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Adiós al empresario asturmexicano Juan Antonio García Ramírez que impulsó el Instituto Oviedo en Guanajuato

Promotor y mecenas cultural, legó a Cangas de Onís, su tierra, la escultura del emigrante y el cuadro de Dalmau de la batalla de Covadonga

Juan Antonio García Ramírez, responsable del Instituto Oviedo en León (México), en la Fundación Gustavo Bueno. | JULIÁN RUS

Juan Antonio García Ramírez, responsable del Instituto Oviedo en León (México), en la Fundación Gustavo Bueno. | JULIÁN RUS

Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

Juan Antonio García Ramírez (México D. F., 1957) falleció en la noche del jueves en Oviedo. Empresario mexicano con profundas raíces asturianas, en Cangas de Onís, la región pierde a un gran promotor y mecenas cultural, que impulsó en su tierra de nacimiento el impresionante Instituto Oviedo de León, en el estado de Guanajuato, y que cuidó su legado en la de su padre, con donaciones como la estatua del emigrante de Cangas de Onís o el cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau que conmemora los 1.300 años de la Batalla de Covadonga.

García Ramírez se había afincado en los últimos cuatro años en Oviedo, mientras afrontaba una larga batalla contra el cáncer.

"Asturias y Cangas de Onís pierden mucho con su fallecimiento", dice gente de su entorno. A pesar de ser un hombre discreto, el amor por la tierra de su padre se notó en muchas acciones de apoyo y de promoción cultural.

Su padre, Enrique García, había nacido en Següenco, en Cangas, y se fue emigrado a México a fines de los años veinte, donde fallecería en 1972. Su actividad empresarial, primero en Apizaco y después en León, en el sector del calzado fue muy próspera. Funda las fábricas de cajas de cartón La Covadonga y lleva a México a diferentes familiares de Següenco.

Juan Antonio García Ramírez nació en México, se crió y estudió allí, con una diplomatura en el TEC de Monterrey, en el campus de Querétaro, y otra en Estrategias de Inversión en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Pero mucho antes de eso, siendo un adolescente, la familia le mandó a estudiar un año en el instituto de Cangas de Onís. "Mi padre", rememoraba hace años para LA NUEVA ESPAÑA, "me mandó aquí para ‘aprender a trabajar’. Lo hice en un chigre, el bar Piloña, que ya no existe, y a la vez estudiaba en el Instituto Rey Pelayo".

Dedicado al mundo de la gestión empresarial, uno de sus legados más importantes es el Instituto Oviedo, que en la actualidad tiene mil y pico estudiantes. En ese centro, durante unos años, también impulsó una facultad de Filosofía dedicada a difundir el legado de Gustavo Bueno y con profesorado vinculado a la fundación del padre del materialismo filosófico.

También fue presidente en México del club de fútbol los Dorados de Culiacán. El estado de Sinaloa me planteó le había pedido que les llevara el fútbol profesional, dada la afición que tenía por ese deporte. Fue presidente y accionista minoritario (10%), siendo el principal otro descendiente de asturianos, Eustaquio de Nicolás Gutiérrez. Cuando fundaron los Dorados de Sinaloa llevaron de entrenador a Juan Manuel Lillo, que había sido técnico del Oviedo. Con él fichó a Pep Guardiola para la temporada 2005/2006, que fue la retirada como jugador para el catalán.

En Cangas de Onís, además de una estatua del emigrante que dedicó a su padre, donó el cuadro de Ferrer-Dalmau y lo cedió al museo de Covadonga, siendo una de las obras más importantes de la colección. Deja dos hijas artistas, Gabriela y María José García Rivero. Sus restos serán trasladados a México donde se celebrará el funeral.

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