contubernio de Múnich, en junio de 1962. También para la carta colectiva de apoyo por parte de los intelectuales españoles encabezados por Ramón Menéndez Pidal y Ramón Pérez de Ayala, oriundos de Asturias, a los que pronto se adhirieron otros mexicanos y franceses. Fue incluso portada del diario parisino Le Monde y Chicho Sánchez Ferlosio le dedicó a la huelga su canción “Coplas del tiempo”.

Hay que señalar que el arte geométrico español de los años sesenta, como el pop español, tuvo una vertiente política de la que carecieron sus correspondientes europeos. Esa vertiente política se encarnó sobre todo en los componentes del Equipo 57 y en el crítico Antonio G. Pericás, no sólo en el plano teórico. La “güelgona” de 1962 también fue ampliamente apoyada por los componentes de Estampa Popular, grupo al que Calvo se acababa de adherir. Como a Agustín Ibarrola, se le mostró la contradicción de hacer arte geométrico y no poder intervenir en las situaciones sociales de urgencia y decidió desdoblar su actividad, haciendo simultáneamente experimentalismo y pintura social.

Manolo Calvo dedicó a las huelgas mineras de 1962 varios grabados y al menos una serie completa sobre papel, Huelga, manifestaciones, revolución, hecha en ocasiones con acrílicos, pero sobre todo mediante tintas, xilograbados y linograbados, de los que aquí se muestran algunos y otros se conservan en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. A las jornadas de huelga de 1962 les siguieron otras en 1963 y 1964, siempre en primavera, menos conocidas pero con aún mayor repercusión artística e intelectual.

A la vez que pintaba cuadros sobre tela y cartulina, Manolo Calvo ensayaba otras cosas con tinta china sobre papel, por lo general más figurativas y de contenido social. Pero siguió realizando obras abstractas geométricas, que mostró en mayo de ese mismo año en la colectiva "Esquisse d'un salon", organizada por la galería Denise René de París. Aparecen los círculos fragmentados en aspas e insiste en las obras seriales, que juegan con la continuidad y las repeticiones, y empiezan sus "Roldes", serie en la que las bandas continuas o discontinuas son mordidas por semicírculos, que al encajar recomponen formas completas. Al menos dos de ellos están dedicados a Asturias, a las capitales de las cuencas mineras de los ríos Caudal (Mieres) y Nalón (Sama). La serie se presenta en la colectiva "España Libre", itinerante por Italia entre agosto de 1964 y abril de 1965.

Su compromiso político acabó minando su pintura geométrica, de la que Manuel Calvo llegó a decir que le aburría. Le interesaba después de acabada, pero el proceso de realización le cansaba. Necesitaba algo más rápido y con cierta capacidad de sorpresa, que admitiera la posibilidad del error y se pudiera rectificar en el momento. En 1963 ejecuta sus pinturas "mecánicas", serie abstracta inédita hasta 1984 y recuperada recientemente por José de la Mano, y otras series figurativas como "No a la violencia", con sus torsos, el homenaje al político fusilado Julián Grimau y sus "ferramientas".

A su vuelta de Brasil, todavía participaría con la galería Denise René en la colectiva "Structures et Mouvement", celebrada en febrero de 1966. Durante una cena con ostras en el restaurante La Coupole de París que es historia del arte español, Denise René le dice que en su galería no puede estar un pintor geométrico que hace arte figurativo a la vez, y mucho menos si lo expone, como había hecho en París, Madrid y Bahía. Calvo recoge sus bártulos y se despide, tan amigos. Este gesto, que tanto afectaría a su reconocimiento posterior, supuso el abandono de la geometría por su parte, a la que no volvió durante mucho tiempo. Pero bueno era él para que alguien le dijera lo que tenía que hacer. Ante su asombro, la galerista parisina se lamentó diciendo: “Vous êtes un vrai anarchiste!”.

Tracking Pixel Contents